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La buena fama de San Antonio

La sabiduría agustiana en que se había formado su piedad y en la que afirmaba su fe, esa sabiduría que como un pan doctrinal compartió con los primeros estudiantes franciscanos ilustrándoles el camino incipiente, la sabiduría con que, traducida a lenguaje llano, consolidó el contenido de su predicación eficaz y persuasiva, y junto a ella, la santidad transparente, casi al aire libre, de Antonio de Padua, han hecho de él un santo asequible a todo género de intercesión.

Nunca santo alguno se vio tan acompañado de súplicas devotas, nacidas de situaciones difíciles las más de las veces, comprometedoras siempre de su indiscutible influencia ante Dios.

Santo generoso si los hay, el pueblo le ha correspondido. Ha adornado su memoria de hechos prodigiosos, convirtiendo su mano en arcángel exterminador de entuertos. Más próspero hubiera sido, más serio, estudiar el elenco de virtudes con que doró las aristas del libro de su vida, para seguir después, hasta las cercanías del amor de Dios, el surco que él abriera para sí mismo. Pero creer en San Antonio, en todo caso, es cobrar esperanza cuando la esperanza cede, y ensayar la fe dificultosa que los misterios de Cristo comportan.

Paladín de la fe, en vida combatió desde ella los extravíos teológicos de su tiempo; hoy sigue afirmando creencias desde los acontecimientos maravillosos que se le atribuyen. El himno litúrgico, incluso, con que la Iglesia honra su nombre, y que nosotros reproducimos como escenificado, está concebido desde ese punto de mira con que la gente gusta de ver adornado el santo: «Si es acontecimientos insignes lo que te interesa, contempla cómo ante él se retiran la muerte, la mentira, la desgracia. Se desvanecen las sombras de la malicia y de la enfermedad. El mar olvida las propias normas a que está sujeto. Todos, jóvenes y ancianos, recuperan sus bienes perdidos. Ceden el riesgo y la necesidad. Todo lo cual pueden atestiguarlo quienes lo experimentaron por sí. Que lo digan si no los habitantes de Padua».

Las viñetas que acompañan a esta reseña de su vida, como vitrales catedralicios en miniatura, siguen puntualmente el contenido del himno y son, al propio tiempo, un resumen plástico de los episodios más memorables que prestigian su fama. Su buena fama.

No es tierra estéril, en las manos de Dios, la ceniza de sus santos. ¿Lo olvidamos ya? Nubes de realismo muy racional nos enturbian la fe en ellos, que antes dilapidábamos en demasía. Es la hora del reflujo y las olas tardan en regresar; pero regresarán en punto un día. Y no es que deseemos desandar el camino que está ya recorrido. No es que añoremos tiempos que ya no son. Estamos aquí, plenamente, en nuestro tiempo y aceptamos la hora que nos ha sido dada. Sólo pedimos que no se olvide de qué manera el ejemplar que los santos fueron, puede y debe servirnos de estímulo para acercarnos más y más al umbral de Dios. Sabemos que, a veces, traer el ejemplar circunstanciado en otros días, a la cabecera actual de otras categorías, exige sólo un ligero esfuerzo de traducción vital. El hombre es siempre el mismo en todo tiempo; y la santidad, también.

 

Frases desconocidas para una lectura atenta

«Siempre encontramos excelentes razones para hacer lo que en el fondo deseamos ardientemente llevar a cabo». - André Maurois.

«Nada puede ser preservado y verdaderamente poseído sino bajo el aspecto de la eternidad». - Santayana.

«Una ciudad que nos gusta no es solamente, a Dios gracias, la perpendicular de calles y avenidas que la mirada recorre. Es también lo que otras miradas, antes que la nuestra, han recorrido, y que nos ayudan a volverla a recorrer». - Claude Roy.

«Señor, deja a mi cuerpo la posibilidad de que mi corazón pueda testimoniar todo mi amor por los seres que me has dado». - Charles du Bos.

«En un mundo loco, no sometido a leyes, toda experiencia sería vana». - Roger Martín.

«La naturaleza constituye un vínculo entre los hombres de todos los tiempos». - André Maurois.

«La claridad es la buena fe del filósofo». - Vauvenargues.

«Hacer, Señor, que todo cuanto deba hacer me interese». - Paul Valéry.

«No es seguro todavía que la salvación del hombre no se encuentre también en la mesura». - Anatole France.

«Desgraciadamente para Poncio Pilatos, hay cosas en que la verdad es muy sencilla». - Alain.

«Todo poder es más prudente cuanto se siente juzgado». - Alain.

«Nunca debe hacerse hablar a los muertos para halagar las pasiones de los vivos». - André Maurois.

«Mientras caminamos por la tierra, no hay hombre en que no haya algo bueno y en cuyo corazón no puede esconderse ya la chispa del ansia de Dios». - Karl Rahner.