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Ataque a la enseñanza privadaEn las Primeras jornadas de Estudios sobre la Enseñanza (Madrid), convocadas por el Colegio de Doctores y Licenciados, la mesa rectora evitó la discusión de otros temas relativos a ponencias presentadas que no fueran, sobre todo, la implantación de la llamada «escuela pública». «La "escuela pública" propuesta por la ponencia del Colegio -dice "Blanco y Negro"-, por su carácter laico, suprime la formación religiosa de los colegios e introduce el pluralismo ideológico en cada centro en nombre de la libertad del profesorado, que tiene derecho, según esta tesis, a exponer cualquier ideología a los alumnos para que éstos, en edades que van desde los cuatro a los dieciséis años, opten por la que crean más conveniente.» Más de uno pensará ya que el lobo de Caperucita no ha inventado aún otro disfraz que el clásico de la piel de oveja: prohibida la religión, libertad de enseñanza política, abolición de libertad de enseñanza, olvido intencionado del derecho de los padres a elegirla libremente... «El tipo de "escuela pública" propuesto por el Colegio de Doctores y Licenciados como única vía de solución para resolver el futuro de la enseñanza, está en contraposición a la "libertad de enseñanza", porque niega a la iniciativa privada toda posibilidad y ahoga de raíz el derecho de los padres, reconocido en todos los ordenamientos jurídicos del mundo.» ("B. y N.".) ¿Dónde está, entonces, esa defensa de los derechos humanos de que tanto alardean grupos insertos en el contexto ideológico que bien se advierte en el propósito de una enseñanza sin libertad? No es novedad que la enseñanza de la religión es un estorbo manifiesto para cuantos pretendan derramar semillas de materialismo y negación de la fe. Semejante proyecto de «escuela pública» resulta sospechoso y ataca la mente de la Iglesia, repetidamente defendida por sus prelados. Se habla mucho de paz y concordia, pero hay una constante guerra fría que no se detiene sólo en inquietar; trata de lograr bases cada vez más cercanas de intentos de polarizar la cultura y la opinión. No se busca libertar al hombre, sino de cercarle con propagandas halagüeñas hasta enajenar su voluntad. Y es nuestro deber defendernos.
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