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La alegría de los padres y la BibliaNadie se complace tanto en las habilidades y gracias naturales de un hijo como sus padres. Pocas satisfacciones hay como la de contemplar cómo prospera y cobra consistencia aquella debilidad hecha niño que tropezaba y caía peligrosamente con tanta insistencia que se podía romper, frágil como una vasija. Si además el hijo crece en sabiduría y su mente desarrolla las posibilidades que hacen del hombre un ser particularmente cuidado por Dios, el hijo, entonces, es como el baremo que mejor mide la alegría de sentirse más cumplidamente padre. ¿Lo consideran alguna vez los hijos? ¿Se detienen a reflexionar de qué fácil modo pueden constituirse en premio y calificación constante del amor que los hizo posibles? La independencia que libera de tantas cosas hoy al joven, para bien y para mal, ha interpuesto un mayor despego, incluso afectivo, entre padres e hijos. Hoy el padre es más padre y el hijo menos hijo. Los hijos siempre fueron algo preocupante y costoso. No es novedad. Y no estaría de más que nuestros alumnos, muy en la hora de hoy, pagasen un poco de lo mucho que deben a sus padres, alegrándoles al menos la vida. Bien podrían convertirse así en apóstoles de la alegría del hogar para el que nacieron. «El hijo sabio es la gloria de su padre.» («Proverbios», 10,1.) Escultor del espírituFr. Claudio Granzotto es escultor y es franciscano. La tradición artística en Italia es y seguirá siendo incitación al acrecentamiento de la cultura desde ese caudal de riqueza con que nos complacemos en considerar una de las manifestaciones más espirituales del bien hacer.
San Antonio (detalle) Cuando la técnica, vaca sagrada de nuestro tiempo, se antepone, por consideraciones de tipo económico, a cualquier otra actividad de la capacidad humana, es alentador el impulso creciente que vienen cobrando las realizaciones estéticas de todo tipo. Si bien no nos llevamos a engaño, porque sabemos que el incremento de artistas, galerías de arte y la subida cotización de la obra maestra en subastas de cada día, vienen ndicionados también por la seguridad de que la adquisición de tales obras se ha convertido en económica inversión de muy alta rentabilidad. No se adquieren por el disfrute estético que puedan proporcionar; se adquieren como una forma más de moneda en flotación siempre en alza, al punto que hay quienes ni exhiben las obras que poseen: aguardan simplemente el momento justo en que resulta más pingüe su puesta en venta.
Fr. Claudio Granzotto es un escultor que vive ajeno al mundo interesado de la especulación. Busca sólo en la materia moldeable una forma expresiva que patentice el matiz artístico de sus creencias y sentimientos religiosos. Sus imágenes de Cristo yacente son serenas, nimbadas de blanca espiritualidad. Son líneas claras, sencillas, sin extravíos geniales, las suyas. En cambio, hay una densidad de sentido en la emotividad que las crea. ¡Difícil empresa materializar el espíritu en formas concretas para, en definitiva, espiritualizar la materia por llevarse consigo la expresión de sentimientos y misterios cristianos. Por eso, fray Claudio aligera la materia con que trabaja hasta desposeerla de gravedad, hasta transfigurarla en comunicación piadosa aparentemente fácil. Ha tratado, por ese camino, de transparentar el rostro del alma, el estado de gracia de la bondad cristiana, en gestos, actitudes y facciones de gran espiritualidad; de sugerir lo que el ojo no puede percibir, pero sí adivinar.
Cristo yacente Granzotto no reproduce cosas o personas que sus sentidos tocan; es solamente un escultor del espíritu, eso tan sutil que se nos escapa cuando lo pretendemos aprisionar. Nota del webmaster. Al transcribir esta página hemos añadido dos datos más sobre el escultar y otras muestras de su escultura.
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