Portada > Del Colegio > Curso 1973-74/nº 71
Editorial
Me
cabe el honor, sin falsas humildades ni frases redichas, de representar
al Colegio de San Antonio en sus Bodas de Oro. Afincado en este nuevo
Centro de Enseñanza desde mis primeros pasos en la labor de educador
tras la formación recibida en la Universidad, ha llegado a constituirse
como algo inherente a mí, algo que entra en mi vida y forma parte
de ella. De ahí el motivo de gozo personal en esta celebración
de los muchos años acumulados, cincuenta, de la fundación
de nuestro Colegio. Y recalco el «nuestro» porque el Colegio
es de todos. Es la noble casa solariega que la han levantado diversas
generaciones en unión de unas mismas ilusiones y esperanzas. Cincuenta
años representan la garantía de nuestra clase. Es mucha
historia en el sector de la Educación de los jóvenes, mucho
afán, trabajo y sacrificio como para no quedar mudos ante tal acontecimiento.
Historia menuda que se hace Historia grande, de mayor de edad, de madurez
por el espaldarazo del tiempo e Historia de Oro acrisolada en el común
quehacer de alumnos y profesores aunados en unos mismos medios y fines.
Como toda historia, la nuestra tiene una fecha, comienza un día, el 12 de noviembre de 1923, con más de un centenar de alumnos y seis franciscanos. Meses más tarde viene el refrendo oficial del Colegio recién nacido. Es un documento dormido en un parco archivo, pero documento elocuente que vocea nuestra ranciedad de rango. Lo testimonia el secretario general de la Universidad de Valencia el 20 de octubre de 1939. Quiero transcribirlo porque está en los fundamentos de nuestra Casa de origen, como si fuese el documento que se encierra en la primera piedra fundacional. «CERTIFICO: que según aparece en los documentos del archivo a mi cargo, el Colegio de San Antonio de Padua de Carcagente, se halla autorizado como institución privada dedicada a la primera enseñanza desde el día trece de mayo de mil novecientos veinticuatro, hallándose registrado al folio ...» Era la antorcha generacional que de nuevo prendía en luz y calor la inteligencia y el corazón de la comunidad colegial, el eslabón que nos unía a los primeros educadores allá por el siglo XVIII.
Con legítimo orgullo hemos celebrado las Bodas de Oro de esta última etapa de nuestro Colegio. Hemos mirado al pasado, unos con melancolía y añoranza, otros con ternura y cariño, los más con respeto y admiración y nosotros con tesón de futuro.
Si «desgraciado» es, en palabras de Unamuno, quien tenga tapados los ojos y oídos para volverlos hacia el ayer, más digno de lástima sería el que fuese ciego hacia el camino que queda por andar. Nuestro propósito es recoger el reto de la época actual y construir el porvenir enlazados a la juventud en comunidad de esperanzas por conquistas mejores.
Sólo me resta la acción de gracias a todos -profesores y alumnos que a través del tiempo han hecho posible nuestro presente. ¡GRACIAS!
P. JOSE LUIS G. RODRIGO
Rector
