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Las últimas tendencias de la música, reflejo de la década de los 70
Se habla actualmente de que la revolución «rock» está en decadencia, de que la música ha abandonado las fuentes primitivas del «rythmand blues» para refugiarse en unas tendencias barrocas puramente clásicas. Pero ¿hasta qué punto puede hablarse de decadencia?
La década de los años 60 no fue más que un llevar a buen fin las interesantes innovaciones sociológicas que el «rock and roll» de los años 50 había apuntado. Comenzaron a surgir grandes grupos, como The Who o Rolling Stones, que partiendo de bases más o menos diferentes se erigieron en líderes de un movimiento juvenil extraordinariamente revulsivo. En pocos años iba a tomar carta de presentación la revolución más radical de la historia. La juventud iba a pasar de ser una «enfermedad que se cura con los años», a constituirse en «fuerza presente» que desde entonces ningún sociólogo podrá ignorar.
Los Beatles fueron algo distinto. Ellos llevaron la revolución a los salones ; la adoptaron para que una sociedad quizá nadando en prejuicios la aceptara en gran parte. Ellos crearon la «moda» (si es que se puede llamar así; sobre esto habría mucho que hablar) del pelo largo. Y sin embargo, los Beatles son la antítesis de los Rolling Stones ; aquellos representan a los «hijos de papá» mientras que los Stones son el portavoz de una juventud rechazada, marginada. Y bajo las directrices de estos dos grupos caminaron todos los restantes conjuntos de la década de los 60; y también el público.
A partir de 1968 comienzan a aparecer una serie de bandas que, partiendo de un «rock» puro, incorporan a él elementos foráneos, como puede ser el «folk», el «blues», música oriental, mucho más libre de cánones y mucho más perfecta que el «rock». Era el comienzo de la evolución. A este tipo de música llamada progresiva o «underground» llevarían innumerables aportaciones los grandes grupos hippies de la Costa Peste : Jefferson Airplane, Gratefull Dead, Fugs, etcétera. Y a partir de este momento la evolución musical sería vertiginosa.
Al enfilar el 1970 surge la música intimista o acústico vocal, la más auténtica antítesis del «rock»: sencillez, melodía, bucolismo. Era un paso más que llevaría a la cumbre.
Y la cumbre se llama Emerson, Lake and Palmer, un grupo nacido en 1970 con componentes de otras grandes bandas inglesas. Y su primera obra marcaría ya el estilo que iban a desarrollar en ¡os años siguientes; en su primer LP igual se puede escuchar una canción de siete minutos tocada totalmente a piano con pretensiones netamente clásicas, como una canción desarrollada por la guitarra acústica. Algo verdaderamente innovador. (Creo que los que juzgan ligeramente la música actual deberían escuchar todos los LP de este grupo. Quizá confundieran el piano de Emerson con el de Iturbi.) Las restantes obras de E. L. and P. van a confirmarles como el grupo más sólido de la música moderna. (Más adelante demostrarían de nuevo su extraordinario valer con una adaptación de «Cuadros para una exposición», del compositor ruso Modesto Mussorgski, grabada en directo desde el Carneting Holl de Newcastle.)
La música de hoy es puramente clásica. El «rock» puro sigue estando representado por buenos grupos, pero todos en general caminan hacia un clasicismo que no excluye, sin embargo, aportaciones «rock». Y aquí surge la polémica: los puristas del «rock» arremeten contra este tipo de música acusando de desvirtualizar la revolución por ellos iniciada, y de ofrecer un producto híbrido rock-clásica. Sin embargo, no advierten que los tiempos cambian: un joven de hoy no puede identificarse con otro de diez años atrás. Los objetivos que perseguía la revolución «rock» han sido conseguidos en su totalidad. En consecuencia, los músicos actuales (todos ellos formados en Conservatorio) se vuelcan más sobre la música en sí que sobre la repercusión sociológica que pueda llevar consigo. Se acabaron los grandes escándalos escénicos, las letras llenas de inquietud social (incluso un Bob Dylan, poeta consumado con varios libros publicados, está fuera de lugar hoy); ya no hay guerra de Vietnam contra la que elevar protestas. No quiere decir esto que todo se haya solucionado; simplemente o bien la sociedad ha dulcificado el radicalismo del «rock» o bien la revolución «rock», habiendo creado toda una manera de vivir personalísima, intenta ahora perfeccionar lo que ha sido su vehículo más importante: la música.
¿Quién hubiera pensado hace diez años en un músico como Rick Wakerman, con todos los cursos de piano y de composición a su espalda? Seguramente le hubieran tachado de burgués y retrógrado. Y hoy es el músico más prestigioso de Inglaterra gracias a su obra «Las seis esposas de Enrique VIII», donde a uno le da la impresión de estar escuchando a Bach o Haendel.
Todo ha de verse bajo el prisma de evolución. El «rock» no podía quedar estancado en sus propias limitaciones : no sólo hubiera desaparecido el espíritu revolucionario, sino también su aspecto musical. Así hoy se puede hablar de decadencia de la revolución «rock», pero junto a ella ha de colocarse el auge extraordinario de la música. Hoy, en 1974, la Orquesta Sinfónica de Londres no tiene reparos en colocarse junto a un grupo como Deep Parple para ofrecer juntos a un público más pacífico, menos radical, el «Concierto para grupo y orquesta», de John Lord.
¿Servirá esto para abrir los ojos a los mayores de que en realidad la música moderna no es un pasatiempo, de que hay algo más que Diablos, Julios Iglesias, Perets, Mocedades y demás?
SALVADOR CALATAYUD

