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Los jóvenes y Dios

Popularizar la liturgia ha constituido en nuestra época un hecho saliente que los más alientan y acongoja a no pocos.

En general, lo nuevo suele concitar fervorosas adhesiones y reproches violentos, sobre todo cuando conlleva cambios de actitud que se nos imponen sin remedio.

El joven es amante de lo nuevo porque él mismo es novedad y estreno de vida. Ni se detiene a enjuiciar las bondades o inconvenientes de lo nuevo; para él lo nuevo es bueno por sí mismo. El joven no es conservador.

Por otra parte, la juventud cuenta con medios expresivos propios, muy distintos a los que convienen a la gravedad del hombre adulto, pero no por eso menos aceptos a Dios. En definitiva, es el corazón el que reza y el corazón el que canta. Y el corazón es siempre grande en los jóvenes.

La televisión los niños

La televisión es un medio de comunicación que, por la superior eficacia expositiva de la-imagén y la masiva asistencia a sus programas del usuario, suscita el interés de sociólogos y alarma a los responsables de la pedagogía.

Especialistas en la enseñanza han alzado la voz para proclamar los peligros a que puede estar abocado el niño que ve televisión con asiduidad, y se suele señalar como muy pernicioso el miedo provocado en ellos por determinadas escenas truculentas, miedo que les inquieta luego largamente al momento de descansar, rompiendo el necesario equilibrio con que el niño ha de desenvolverse de por vida.

Anotan en segundo lugar la tendencia del niño a reproducir con toda la fidelidad posible situaciones que ha contemplado con embeleso y que toma por modelos de dinamismo, situaciones que pueden constituir riesgo y peligrosidad.

Y lo más grave: la identificación del niño con sus héroes televisivos, al punto que vive el relato como si él mismo fuera el protagonista de la acción. Se alega que ello desvía la agresividad natural del joven, ¡pero a qué precio! El muchacho se ejercita así en no acatar la vida tal cual es, en no actuar, en imaginar que actúa; su ideal no está puesto en la necesaria acción, tan imprescindible en su vida como su propia infancia, sino en el ensueño, que es el mito de la vida. No ordena sus actos de un modo espontáneo hacia la realización de su existencia en ciernes. Más bien se inhibe ; colmadas sus apetencias en la órbita evasiva de su fantasía, no sentirá ilusión alguna por realizarse en la esfera de la existencia, más substancial, del mundo que nos rodea. El ensueño puede constituir así una droga sicológica altamente perjudicial.

Palabra de Dios

La Biblia es un venero de espiritual vitalidad para quienes saben acudir a ella con pronta oportunidad.

Para facilitarte su empleo en momentos concretos, te ofrecemos aquí un guión, incompleto, pero suficiente, de citas seleccionadas muy útiles en otros tantos estados de ánimo o interior necesidad. En todos ellos la palabra de Dios puede servirte de eficaz cauterio.

Si accedes a hacer la prueba, piensa mientras lees que es Dios mismo quien está junto a ti hablándote muy quedo y hondo. Y escucha.