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Tres años de Ley de Educación

Nunca las posturas extremas conducen a;"soluciones óptimas, ni siquiera correctas, en ningún género de problemática. A los tres años, ahora, de decretarse la Ley de Educación, es momento adecuado para repasar el camino andado y ajustar criterios. Por la equilibrada ponderación con que los editorialistas de «YA» han comentado el aniversario en cuestión, hemos creído de sumo interés insertar en nuestras páginas el texto íntegro en que el 31 de julio pasado afirmaba su esperanza en la efectividad y equilibrio de la puesta a punto de dicha Ley.

El buen tono, el respeto y la dignidad con que procede el editorialista de "Ya" bien merece tan larga y bien ponderada cita.

El 4 de agosto cumple tres años la vigente Ley General de Educación. Dentro del panorama legislativo de los últimos diez años esta Ley se yergue como cima alta definidora de uno de los empeños más decisivos de la actual hora española. Orientada esencialmente a promover y canalizar el desarrollo cultural del país, la Ley General de Educación responde a una necesidad objetiva, general, acuciante, cuya satisfacción es hoy posible en medida desconocida hasta ahora por la sociedad española.

Ya en su misma expresión definidora, como Ley de Educación, se apunta a una realidad profunda que debemos subrayar con elogio. El legislador busca la educación, no sólo la enseñanza, por ser aquélla un concepto más amplio que ésta. La Ley pretende, en efecto, la formación humana completa, el desarrollo armonioso de la personalidad integral, el ejercicio responsable de la libertad. En una palabra, la Ley quiere regular la educación como instrumento adecuado para introducir al educando en la escuela de la ciudadanía y de la convivencia en todas sus esferas y niveles. La función cada día más importante que al ciudadano corresponde dentro de la sociedad como protagonista de la participación social a que está hoy llamado, prueba la importancia de esta finalidad última de la Ley General de Educación.

Otro mérito del cuerpo legal, que comentamos, en su generalidad, entendida en el sentido de abarcar dentro de sí las tres etapas o ciclos de la enseñanza : la educación general básica, el Bachillerato unificado polivalente, la formación profesional escalonada y el nivel superior o universitario. Buena parte de las dificultades en que tropieza la aplicación de la Ley proviene de esta estructura integral. Pero es obligado añadir que esa integración legislativamente unificadora, aunque en modo alguno uniformista, constituye elemento básico del acierto que inspiró la reforma educativa.

Debemos subrayar una tercera característica positiva de la Ley General de Educación : su apertura. La exposición de motivos del texto apunta con la sobriedad incisiva de una obertura, las líneas capitales de este sentido abierto. Viene dada la primera de estas líneas por la claridad meridiana con que se proclamó el afán de convergencia, al margen de todo recelo anacrónico, entre la acción propia del Estado y el esfuerzo leal de la libre iniciativa de la sociedad en el arduo y benemérito campo de la enseñanza. Se da también apertura en la aceptación que se hace de cuantas reformas y acomodaciones haya que introducir en la aplicación de la Ley, a la vista de las lecciones que la experiencia imponga. Por ello se ha querido con acierto restringir la dosis de juridicidad en sentido estricto, dando a los preceptos generales un margen de flexibilidad desacostumbrado en la regulación jurídica de otras materias menos delicadas. La apertura deriva finalmente hacia el reconocimiento de otros factores educacionales de no leve importancia, como son, a título de ejemplo, la autonomía de los centros en la aplicación de algunos preceptos, la incorporación de las peculiaridades regionales y el espíritu de comprensión y cooperación supranacional.

No en el texto de la Ley, pero sí en su desarrollo aplicativo, tal como ha ido produciéndose, pueden advertirse algunos fallos, sobre los que debe llamarse la atención en este tercer comentario.

En primer lugar, se ha querido reformar el estado de la enseñanza con ciertas dosis de prisa, con insuficiencia de medios, con más ambiciones que posibilidades reales de acierto. Se ha pretendido abarcar mucho en poco tiempo, con evidente desconcierto y deterioros graves. El anuncio de la gratuidad escalonada ha tropezado con las demás aristas de la realidad económica.

Por otra parte, la reforma de las estructuras no puede hacerse de la noche a la mañana. Es necesario un proceso previo de mentalización que permita derrumbar paulatina, pero eficazmente, los muros encrespados de los intereses particulares o de las posiciones de privilegio periclitadas. La reforma de la educación tiene que proceder con mucho tino, no escaso sosiego, paciencia fuera de serie, aunque al mismo tiempo con firme energía y decidido propósito de acabar con las estructuras anticuadas y, por lo mismo, obstaculizadoras.

Ha tropezado la aplicación de la Ley con el escollo, tradicional entre nosotros, de ciertas tendencias estatificadoras que pretenden interferirse en el desarrollo de la norma legal. El estímulo y el fomento de la iniciativa privada están consagrados, como hemos dicho, por la Ley. Pero a nivel inferior se han ido creando trabas o poniendo exigencias que corren el peligro de reducir a la nada esa acción acertada de fomento. Por fortuna, se ha visto el riesgo y abrigamos confianza de que ese peligroso camino de la estatificación quedará pronto y definitivamente abandonado.

Un nuevo equipo ministerial dirige ahora las tareas de ejecución de la Ley General que comentamos. El llevar adelante la reforma de la educación constituye una exigencia nacional perentoria, acentuada por las posibilidades inéditas hasta ahora que ofrece el actual desarrollo del país. Pero creemos que no estaría de más un período de calma para consolidar el camino recorrido, para desandar algunos pasos y para asegurar que las finalidades de la Ley puedan irse realizando, paso a paso, con firmeza y sin prisas, o, lo que es lo mismo, con reflexión y sin improvisaciones.

San José de Calasanz
DIA DEL MAESTRO

El Día del Maestro es el día de los niños. Maestros y alumnos se aúnan en común propósito y alegría por recordar al modelo que marcó la pauta justa del educador cristiano. El festejo en semejante ocasión se atiene a un nutrido programa de actos en que, de un modo o de otro, la participación es total.

El Padre José Martínez Bonavida, director de E. G. B., se dirige a la concurrencia de padres de alumnos en su mayoría, agradeciendo la necesaria colaboración en las tareas de la enseñanza y la asistencia al acto.