Portada > Del Colegio > Curso 1972-73

Como los ríos

I

Si a cierto fenómeno fosforescente, por parecer sólo fuego y no serlo, se le ha llamado, ya para siempre, fatuo, mucho me temo que el cerco de realidades que nos rodea esté lleno de «fatuidades» análogas a las del fósforo sepulcral.

Así, por ejemplo, a la tarea estudiantil programada en torno al horizonte curvo del año, se la compara con el movimiento largo de las aguas del río, y se le llama «curso» por ello. Cuando el caudal del curso escolar arremete contra los cantiles del nuevo año, surge de improviso algo que jamás un río lograría allanar : una pendiente, un mes cuesta arriba, el de enero.

Y yo pienso de nuevo en el fuego fatuo. No es fuego consistente y verdadero. Se toca y no es nada. Un efluvio en olor de camposanto.

Sin embargo, cuando el lenguaje habitual sustituye con metáforas gramaticalizadas las realidades más corrientes, existe el peligro de temer como fuego al fósforo y afrontar como cuesta difícil algo tan inocente y tan poco geográfico como el mes de enero.

Para enero saldrán estas páginas, justo cuando, quemadas las alegrías villancicas de la Navidad, estéis dando de nuevo la cara a los libros. Posiblemente nos crucemos en la puerta. Una sonrisa, por favor, como luz de cruce. Pero que conste que no hay cuestas ni cambios de rasante en el curso escolar. Hay, si acaso, unos libros que han descansado demasiado y la urgencia de nuevos esfuerzos para reanudar con eficacia el estudio.

II

Cuando hace unos años esta Revista amanecía al filo de los meses de noviembre y diciembre, llevaba en algún rincón de sus páginas salutaciones navideñas y olía un poco a pino luminoso recién cortado. Ha desmerecido su olor.

No son, con todo, unas fechas u otras las que dan carácter a una publicación semestral que tiene, por tanto, amplia acera por la que andar. Es su pulso íntimo lo que indica el grado de vitalidad de que goza o no. Y esto es lo que quisiera yo tomarle : el pulso.

¿No habrá, entre sus lectores, quienes han pensado ya qué le falta o qué le sobra en el camino de perfección que debe recorrer toda obra humana? Mucho agradeceríamos la oportuna sugerencia, la sabia indicación constructiva. Las revistas, como los ríos, tienen dos orillas : la del que escribe, solitaria y dudosa, y la del lector, más poblada de criterios, en todo caso distinta y a veces lejana. Cartas o diálogo podrían tender el puente bienhechor. En este sentido, la Revista abre sus páginas, como brazos, a la espera del criterio ajeno.

III


Las cosas que el hombre elabora con cuidado, suelen alcanzar ese hermoso atributo de la duración que ni el mismo hombre posee. Y, no obstante, el hombre se gloría de que las cosas duren. Celebra que los buenos caldos logren soleras tan añejas como la misma historia; que un monasterio nieve polvo en archivos centenarios ; o que una momia nos salude de pronto, desde una excavación, con una mano vendada hace dos mil años.

Apuntalamos ruinas, ponemos en pie castillos extenuados, despertamos viejos lienzos entumecidos de abandono. Lo antiguo nos seduce porque la vida es efímera.

Y ahora ocurre que el Colegio, como si tal cosa, ha cumplido ya medio siglo de historia. Largo camino para un colegio. Esta especie de entidades, en camino de extinción, como otras especies naturales, no caben en museos de antigüedad, como los buenos brandíes, como unas hachas prehistóricas. Los museos son la eternidad artificial que el hombre ha inventado para sus obras maestras.

Hay que darse prisa en celebrar el medio siglo, no sea que la historia se les esté acabando a los colegios y nosotros no lo sepamos. Hasta los ríos más largos -otra vez los ríos -, acaban un día por dar con la desembocadura. De todos modos, pretendemos rodear de sana alegría el acontecimiento, ya que, en el mejor de los casos, las conmemoraciones retrospectivas, quieras que no, llevan siempre en lo hondo su carga de recuerdo y añoranza.