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Colmenas de juventud

La editorial es, con mucho, la página con que la Revista testimonia su más personal y característico modo de pensar. Ocupa por ello lugar destacado y procura para su contenido altura de miras y claridad de expresión. Portavoz de un centro católico, enhebramos en ella nuestros ideales cristianos, inquietudes por un mundo que busca a tentones y no sabe el camino que conduce a la paz, preocupaciones por una juventud sana con afanes constructivos de una sociedad más perfecta, deseos de que las reformas educativas que conmueven planes más o menos viejos en varios países, no hagan pie en arenas movedizas de precipitación, etc.

La editorial de hoy cede su micro a la voz del Papa, quien con ocasión de la inauguración de nuevo curso, dirigía su palabra el 7 de octubre, desde el balcón en que reza el Angelus, a los oyentes congregados ante la Basílica vaticana.

«La estación reclama nuestra atención a la reanudación de la actividad escolar y despierta nuestro interés hacia ese gran fenómeno humano y social que es la escuela. Os invitamos a todos vosotros, hijos queridísimos, a enviar a todas nuestras escuelas, bajo las de esta nuestra oración festiva, un saludo, un augurio a todas estas colmenas de juventud, a estas palestras de estudio y de formación, a estos viveros de la sociedad de mañana. No queremos entretenernos en las polémicas que ahora surgen en torno al problema escolar, sino solamente observar y admirar por sí misma a la institución «escuela», orientada a la formación cultural y moral de la juventud.

»También Nos estamos directa y amorosamente obligados en virtud de nuestra misión, y, por ello, deseamos que nuestras escuelas católicas, expresión de libertad civil, de intensidad pedagógica, de concepto cristiano de la vida, sepan cuánto son estimadas por la Iglesia de Dios y cuánto Nos las alentamos y bendecimos.

»Pero nuestra simpatía se dirige con no menor atención a toda escuela digna de este nombre. Nos, miramos con extraordinario interés el desarrollo que la escuela va adquiriendo en la sociedad contemporánea, y observamos con gran esperanza la convergencia, en armoniosa colaboración de los factores de los que debe constar la escuela : "la familia", que vuelve a tomar conciencia de la prioridad de sus deberes y de sus derechos hacia el organismo, a saber : la escuela, la que delega la realización, en su nombre, de la instrucción y de la educación de sus propios hijos; "los profesores", que asumen la incomparable tarea de abrir a la emancipación personal, al saber, a la palabra, a la verdad, al deber, las inteligencias de los alumnos ; y, finalmente, "los escolares y los estudiantes", tercer factor, también muy activo, es decir, los jóvenes, los cuales, al tiempo que experimentan la fatiga del estudio, deben pregustar todavía más la alegría del pensamiento, de la amistad, de toda la comunidad.

»¡Qué suerte, qué adelanto, si estos tres factores integrantes consiguen con fervor, con orden e interés, construir juntos la escuela moderna!

»A ella le enviamos nuestro saludo lleno de buenos auspicios, en el nombre del Sumo Maestro de vida, Cristo, Señor. Que María, trono de la sabiduría, convierta en realidad nuestros deseos.»