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Carta a un niño en vacaciones
El Colegio ha quedado vacío. El Colegio tiene ahora algo de ese aire muerto que cae obscuramente sobre los pueblecitos castellanos que la emigración abandona. En tus vacaciones tropezarás con alguno de ellos y te dará tristeza.
El verano, para el Colegio, es la obligada etapa silenciosa en que las aulas quedan en barbecho. Y es que la vida del campo y la vida escolar tienen en común mucho de sus respectivos cultivos.
¿Hacia qué parte de la geografía llevas este año tu cupo personal de vitalidad y algarabía? ¿Hacia la montaña? ¿Hacia el mar? Junto al agua o junto a la roca, no te olvides del todo de aquellas cosas que deben constituir tu equipaje estival : ejercicio saludable, colecciones, aprendizaje observador de la naturaleza, pequeñas obligaciones de niño. Y derechos. También derechos.
Recuerda aquel canon del «Fuero del niño» que os traía la Revista en el verano del 68: «Un derecho fundamental es el de tener amigos. Muchos, cuantos más mejor. Unos parecidos a ti y otros diferentes. Pero con todos, buen compañero, leal y generoso. Juntos formaréis un estupendo grupo».
Tiene que ser así. Por babo los cielos del verano, los niños, como las golondrinas, no viajan nunca solos. Podría decirse esto mismo de otro modo : hay que compartir el verano. Pero compartirlo del todo. Porque no están sólo los amigos. Están los pájaros, las fuentes, los pinos, tus papás, tus hermanitos pequeños que necesitan de ti como tú del verano. Y también está Dios.
TU PROFESOR
