| Llegado el período
litúrgico de la Navidad, es costumbre en nuestro Colegio celebrar
certámenes literarios que ayuden a recrear, en el ámbito
interior del niño, el ambiente propicio que las festividades navideñas
deben inducir en todo buen cristiano.
La Asociación Católica de Padres de Familia es la entidad
que viene incluyendo, en el programa de sus actividades, el patrocinio
de este certamen anual, para cuya promoción invierte incluso una
cierta suma de dinero en premios.
Hay, pues, un doble objetivo muy loable en este intento: avivar en el
niño los nobles sentímientos de la Navidad cristiana, al
propio tiempo que se impulsa su posible vocación literaria.
La Revista se complace en contribuir de algún modo a este plausible
menester, para lo cual ya en anteriores ediciones dio a conocer algunas
muestras de los trabajos literarios premiados.
Las páginas que siguen, y que incluimos en el apartado de «los
alumnos escriben», son una selección de las presentadas al
Certamen por nuestros muchachos.
Romance
por Salvador Sanz, 3ºB
Una estrella se ha caído
hacia el portal de Belén,
donde María ha tenido
al que será nuestro Rey.
Los ángeles les escuchan
a María y San José:
-El Niño quiere jugar
con los ángeles también.
Pastores que van a verlo
le traen tarros de miel,
se maravillan de pronto
al ver la luz de su sien.
A la mañana siguiente
tres Magos van a Belén
llevan oro, incienso y mirra
al Príncipe de la Ley.
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El bucolismo en la Navidad
por Electo Galán
6º C
Cuando se acerca la Navidad nos envuelve un calor de bondad que quizá
dimane de la cuna del Niño Jesús que nos anuncia ya su venida.
Cuando vino al mundo Jesús se encarnó en la clase más
humilde. Busca su lugar en el ámbito de la vida del campo, en la
mayor pureza de este ambiente, donde puede respirarse la paz y la quietud
nos acerca a Dios.
Ya en la milenaria Roma, Horacio nos canta esa virtud campestre cuyos
símbolos más palpables son los pastores. Y es que desde
siempre los poetas han cantado la vida rural, en la cual la naturaleza
y el hombre se encuentran y se unen en un todo armonioso. Es en el campo
donde el espíritu reposa «lejos del mundanal ruido»
y de la corrupción ciudadana; es en el campo donde los sentimientos
individuales quedan marginados, porque nos sentimos como absorbidos por
su contorno.
***
En esa bella escena del Nacimiento de Jesús nos encontramos ante
una estampa viva de la vida bucólica.
El establo, ese establo medio cueva y medio pesebre, que en los «belenes»
de las casas ocupa el círculo principal, ese establo se ha transformado
en el tiempo y en las mentes hasta negarnos la realidad. Pero aún
en él, los pastores, gente sencilla, son los primeros que acuden
a la llamada de Dios, a los que los ángeles les desean la paz.
No son los reyes los primeros en saber la «buena nueva».
Llevan al Niño sus presentes, tributo de la naturaleza que ellos
cuidan y aman: la leche, la miel, queso... Productos a los que ellos consagran
todo su trabajo. Jesús, presente del Padre a los hombres, les había
dado buen ejemplo: vino al seno de la vida pastoril («Yo soy el
buen pastor que cuida sus ovejas») con la única riqueza de
su alma y su ejemplo de bondad.
***
El campo donde desde siempre residía la virtud cristiana, ese
campo santificado por Jesús, se nos va, desaparece.
Los hombres, en alas de la técnica, hasta transforman la alegre
flor en delicado tarro de artificial perfume, la manzana tentadora en
frasco de conservas, y el aire, ese aire puro que caracteriza al ambiente
rural, en un retorcido olor a humo.
El campo pierde su verdadero olor a sempiterna Navidad.
Navidad en el campo
I
por Fernando Albalat Sanmartín
El campo es el contorno de la Navidad.
En el campo encontramos la paz y la tranquilidad deseada huyendo del
suburbio ciudadano.
El murmurar del viento en los árboles, el cantar de los pájaro
el temblar del arroyo ya temeroso en su nacimiento de ser absorbido por
el mar, el cerco de las montañas como castillos que crecen del
suelo como queriendo conquistar el azul del cielo, la siempre grata presencia
de las flores, todo es poco para enumerar la total hermosura y placidez
del campo.
Un lago de lana aparece en la lejanía derramándose por
los caminos y conducido por estos hombres rudos, fuertes, de gran corazón,
que viven en el campo y al propio tiempo cuidan de como un padre cuida
a sus hijos, por ser el campo su pan de cada día.
Al mediodía sacan su zurrón de lustrosa piel y se ponen
a reponer fuerzas.
Al empezar la agonía del sol recogen sus ovejas y se retiran
a descansar.
II
La noche fría del 24 de diciembre asomaba ya sobre la ciudad
de Belén.
Buscando alojamiento, José y María se refugian en un portal
sobre el que los primeros copos de nieve ocultan el tejado. María
se recuesta en la paja y con ella improvisa una cuna, mientras José
recoge un poco de leña.
Un haz de luz se detiene sobre el portal iluminándolo desde alto.
Las estrellas deslumbran el cielo que parece venirse abajo; los ángeles
recorren el firmamento y cantan alabanzas.
¡Que repiquen las campanas!
¡Ha nacido el Niño-Dios!
El aliento de los animales se mezcla con el viento frío que ataca
el portal. ¿Y el campo?
En el campo se ven hogueras. En torno al fuego, esos hombres sencillos
de voluntad fuerte que ponen música al campo con sus flautas de
escarcha.
Anunciados por un ángel, recogen sus mantas, apagan el fuego,
cogen presentes : dátiles, leche, miel, queso, corderitos, pieles,
encaminándose luego hacia el portal guiados por el resplandor de
una estrella.
Llegan y les sorprende la desnudez del Niño. Le cubren con sus
pieles y el pequeño les sonríe en premios Suenan villancicos
y los pastores forman un muro humano en torno al pesebre.
***
La Navidad es para los hombres de buena voluntad, para aquellos que tienen
olor a campo en su corazón. La Navidad tiene sabor doméstico
y su alegría es la alegría de tener un nuevo hermano en
la familia.
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