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Página poética

Juan Molins es uno de nuestros Antiguos Alumnos que sigue día a día golpeando con el aldabón de la rima, la puerta siempre misteriosa, siempre cerrada, de la verdadera poesía. Ya no es el Molins aquel de los versos primerizos que apuntaba a cimas lejanas con oscilante paso. Ya trae en sus manos frutos que huelen a madurez y a lluvia reciente de poeta de ahora. Su verso se dilata a veces y rompe la medida fundamental a impulsos del estallido íntimo; otras se encoge en pies quebrados, acortando el aliento. Ha acertado el camino. Y «camino» es el título de esta breve muestra que aquí traemos en prueba de lo que antecede.

I. CAMINO

Abreme un camino, amigo,
para que pueda pasar.
No me lo abras a la cima
de los montes, que al final,
cuando se acaban las rocas,
no puedo continuar.
No me lo abras en la tierra
la tierra no es para andar;
deja la tierra a los hombres
que la saben trabajar.
Abreme un camino, amigo,
para que pueda pasar;
no me lo abras en las olas
porque las olas se van,
ni me lo abras en la arena
que no lo podré encontrar.

Abreme un camino, amigo,
para que pueda pasar:
ábremelo en las palabras,
en las que son de verdad,
en esas mentes sinceras
que nunca supe encontrar.
-No andes,
cierra tus pasos
no queda sinceridad;
no se abren los caminos
donde no se puede andar.

II. ESPERANDO

Dejo la noche, la calma;
las horas muertas, los sueños;
el recuerdo de unas manos;
la pasión de un tiempo quieto;
dejo las sombras, hastío
de un sol que ha quedado muerto;
dejo las luces cansadas
de iluminar los luceros
y las estrellas sentadas
en sus tronos en el cielo ;
dejo las olas oscuras
de un mar que quedó desierto,
que por sus venas saladas
hay fiesta de peces bellos;
dejo la noche tranquila,
dejo la noche y espero
paciente que llegue el día
para allí esperar de nuevo.

III. EL SUEÑO

Hay un sabor eterno
cada noche,
cuando llegas como fin de la fatiga
y yo te acepto,
agradeciéndote que te lleves mi cuerpo
por caminos incorpóreos,
por sombras que son imágenes
impalpables.
Hago acopio de objetos
que sólo son recuerdos
y atormento mi mente
cada mañana, al despertar, cansado
de pensar, descansado
el cuerpo.

Es el descanso frío de lo quieto
en un mundo donde sólo existen inexistencias,
donde ser es no estar
y las tinieblas están hechas de luz;
es cada noche y así noche tras noche,
morir en un viaje de ida y vuelta.