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CONCURSO LITERARIO

I. EL PALMERAL DE ELCHE

Artículo premiado al alumno de tercer curso Francisco Cholvi Puig

Con este nombre se denomina en Elche una considerable extensión de terreno dedicado por el M. 1. Ayuntamiento a fomentar las atracciones y encantos de la naturaleza no ya solamente para atraer turistas y viajeros, sino más bien para que el hombre moderno, tan atareado siempre por el dinamismo del trabajo, pueda disfrutar casi a domicilio de las maravillas del Creador.

Admira cómo el artificio del hombre puede transformar la tierra que le rodea hasta hacer de ella un parque de la envergadura y belleza del ilicitano.

La característica más acusada de este parque es su semejanza con el más selecto paisaje norteafricano que nos pueda brindar la fantasía. El parque de Elche es a manera de un oasis de exuberante y exótica vegetación, en medio de un desierto de rascacielos, turbulentas calles plagadas de tránsito rodado que constituyen la ciudad moderna. ¿Qué mejor nombre para este oasis levantino que el de Palmeral de Elche?

El palmeral guarda para su silencio y solaz de quienes lo visitan el nada despreciable número de 115.000 palmeras. A su sombra crecen variedad de plantas. No faltan fuentes, estanques de arábico estilo, estatuas y un museo arqueológico. El palmeral ofrece así al hombre cansado de la sociedad contemporánea como una escala de reposo en la tarea diaria.

La principal belleza del palmeral reside en la admirable armonía con que han sido colocados en él sus distintos componentes. Hay una alberca que surcan constantemente, por entre hojas y flores de nenúfares, cisnes blancos y negros. Gran cantidad de palomas vuelan sobre el techo de las palmeras, como vigilando presunto intruso que pretenda perturbar la paz que allí reina. Las propias palmeras se entrecruzan caprichosamente formando a manera de rejas que tamizan la agobiante luz del sol.

En el museo arqueológico duermen milenarios utensilios de los iberos, capiteles, columnas fragmentadas, cerámica de distintas épocas, husos, objetos variados que, a una gran diferencia de siglos, nos ponen en contacto con nuestros antepasados y hasta parece como que pretenden demostrarnos el erigen indudable de Elche.

Frente al museo, un estanque bordeado por innumerables chorros de agua que armonizan en un admirable dibujo en que entran en composición con el agua las flores y las plantas, vigilan el alegre murmullo de los surtidores. El estanque recuerda una bella estampa de la Alhambra granadina por su acusado estilo moro.

Cuando por fin abandonábamos, no sin nostalgia, la bellísima ciudad, llegué a pensar que por unas horas había estado trasladado a otros paisajes lejanos de la geografía y a otros capítulos remotos de nuestra historia.

II. LA EXCURSION

Artículo premiado al alumno de primer curso Andrés Pellicer Sangil.

Por fin llegó la tan esperada excursión. Con un día espléndido y muy caluroso se salió, a las ocho horas seis minutos, de la calle Ruiz de Alda.

Esta excursión es de tipo cultural. Se intenta en ella pulsar la historia, el arte y la belleza natural de tres ciudades: Villena, Elche y Benidorm.

En Villena hubo la primera detención. Almorzamos en un bar que hay en las proximidades de la plaza de toros. Algunos contemplaron, incluso, toros de lidia. En Villena nos gastamos nuestros primeros ahorros.

Castillo de Villena

Visitamos en primer lugar la iglesia arciprestal de Santiago. Es monumento histórico-artístico, edificado por Sancho de Medina entre los siglos XV y XVI, de estilo gótico de transición, más conocido por isabelino. Se caracteriza por sus arcos ojivales, sus columnas heliáceas. Una pila bautismal de piedra alabastrina,y los restos de una verja de hierro dorado, fundida en Murcia en el año 1553, son joyas de inestimable valor que luce la iglesia.

A continuación fuimos al Museo Arqueológico. Para poderlo visitar, dadas sus reducidas dimensiones, nos dividimos en pequeños grupos, Mientras unos se quedaban en el Museo otros ascendíamos al castillo de los Pachecos. El castillo fue edificado por los árabes en época insegura; es monumento histórico-artístico desde 1931. En el siglo XIII pertenecía a los árabes y llegó a manos del marqués de Villena en 1366. Fue escenario de guerras en tiempos de Carlos I, durante el levantamiento de los «agermanados» valencianos en el transcurso de la guerra de Sucesión y en la guerra de la Independencia. En la actualidad se está reconstruyendo.

Terminada esta visita regresamos al Museo. Fue fundado en 1957 por don José María Soler, de quien ha recibido nombre. En él pueden admirarse abundancia de piezas de cerámica, utensilios y armas prehistóricas. Capítulo aparte merece la parte del mismo reservada al tesoro de Villena. Constituye uno de los hallazgos más sensacionales de la Edad del Bronce. Está formado por 65 piezas de oro con un peso total de 10 kilogramos. Lo componen vasijas, brazaletes, colgantes, sortijas y otros adornos.

Parte del llamado "Tesoro de Villena"

A las doce y cuarto se ponían de nuevo en marcha los autobuses camino de Elche. Pasamos por Elda, Novelda y Aspe, ciudades importantes por sus zapatos, muebles y mármoles, respectivamente. Al fin, en medio de un inmenso palmeral, Elche.

Aparcamos en el Parque Municipal. Es un bosque de palmeras, mayor que el cual no hay otro en Europa: 80.000 palmeras es la cifra que se nos facilitó. El parque, dotado de infantiles diversiones, nos brindó espacio y tiempo para jugar en sus instalaciones de columpios y toboganes.

También aquí visitamos el Museo Arqueológico, donde pudimos apreciar el arte antiguo y las características de armas y utensilios prehistóricos. Hay en él una reproducción de la mundialmente famosa Dama de Elche; la real se encuentra en el Museo del Prado de Madrid. No faltó el popular vendedor de postales típicas y recuerdos locales.

A las cuatro y cuarto salimos hacia Benidorm. Durante el trayecto siguen Alicante, San Juan, Villajoyosa..., siempre bordeando la costa. En Benidorm nos interesa más la playa que la ciudad misma, ya invadida por numerosos turistas.

Jugamos en la arena haciendo castillos y algunos se bañan a pesar de la época. Merendamos y gastamos nuestros últimos ahorros.

Ya vencida la tarde emprendemos el regreso al Colegio. Altea, La Olla, los tres túneles del Mascarat, entre el ferrocarril a un lado y el mar a otro. Y más tarde Oliva, Gandía y Tabernes. En Alcira se apean nuestros compañeros que en ella residen y los restantes seguimos viaje hasta las puertas mismas del Colegio en Carcagente.

La excursión ha sido hermosa. Las piernas cansadas, la voz agotada de tanto cantar, las cámaras llenas de bonitas vistas y los bolsillos vacíos. Los ojos se cierran de cansancio y sueño. Ha terminado todo.

III. LA MADRE

Por Miguel Presencia Martí

Los hijos venimos al mundo a través de nuestra madre, que es como el camino que va desde El hasta la vida.

¿Queréis saber cómo nací yo? Mi madre hizo las siguientes cosas: con unas migas de amor formó mi pequeño cuerpo; con un poco de ilusión definió líneas y sexo; con unos pellizcos de esperanza fue amontonando músculos y cartílagos. Cogió el azul del cielo para los ojos, el dorado del trigo para el color del pelo, la blancura de los lirios para dar claridad a la piel, el rojo de las amapolas para hacer atractiva la boca y, al final, en la dulzura de los ángeles envolvió mi nacimiento. Yo, en los deseos de mi madre por formarme, no era yo, era un sueño.

Y si fue capaz de imaginar tantas cosas en su corazón, cuán más dulce fue luego al tenerme ya entre sus brazos y cuánto desvelo para dar curso en la vida a su amor filial.

Ahora soy yo quien imagina y reflexiona en vano, porque, ¿qué le puedo dar yo, en cambio, que tan poco puedo? Sí, ya lo sé. Todo mi amor, todo mi escaso saber.

Es curioso. Se me ocurre ahora mismo: pocas veces he adivinado el valor que puede alcanzar una madre como cuando nuestras faltas, que le disgustan, las sufre en silencio. Y es que todos sus actos son de una infinita comprensión para con el hijo.

¡Hay que quererla y mucho! Es algo que no puede cambiarse por nada. Es una parte misma del hijo. Un hijo que pierde a su madre ha enterrado su corazón.