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Excursión cultural a Castellón
Salimos de Alcira aproximadamente a las ocho y media con una lluvia que hizo temer por la excursión, pero gracias, a Dios paró de llover y aunque el tiempo fue inestable continuamos nuestra ruta sin novedad.
Recogimos en Algemesí al resto de compañeros que viven en esa localidad, y después de los saludos normales en estos casos reanudamos la marcha; poco después nos encontrábamos en Valencia. Entrar en ella y salir todo fue uno, ya que lo hicimos rápidamente metiéndonos por la carretera general a Barcelona.

Catedral de Castellón
Pasamos por Sagunto y en vez de detenernos la cruzamos y nos dirigimos a las afueras de dicho ciudad, y lo que estaba previsto fuera desayuno fue almuerzo. La Guardia Civil, siempre atenta para ayudar, en todo momento nos prestó su colaboración para cruzar la carretera sin peligro y, una vez cruzada, comenzó la invasión en el bar-restaurante llamado el Ventorrillo de Rosa (Los Valles).
El escándalo en ese local fue de espanto, sólo se oían ruidos de las envolturas de los bocadillos, voces pidiendo desde las mesas o desde la barra: «oiga, póngame una coca-cola», «a mí una cerveza», «un café, por favor»; en fin, una verdadera horda.
Una vez terminado el almuerzo salimos «la mayoría» a fumarnos nuestros pitillos sin que los Padres lo advirtieran.
Por fin subimos a los autocares y esperamos impacientes a que los profesores y Padres dieran la salida y, dicho y hecho, dieron la ídem y nos pusimos de nuevo en ruta hacia Onda para visitar el Museo de Ciencias Naturales.
Tomamos la desviación que nos indica una señal, por la cual nos guiamos para llegar a Onda; damos una curva, el paisaje es muy atractivo, se ven extensos campos de naranjos en flor, cuyo aroma se extiende por todo el valle; da la impresión, por su blancura, de que estamos en Navidad. Bueno, como decía, damos una curva, otra y, ¡por fin!, ¡ahí está!, ¡ya estamos en el museo! Algunos curiosos se levantan de sus asientos y miran por las ventanillas.
El museo está emplazado, como ya te dicho, en un fértil valle y destaca claramente entre las pequeñas casas que se ven a lo lejos.

Animales disecados. Museo de Onda
La vista del museo y la iglesia que hay junto a él ofrecían un buen encuadre para el objetivo de nuestras cámaras fotográficas. Dicho museo contrastaba has= tante con la iglesia, ya que ésta es de un gótico muy moderno y coloreado inexplicablemente para los elementos clásicos de dicho estilo, y la configuración arquitectónica del museo, en cambio, es de líneas modernas.
Bien. Llegamos a la explanada del edificio científico y todos
bajan de los autocares y comienzan a apelotonarse a las puertas. Unos
sacan fotografías de las fachadas de los edificios, otros juegan
al fútbol en un magnífico campo que está en las inmediaciones
del museo y otros conversan sobre el tiempo, que por cierto parecía
que se estaba arreglando; esto nos dio una esperanza muy precaria, ya
que tímidamente salió el «señor sol»,
pero se escondió a los pocos minutos.
Como iba diciendo, se agolparon materialmente en las puertas, hasta que las abrieron y pudimos entrar todos.
La entrada fue por orden y educación (creo que los religiosos encargados del museo se llevaron una buena impresión). La estancia es espaciosa, su distribución en una sola nave y dos pisos descubiertos hasta el techo; abundante luz artificial ilumina todo el recinto y cada una de las secciones; en el centro de la nave hay una serie de vitrinas que contienen valiosas colecciones de billetes y monedas antiguas. Las secciones convertidas en vitrinas verticales ofrecían un aspecto como el de un escaparate, en los que se exhiben toda clase de animales; era como estar rodeado de una verdadera fauna selvática.
Lo que tiene un mérito extraordinario es que cada vitrina agrupa a los animales de una misma especie zootécnica y en el ambiente natural en que se desarrollan estos animales. Por los comentarios que se oían todos quedaron algo asombrados cuando en una de esas vitrinas descubrieron que había un elefante disecado de bastante buen tamaño, disecado como un vulgar mochuelo, ya que pensaron en la dificultad de hacerlo.
De los dos pisos uno estaba acondicionado, el otro en período adelantado de ampliación.
Salimos del museo después de comprar banderines, recuerdos y postales y subimos a los autocares a las incesantes llamadas de los Padres con sus silbatos.
Y hacia Castellón, adonde llegamos después de treinta o cuarenta minutos de marcha. Lo cruzamos de la misma manera que ya hicimos en Sagunto y nos dirigimos al puerto, donde nos dijeron que comeríamos allí. Comenzó a salir otra vez el «señor sol», y los compañeros con espíritu deportivo pensaron en seguida en bañarse, aunque, la verdad, hacía bastante viento y la mar estaba picada.
Cada curso bajó de los autocares y generalmente se fueron formando grupos de amigos que se fueron a comer juntos. Se pasó muy bien y, como eso era lo importante, nosotros hicimos todo lo posible para divertirnos, y y ya lo creo que lo conseguimos!
Algunos se bañaron; la verdad es que el agua estaba muy fría y bastante movida, pero ya se sabe: «Contamos contigo».
Acabada la comida hubo tiempo de sobra para hacer fotografías, tomar café y armar follón (en el buen sentido de la palabra); subidos a los autocares esperamos ya la hora de partir hacia Benicásim, pero cuál fue nuestra sorpresa cuando se nos comunicó que no iríamos a ese bonito paraje por falta de tiempo, así que pasaríamos la tarde en Castellón; lo aceptamos de buen grado y nos dirigimos a la ciudad.
Recorrimos la misma haciendo fotografías de los monumentos más importantes de la ciudad y comprando, al igual que en el museo de Onda, postales, banderines y recuerdos.
Salimos de Castellón a las cinco y media y tomamos rumbo hacia casa; nos detuvimos en el mismo lugar que almorzamos y, ya sin parar, nos dirigimos hacia el punto de partida. En el coche unos se dedicaron a dormitar, otros a leer y otros simplemente a charlar, pero se animó la cosa y comenzaron a cantar despertando a todo «bicho viviente».
Llegamos a las ocho aproximadamente; desde luego, hay que hacer notar que el humor, la alegría y el compañerismo brillaron a lo largo de todo el día en esta fenomenal excursión que no pudo estropear el mal tiempo.
La enseñanza y el nivel de vida
Si tus proyectos son para un año, siembra grano.
Si son para diez, planta un árbol.
Si para cien, instruye al pueblo.Sembrando grano una vez, recogerás una vez.
Plantando un árbol, recogerás diez veces.
Instruyendo al pueblo, recogerás cien veces.
Kuam Tsú
Mucho acortaría un pueblo en el camino de su engrandecimiento si a la programación de toda actividad antepusiera la formación cultural de sus gentes.
Diario "SP", Dic., núm. 75
Se debe tender a proporcionar a quienes estén bien dotados la posibilidad de estudios superiores, y ello de tal forma que, en la medida de lo posible, puedan ocupar funciones y desempeñar en la sociedad el papel que corresponda a su aptitud natural y a la competencia e hayan adquirido.
Concilio Vaticano II
Todos los españoles tienen derecho a recibir educación e instrucción y el deber de adquirir bien en el seno de su familia o en centros privados o públicos, a su libre elección. El Estado velará para que ningún talento se malogre por falta de medios económicos.
Fuero de los españoles
La enseñanza, obra social por excelencia
«El que enseña y educa está realizando la obra social por excelencia. Su labor será menos atractiva, más escondida, menos compensadora muchas veces, que la de los que se dedican directamente a actividades sociales, pero no por ello es nuestro trabajo menos eficaz. El que enseña a los que no saben, en un servicio abierto a todas las clases sociales, está evitando que el día de mañana tengan hambre, y sed, y desnudez, y que se encuentren sin casa, a la vez que les prepara para participar activamente en todas las instituciones de que serán miembros, para ser 'los protagonistas de su elevación y de los suyos y para cumplir su misión en la vida al servicio de los demás.»
«EDUCADORES», núm. 48.
Los derechos del menor
En el Instituto de la Juventud, en Madrid, se han venido celebrando una serie de jornadas con miras a investigar y elaborar luego las bases doctrinales conducentes a crear en España un derecho del menor. Son muchos los inconvenientes que se le siguen al niño en casos de anormalidad de conducta de sus padres, por ejemplo, y que, por injustos, conviene desterrar. Para proteger al niño de estos y otros muchos casos se viene ya trabajando en lo más elemental, y ahí ponemos nosotros nuestro grano de arena: despertar en la conciencia de todos la urgencia de que tal derecho se formule.
