Portada > Del Colegio > Curso 65-66 >

Despedidas:

Del P. Tomás Burgos que ha venido desempeñando con sin par competencia el cargo de Prefecto de estudios de nuestro Colegio.
Del P. Leonardo Mª Bernabeu, que deja su trabajo en nuestro colegio y pasa a cumplir semejante misión en el Colegio que la Orden rige en Zaragoza.

Bienvenidas:

Al P. José Luis Llano Rosas, profesor de Lenguas Clásicas. Es licenciado por la Universidad de Salamanca.
Al P. Julián Coll que viene de nuestro colegio de Zaragoza, donde ha ejercido como Director de la Primera Enseñanza. Desempeñará en nuestro Centro el cargo de profesor titular de Religión.

Recortes de prensa

Hay una juventud ejemplar

«Ya», 3 de diciembre de 1965.

TRABAJABA DE NOCHE Y ESTUDIABA DE DIA

El joven de dieciocho años Amancio Martín Pérez resultó muerto al ser atropellado por un camión. Un sacerdote le acompañó en un taxi a la casa de socorro. El joven era estudiante y se alojaba en la residencia de San Luis Gonzaga. El joven ahorraba todo lo que podía con la ilusión de comprar un piso a su madre que es viuda. La madre trabaja en el hotel Príncipe Pío. Amancio era hijo único.

Amancio estudiaba mucho y a pesar de ello hacía horas extraordinarias en la Standard, donde estaba colocado. El sacerdote fue quien pidió ayuda para subirlo al taxi. Nadie se atrevía a tocarlo, que tenía las ropas destrozadas y parecía muerto. Cuando el estudiante vio al sacerdote esbozó una sonrisa: cesó de quejarse y dijo: «Gracias a Dios no estoy solo.» Durante su traslado pidió confesión. Luego dijo: «Mi vida no vale la pena, pero la ofrezco por la salvación del mundo, por la paz.» Murió rezando.

La muerte de este estudiante que trabajaba de noche y estudiaba de día con la ilusión de comprar un piso a su madre viuda es, sin duda, la muerte más edificante que el periodista ha conocido en la diaria crónica de sucesos.

«Las Provincias», 18 de noviembre de 1961.

Jesús Costa Panadero, de quince años de edad, arrojándose vestido al agua, con exposición de su propia vida, salvó de morir a un niño de cinco años en el río Urumea.

«A B C», 23 de junio de 1965.

En Ecija un niño de siete años de edad ha salvado de morir ahogado al anciano de setenta años Juan Ruiz Durán. Cuando éste se bañaba en el río Genil, de pronto sintió que se hudía y comenzó a pedir auxilio a gritos. El pequeño que le oyó se tiró al agua, y ayudado por un hermano, de nueve años, que le arrojó una rama de árbol, logró sacar al anciano, salvándole de una muerte segura.

«A B C»

El Papa Pablo VI ha advertido a los menores de veinte años contra la búsqueda de la libertad en la agitación frenética de algunos espectáculos sin sentido.

La advertencia papal se refiere a la histeria que se desarrolla en las exhibiciones de grupos de música popular.

¡Estrellas! ¡Estrellas! ¡Estrellas!

No, no es que pidamos grados en la milicia.

Tampoco son artistas de primer orden lo que nuestros labios reclaman. Menos deseamos un golpe por donde las lleguemos a ver en constelación policroma.
¡Estrellas! es más bien exclamación, flor que brota hirviente del búcaro de nuestra admiración en las noches dq verano.

¡Estrellas! es el gemido del náufrago de la vida, del que implora el advenimiento de la fortuna que no tiene : ¡Estrellas!, ¡estrellas!, como las de aquellos que «nacieron con buena estrella», como la de aquellos que «tienen estrella» o como las de los otros que «campan con su estrella» y bogan en felicidad.

¡Mundo misterioso el de las estrellas!

Los antiguos caldeos, magnetizada la mirada, interrogaron largamente a aquel parlante luminar obsesivo sobre el acontecer de los imperios, sobre el sino de la vida de los hombres.

Los griegos hicieron de sus dioses unas veces hombres a quienes la ambrosía daba inmortalidad, pero otras los pensaron mejor como «estrellas» que mecían su plata en perpetua enigmática vigilia sobre los mortales : A través de las escotillas abiertas en el cielo, Zeus tendía una constelación de dioses que eran pupilas de su acción escrutadora y caños de su favor múltiple.

Por otra parte, la luz eminente de la estrella la ha hecho criatura de comparaciones, hito do el artista vuelve su mirada para saberse en el camino del buen tono. Y es que si la «estrella», en generoso don de sí, destila abundante las lágrimas de San Lorenzo en los primeros de agosto, su destilación es ante todo sartal fecundo de sobrenombres que el hombre intuitivo ha ido engastando en cosas y personas que tienen alientos, pujo y superioridad. Así, llamar a una cosa «estrella» o «lucero» es hacer superlativa la cosa que encarecemos.

Pero la misma singularidad de su luz, al tiempo que la guardia inamovible y leal que la estrella mantiene desde eternidades en el parterre del cielo en que la clavó el Hacedor, la han hecho soberanamente acreedora a otro título más benemérito: el de guía y oriente.

Guía para el marino sin brújula en la noche del mar.

Guía para el hombre perdido en selva o desierto.

Guía, sobre todo, para aquel que sepa afinar su sensibilidad y acusar la grandeza y la «gloria que Dios está pregonando en sus cielos», según la frase del salmista: «Caeli enarrant gloriam Dei». Y es que ellas son como el alfabeto Morse de Dios : Cada destello, en su mayor o menor intensidad, es una palabra de su mensaje, aquel punto o raya con la que Dios nos alerta y tiende el primer intento de diálogo...

Se llega la Navidad de prisa. Sentimos ya palpitar la estrella que preside el misterio de la Encarnación. Y la «estrella» se multiplica en el escaparate donde el papel del turrón tiene ángeles, «estrellas» y panderetas. Y la «estrella» la adivinamos ya recortada en ese papel de estaño que reservamos para el belén del rincón de nuestro comedor.

¡Estrella! Símbolo alegre que prolifera en nuestras manos, en nuestros labios y en nuestra imaginación como una promesa de vida.

¡Estrellas! ¡ Estrellas!

¿Cuál será la estrella de nuestra Navidad? La tendremos tan luminosa como nosotros la queramos. Yo ya no creo en aquella antinomia fatalista de que «unos nacen con estrellas y otros nacen estrellados». La estrella de los Magos fue para ellos guía porque la supieron merecer como tal, la miraron con el telescopio de sinceridad y de la fe...

¡Estrella de Navidad, misterio de luz, guía al que ya comienza a posar en ti su mirada de espectación, mientras sabe que también allí, junto a las estrellas, los ángeles van ensayando su coro de aleluyas y de paz para los de buena voluntad!

La Navidad en Alemania

por el P. Pío Waldenmaier

Como en todos los países, también en Alemania la Navidad es la fiesta más apacible, una fiesta familiar. El tiempo de Adviento tiende a preparar esta fiesta. Pero no queremos referirnos aquí a la preparación litúrgica, sino a las costumbres populares relacionadas con ello y al modo de celebrar estas fiestas.

En la víspera del primer domingo de Adviento las madres, junto con sus niños, hacen una corona de hojas de abeto que se llama corona de adviento, y esa corona adorna, con cuatro velas rojas correspondientes a los cuatro domingos de Adviento, la mesa del cuarto de estar. Todos los días, sobre todo los domingos, antes de acostarse los niños la familia se reúne para rezar y para cantar las canciones de adviento, que expresan las añoranzas de la salvación del hombre y anuncian el advenimiento del Señor.

Un día muy especial en el tiempo de Adviento es el 6 de diciembre, día de San Nicolás de Bar¡. La leyenda cuenta cómo San Nicolás, para ayudar a tres muchachas que querían casarse y que no tenían bastante dinero para su dote, les echó bolsas de oro por la ventana de la casa que habitaban.

Los niños alemanes creen que San Nicolás, todos los años, en su día, viene del cielo llevando una mitra sobre sus cabellos de plata, una barba blanca y larga y un báculo dorado en sus manos, acompañado de un moro terrible que mete en un saco a los niños malos. En el día de su fiesta San Nicolás va de casa en casa para traer muñecas, peras y manzanas a los niños buenos y para llenar sus zapatos con dulces, zapatos que los niños antes de acostarse han puesto delante de la puerta.

Una costumbre muy bonita que aún perdura entre las jóvenes es el buscar un mesón para la Virgen. En el Evangelio de San Lucas está escrito : «Por aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto mandando empadronar a todo el mundo. Y todos iban a empadronarse, cada cual a la ciudad de su estirpe. José, pues, como era de la casa y familia de David, vino desde Nazareth a Belén con María su esposa, la cual estaba en cinta. Y sucedió que, hallándose allí, le llegó la hora del parto. Y dio a luz a su Hijo primogénito; envolvióle en pañales y recostóle en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en el mesón.»

Durante las últimas semanas del Adviento, en los pueblos de las regiones católicas las jóvenes llevan la imagen de la Virgen de casa en casa, y ruegan a las familias que acojan a la Virgen por un día en su casa. La señora de la casa sale al encuentro de las jóvenes e introduce la imagen de la Virgen en su casa, donde la coloca en lugar de honor. Por la tarde la familia se reúne, reza y pide a la Madre de Dios su intercesión y su benevolencia para el año que entra.

El día más bonito es el de la Nochebuena, en el que nació Nuestro Señor.

Ese día se limpia toda la casa, y llegada la tarde todos tienen que estar listos para la fiesta. A la hora crepuscular se pone el árbol de Navidad en el cuarto de estar y se adorna con velas, objetos vítreos de mucho colorido, muñecas doradas y dulces espolvoreados con azúcar de color. Debajo del árbol se pone el establo de Belén.

Durante el Adviento los niños han ido coleccionando cañas de paja por cada obra buena se hace una caña. Sobre las cañas se colocará, en el portal, al Niño Jesús. Y seguidamente los padres hacen regalos a sus chicos y los chicos a sus padres. Hasta la misa del Gallo se cantan las canciones de Navidad, toman café o té y dulces. Toda la familia irá en grupo a la misa de media noche.

En estos días en las calles no se saluda con el habitual «Buenos días», sino que se dice: «Felices Navidades». La fiesta dura dos días. Ordinariamente, en el segundo se visita a los padres, parientes y amigos para desearles también felices Navidades. Muy popular en el segundo día de Navidad son los teatros, en que jóvenes o chicos representan los misterios de la Navidad.

El día de San Juan, discípulo predilecto del Señor, cada familia lleva una botella de vino a la iglesia para que el sacerdote la bendiga. San Juan es el Evangelista de la caridad. Como él ha amado a Jesús, así deben amarse, uno a otro, quienes beban del vino.

Estas son algunas de las costumbres alemanas en el tiempo de la Navidad. Estoy seguro de que lo que acabo de escribir no es completo; por mi falta de destreza en el empleo del castellano, en el que mis conocimientos son todavía muy escasos, y también estoy seguro de que todas las costumbres que he descrito no son idénticas en las distintas partes de mi país. Mas bien son las costumbres de las regiones católicas de Alemania, donde los usos religiosos se conservan más y mejor que en otras regiones de menos densidad católica.