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El mar
UN TEMA PARA HOY:
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En esta película, además de relatarnos la vida de un hombre ejemplar en el cumplimiento de su deber, se nos plasma la época en que este hombre, el general Franco, vivió: época de disturbios políticos y golpes de estado, influencia todo ello del revuelto ambiente europeo debido al capitalismo y a un nuevo movimiento obrero, el marxismo, que mueve a las masas obreras prometiéndoles la solución de sus problemas. En esta situación ningún progreso hacia la paz y el bienestar sociales podía darse.
En España el Gobierno republicano trata de introducir el marxismo, que cada día tiene más adeptos. Pero la guerra civil dará fin a ese estado de cosas e instaurará un único régimen, resultado de la unión de los partidos derechistas y muy parecido a los regímenes europeos.
Pero este bienestar conseguido con la victoria no puede quedarse estacionado, sino que ha de progresar, y para ello todos los españoles hemos de trabajar ensamblados en la promoción de nuestra patria, España.
Es posible que este «film», homenaje al hombre que ha hecho posible nuestro bienestar en los veinticinco años de paz, haya sido como un estímulo, como una llamada al pueblo español, para que esté siempre en vigilia, presto a defender a la patria. En él se nos quiere presentar la España que Franco tomó, con sus problemas, con su caos, para que la comparemos con la que hemos recibido, en estado de prosperidad, tanto social como económica, todo esto debido a un puñado de españoles que supieron defender a España.
Nuestro deber es, pues, contribuir a esta grandiosa empresa de levantar aquello que se derrumbó en parte, la tradición, y amoldarla en una misma medida al progreso.
Rarael Oroval Molina
Curso Preuniversitario
1 Aprended mis palabras y os serán de provecho. (La Sabiduría.)
2 Los que teméis al Señor no desconfiéis de sus palabras. (Eclesiástico.)
3 Dios no mira al que se cree sabio. (Job.)
4 No digas «Me basto a mí mismo». (Eclesiástico.)
5 El sabio atiende a los consejos de los sabios. (Proverbios.)
6 La sabiduría alza la cabeza del humilde. (Eclesiástico.)
7 Reflexiona antes de responder y serás escuchado. (Eclesiástico.)
8 La enseñanza del sabio es fuente de vida. (Proverbios.)
9 Si te confías a la sabiduría la tendrás por herencia. (Eclesiástico.)
10 Bienaventurado el varón que no anda en consejo de impíos. (Salmos.)
Natural de Fuente de Cantos (Badajoz), Zurbarán nació en 1598 y murió en Madrid el año 1664. Este año se cumple, pues, el tercer centenario de su muerte.
En Zurbarán confluyen el romanismo de Luis Morales, el tenebrismo de Caravaggio y el realismo de Velázquez. El artista, como todos los hombres, depende de su época según el grado en que influya en él. Pero lógicamente el valor de la obra de Zurbarán no reside en ser trasunto fiel de la pintura a la sazón, sino que además de ello imprime su originalidad, su potente inspiración.

En la obra de Zurbarán se pueden distinguir cuatro etapas. En la primera predomina el arcaísmo que era corriente en los pintores extremeños, como Morales y Sánchez Catón. El arcaísmo se nota en la rigidez de las figuras y en la elección de los temas. En la segunda época -a partir de 1621- se preocupa ante todo por el problema del espacio, que se nota por la posición y número de objetos. Durante la tercera etapa su alma queda dominada por el iluminismo tenebrista. Se advierte en esta época los contrastes de luz y sombras, las figuras gesticulantes. El período de madurez corresponde a la década 1630-40. En él, sin abandonar los anteriores ingredientes, completa sus lienzos con mayor riqueza de colorido, de complementos de colores. Al final de su vida empleó una forma más blanda, más suave, suelta, en la que es evidente la influencia de Murillo.
La estética se refiere a las ideas que el artista tiene sobre la belleza. El artista intenta una expresión formal conforme a sus gustos y preferencias. Escoge, frente a un asunto, lo que mejor va a su criterio, temperamento, dotes, ambiente, etc. Zurbarán se mantiene durante el resto de su vida con los principios estéticos iniciales. Para darse cuenta de ello hay que fijarse en los lienzos pintados a lo largo de sus distintas épocas y se podrá observar en ellos el común deneminador de la preferencia por los bodegones.
Los bodegones de Zurbarán son portentosos por su realidad. Trata a los seres inanimados con un religioso sentimiento franciscano. Zurbarán no es sólo el pintor de monjes.
Como retratista es también excelente. Tenía la rara habilidad
de despersonalizar a sus modelos imprimiendo a sus personajes el carácter
de personas a veces ausentes cuya fisonomía pretendía reflejar
en el lienzo. Sólo son auténticos retratos los que llevan
escrita de su mano la palabra «verse,.
La obra de Zurbarán pasó desapercibida en los siglos XVII
y XVIII. En el XIX se inició su resurrección. Hoy su prestigio
está universalmente reconocido.
No hace mucho charlaba con un compañero de Co!egio, que me soltó lo siguiente: «Todos los jóvenes pertenecemos, querámoslo o no, a "la nueva ola"; todos estamos inmersos en ella sin poderlo remediar...»
Yo creo que él estaba bastante equivocado y que por seguir la corriente, por no ser menos que los demás, se consideraba, como tantos otros, de «la nueva ola».
Analizando tranquilamente y con un poco de sentido común, podríamos rebatir la opinión de mi querido compañero. Entendemos, en términos normales, que la ola es una ondulación del agua, producida por el viento, que llega hasta las orillas, desapareciendo después, esfumándose.
La juventud, fisiológicamente hablando, también pasa; el tiempo se encarga de que así ocurra ; podríamos decir que la juventud también se esfuma, por mucho que nos pese. Pero, sin embargo, hay otra juventud, que es la del espíritu, la que nunca debe desaparecer, la que no ha de pasar, la que siempre ha de estar presente ; pues juventud es ansia de aventura, espíritu de superación, inquietud, anhelos de renovación, vivir. existir... no desaparecer... Ahora bien, si es verdad que estas cualidades se dan principalmente en aquellos que aún no han llegado a los treinta años, también no es menos cierto que otros que están aún por los diecisiete, a pesar de sus melenitas y de sus desmanes más o menos gamberros, han envejecido prematuramente en sus corazones.
La juventud, pues, no es atributo de la poca edad, como tampoco es pura forma externa de ser. Y para corroborar cuanto os digo podría citaros a alguien que todos conocemos y apreciamos mucho y cuyo nombre no diré por no herir su modestia ; esa persona a quien me refiero y que ya habréis adivinado de quién se trata, ya entró en la edad madura y, sin embargo, con la carga de sus años y actividades nos da ejemplo de lo que es permanecer siempre joven ; él conserva el vigor de la juventud de tal suerte que le ha hecho descubrir el verdadero campo de batalla, ha visto la brecha abierta por el enemigo de la actual sociedad española y no ha dudado en lanzarse a la palestra. Y como él habrá otros que no se resignan a envejecer, a retirarse de la lucha; que conservan la juventud del corazón que les anima a presentarse al campo del honor.
En fin, mi querido compañero, como ves no tienes razón en tu afirmación. No nos incluyas a todos en las «nuevas olas». No queremos ser simples «olas». Más bien deseamos que se nos compare a la «costa», a la tierra firme, al litoral hecho de piedra viva, de dura roca, que se defiende contra las embestidas de las frágiles «olas». Queremos que nuestros ideales estén cimentados sobre la roca de la verdad, sobre esa roca inconmovible que lleva veinte siglos resistiendo a todas «las nuevas olas», a todos los vientos, a todas las tempestades, y esa roca es únicamente la verdad del Evangelio.
VALENTIN GAVIDIA CATALÁN
Curso Preuniversitario