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La vida universitaria

Es mi intención que el contenido de estas líneas pueda ser útil a todos aquellos que vais a ingresar en la Universidad.

Por lo general, no se sabe qué representa realmente la Universidad. La Universidad y sus estudios acarrean un cambio casi total de vida. Ya no se vive «junto a las faldas de mamá». Hay que hacerse responsable; hay que pensar que estamos labrando ya definitivamente nuestro porvenir. No se trata de estudiar por cumplir un expediente, porque no «digan» nuestros padres. Hay que estudiar para conocer las materias de nuestra profesión, con un claro sentido de la finalidad de nuestros estudios.

En definitiva, es lo mismo que nos enseñaron en el Colegio, pero sin tener un Padre recordándonoslo cada día y sin un castigo que nos obligue a estudiar. El castigo en la Universidad es el fracaso en los exámenes, y el Padre y sus consejos, nuestra conciencia.

Pero esta responsabilidad que hemos de adquirir no es sólo en el plano de los estudios, sino también en todos nuestros actos. Por desgracia, hay muchos que adquieren una clara conciencia del por qué y el para qué de sus estudios y se olvidan de que son hombres, de que tienen una misión que cumplir en la sociedad y que esta misión comienza ya, sobre todo, en la Universidad. Es vergonzoso ese encogerse de hombres, ese «vegetar» de muchos estudiantes cuando se plantea cualquier problema social, económico, político o religioso. «Hay que participar; no os aborreguéis», me dijeron en una charla sobre «adaptación a la Universidad». La teoría sin práctica no tiene valor alguno.

En resumen, la responsabilidad, la teoría, adquirida en los estudios y en la vida, y aplicación de esa teoría, es decir, práctica o participación, son los puntos cardinales de todo buen universitario.

Una última sugerencia. Cuando lleguéis a la Universidad no menospreciéis la labor de los Padres, no os apartéis de los hábitos adquiridos gracias a sus buenos consejos. Os serán útiles.

R. Presencia Redal
Exalumno de la R. U. «La Concepción»

OPINAN LOS «PEQUES»

LOS DEBERES

El P. Alfredo Abad, director de la Primera Enseñanza en nuestro Colegio, trae a nuestra Revista la también respetable opinión de los «peques» en una cuestión a que no son indiferentes, ni mucho menos.

El día 26 de noviembre publicaba el «Boletín Oficial» la Resolución de la Dirección General de Enseñanza Primaria dando normas sobre cuestión tan debatida como han sido los deberes para casa. La Resolución ha tenido una gran resonancia popular y ha merecido alabanzas por parte de todos los que, más o menos directamente, somos responsables de la educación de la niñez. La Resolución no ha hecho otra cosa que respetar la personalidad del niño, del cual no sólo hay que preocuparse en las horas de su formación y desarrollo, sino, con la misma intensidad, en las del ocio, tiempo absolutamente necesario y que, por una u otra causa, nos habíamos empeñado en destruir. El niño necesita su ocio; no es tiempo perdido ; es otra verdad que se sigue en el camino de su desarrollo total. La privación de este ocio supone una mutilación de su personalidad y una motivación infecunda, por no ajustarse a las normas físicas y síquicas que regulan la actividad infantil.

Sobre tema de tanta actualidad nos van a responder, con sencillez y naturalidad, doce pares de ojitos muy abiertos, extrañados de nuestras preguntas, porque no ven razones donde tan sólo hay vitalidad

¿Por qué han dispuesto que no hayan deberes para casa? Contesta:

RAFAEL MERIN PEIRO, 9 años, de Ingreso: Así en casa se puede estar un rato alegres con la familia...

JUAN TORRES NAVARRO,9 años, Ingreso: Para poder estar con la familia y poder hablar.

DANIEL MIGUEL BORRAS, 9 años, Ingreso: Para que estemos con nuestros papás y contarles cosas y nos acostemos pronto, pues al día siguiente tenemos que madrugar.

EMILIO NOGUEROLES RUBIO, 9 años, Perfeccionamiento: Para que no estudiemos tanto, ya que necesitamos descansar.

JAVIER GOMAR ALBERT, 8 años, Perfeccionamiento: Me parece que trabajando tanto en el Colegio no hacían falta deberes para casa.

JOSE PASCUAL ARTES MARTINEZ, 8 años, Perfeccionamiento: Porque si no entendemos una cosa se la tenemos que preguntar a nuestros papás y si es difícil no lo saben, y entonces...

FEDERICO BARBER ADOLFO, 7 años, Elemental II: Porque no dejamos trabajar a las mamás, ya que les preguntambs muchas cosas...

MIGUEL FERRER GARCIA, 7 años, Elemental II: Para poder descansar y poder ver la «tele».

ANTONIO AHULLANA GUEROLA, 8 años, Elemental II: Para poder descansar y jugar.

SALVADOR BELENGUER MARQUEZ, 8 años, Elemental I: Porque el Colegio es para aprender, y si tenemos que hacer en casa los deberes y los hacemos mal, no aprendemos...

RAFAEL FERRER CLARI, 8 años, Elemental I: Porque la casa es para jugar.

RAFAEL ORTS GUARNES, 5 años, Elemental I: Pues... para jugar.

LA TAN DISCUTIDA JUVENTUD

¿SÓLO «TWIST»?
VALORES DE HOY

Frecuentemente juzgamos las cosas por su aspecto más ostensible. Tal vez por eso mismo no siempre juzgamos con acierto, y el desacierto es siempre un error que incluso puede llegar a ser lamentable.

La prensa, en que sólo es noticia lo desorbitado, lo no común, lo raro, ha venido dándonos el aspecto menos amable de la juventud española de hoy: su aspecto delictivo; bandas de aprendices a «gansters», estudiantes desalmados, raptores atrevidos, gamberros en toda su inagotable gama de matices. Pero la juventud moderna, mejor o peor que la juventud de otros años, no es sólo eso. Cierto que la delincuencia juvenil es un fenómeno moderno, pero junto a esos jóvenes desaprensivos se desarrolla una juventud cultivada, sana, atenta a nobles ideales.

El diario «Ya», en noviembre del año en curso, traía a reflexión el caso aleccionador de una joven estudiante, Juanita Ayuso González. Una muchacha moderna estudiante en la Escuela de Agrónomos, que va a la cafetería con los compañeros de clase, que no es indiferente al trato de los chicos, que siente el atractivo de las diversiones de su edad.

Un día impensado cae bajo las ruedas de un tranvía y el accidente resulta irremediablemente mortal. Entre sus libros ha dejado un diario. Un diario revelador de los valores inadvertidos, a veces, en nuestros jóvenes.

De su lectura surge la estampa de una estudiante que formula nobles propósitos, entre sorbo y sorbo de café, en un establecimiento cualquiera, que lucha contra los propios peligros de la juventud : «Enséñame, Señor, a elevar mi espíritu y no materializarme, como pretende esta vida moderna». «El mundo me tira sin cesar: chicos, diversiones, el halago de las cosas buenas.»

Juanita no es un ejemplar que viva ajena a su mundo, que se aleje de su sociedad estudiantil, y que así, lejos, se preserva incontaminada. Es una más; nadie lo advierte, pero vive en su medio, dispuesta a mejorarlo «Enséñame a dar ejemplo a mis compañeros, a ayudarles en lo que pueda.»

Y un día muere inopinadamente. Aparece el diario de su vida, y cuantos lo leen descubren en la universitaria todo un modelo de posible santidad.

No. No es sólo el halago de ritmos modernos, ídolos cinematográficos y otros snobismos al uso lo que arrastra a nuestra juventud. También hay valores, y si es noble y justo que la prensa ofrezca, para su pública reprobación, la estampa de los jóvenes depravados del momento, también alentaría esta otra visión de una juventud que aún no lo ha perdido todo y que lucha y sueña con mejoras del individuo y de la sociedad.

EJERCICI0S ESPIRITUALES

Ahora que están relativamente recientes los Ejercicios espirituales realizados los días 6 y 7 del pasado mes, bajo la dirección de los Padres Anselmo Martí y Vicente Martínez, aprovechamos la ocasión para consignar aquí alguno de los conceptos asimilados.

¿Se nos había ocurrido pensar alguna vez qué eran los santos ejercicios? Es muy general eso de: «He hecho ejercicios». Los ejercicios no son cosa tan ligera; no son unos días que hemos estado sin clases, con unas cuantas charlas, más o menos asimiladas, además de una completa despreocupación. Qué fácil así, ¿verdad? Pero los ejercicios son todo lo contrario.

Los ejercicios no consisten en un pasatiempo, según el cual voy al Colegio, me meto en una sala, llega un Padre, suelta el rollo y cuando salgo fuera, ¡Viva la Virgen!, y todo olvidado. El que piense así se encuentra en un superlativo error. Los ejercicios no son precisamente despreocupación, sino una constante preocupación preocupación por averiguar qué está sucediendo en nuestro interior. La incidental vacación escolar está decretada a fin de que nada pueda distraernos en esta concienzuda mirada hacia nuestra intimidad.

Los ejercicios son algo así como una medicina del alma; nos sirven para rehacer nuestra vida cristiana, volviendo al buen camino, si es que de él nos habíamos apartado, y para recoger la necesaria fortaleza quienes, sin haberse apartado, flaqueaban.

Así, pues, no desoigamos nunca la voz del Altísimo que se vale de estos medios para enderezar nuestros pasos y darles aplomo, y cuando de nuevo se nos depare la oportunidad de realizar santos ejercicios, hagámoslos y aprovechémosnos de ellos, palabra por palabra. Mal negocio proceder en, contrario, cuando hasta debieran sernos, incluso, como una huella que fuera pregonando ante todos que somos cristianos, y no unos cristianos más, sino cristianos auténticos, en el pleno sentido de la palabra, dispuestos a seguir a Cristo a todas partes y a cumplir con todas nuestras obligaciones.

Creemos que así habrán sido hechos por todos; y si hubiera alguna excepción, que estas líneas contribuyan a hacerle repensar y a cambiar de opinión a tiempo.

JUAN R. MOLINS
6° curso

CONGRESO SIN COMPETENCIA

El hecho de la competencia es un elemento de mejora en todo aquello que cae en su órbita. Hoy día se compite en todos los órdenes, y alienta advertir que, aun los organizadores de congresos eucarísticos, se esfuerzan, en su aspecto humano, en mejorar y superar a sus predecesores en tan digno empleo.

Estimamos como muy notable el hecho insólito de que Su Santidad asistiera al que en nuestros días se ha celebrado en Bombay. Su presencia en el Congreso ha hecho de él uno de los más memorables y sienta un precedente del que sólo beneficios pueden seguirse para el éxito de venideros congresos, en los que cabrá aspirar a otro tanto.