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Número 42

Dedicatoria
Editorial
. La reválida de cuarto.
Exaltación a la patria. Fr. Ángel Martín.
Usted ¿qué opina?. Entrevista al P. Santiago Miró.
Una entrevista y un nombre. D. Pascual Boquera.
Rueda de opiniones. Seis alumnos de sexto opinan sobre el "Preu"
Noticias.
Cuadro de Honor
.
Excursiones.
El mundo gira. Noticias en la vida católica, intelectual, política, cinematográfica y deportiva.
Deportes.

Dedicatoria

«Y tuvo que surgir (...) un nuevo y santo Alzamiento Nacional.» ¿ Santo? Santo. ¿Por qué no? También la réplica puede alcanzar bendita canonización. Y la réplica de nuestro Alzamiento surgía con grito de cruzada, su pólvora ardía en el mismo incensario de nuestra fe, su metralla hirió, despabiló, en más de una ocasión, piadosas campañas tristemente dormidas en españadas de aletargado abandono.

No era nueva la actitud. Era nuevo el Alzamiento, y era nuevo, ante todo y sobre todo, por ser santo, nuevamente santo. Surgió así; pero alguien provocó tal resurgimiento...

A él, también, Caudillo invicto de España, nuevo y santo Caudillo, nuestra fervorosa gratitud y el más nuevo de nuestros cantos.

Editorial. La reválida de cuarto
I

En el encerado del Aula Magna de este Colegio apareció, la víspera de los exámenes de reválida de cuarto curso, una tierna despedida de los que han pasado, o todavía no les toca el apurado trance, que decía: «Feliz via e y mucha suerte, amiguitos, al Valle de los Caídos.» Se había borrado de mi memoria ese mundillo infantil del bachiller y quise ser observador de la «tragedia».

Nos presentamos en el Centro oficial más cercano a las nueve en punto. Los muchachos reflejaban en sus rostros angustia y preocupación. Con gran sorpresa mía, y como por arte de magia, se enteran, a los diez minutos, del porcentaje de «degüello» en cada uno de los centros oficiales y privados de la comarca. Las noticias no eran como para estar tranquilos y ser optimistas. Era el primer mazazo que recibían nervios infantiles, ya puestos a prueba en los últimos meses escolares de preparación intensa.. Con ello los muchachos perdían el 50 por 100 de las posibilidades de salvarse del naufragio.

Las mamás y los papás que acompañaban a sus hijos reflejaban en su mirada la clásica ansiedad de la antesala del médico, en la que nadie habla, todos se miran, esperan el turno y un diagnóstico del doctor, en el que se juega la suerte del futuro. Aquí también se abrirían unas puertas, les tocaría el turno y en media hora quizá quedase derribada la existencia de un año. Muchachos, ayer avispados y traviesos, se veían hoy como fracasados y marchitos, ¡cuando apenas son capullos abiertos a la vida!

Observaba grupitos de jovenzuelos de los pueblos circunvecinos a quienes la geografía, su peor enemigo, les impide asistir a centros que cuentan con medios y con profesorado especializado. A estos chavales, me dicen, se les califica con el mote de «libres». Triste paradoja de la vida, ya que la «libertad» de estos «libres» se puede comparar con la del reo sentado en el banquillo de los acusados y sin abogado defensor. Todos ellos llevan la comidita preparada cuidadosamente por la mamá y unos duritos en el bolsillo para refrescar, ¡cuando lo que les hace falta es el calor de sentirse protegidos por alguien!

Una señorita secretaria anunciaba por los altavoces: «Atención, atención, los de reválida de cuarto: tribunal de Ciencias, aula sexta; de Letras, aula número trece.» Y repetía la invitación. Con ello se daba comienzo a la escena. Y los «ahora» mansos corderillos se encaminaban a los respectivos tribunales y dejaban de ser personitas. No se llamarán ni Juanitos Pérez ni Pepitos Rodríguez. Se les arrebatarán las partidas de nacimiento y de bautismo, para convertirlos en un número. ¡Con lo que nos gusta a todos ser nombrados por nuestro nombre propio, expresión auditiva de nuestro ser y capacidad de resonancia frente a Dios!

Y así, despersonificados, como simples números, se enfrentan con el examinador, venido de «lejanas tierras» con normas inflexibles a las que tendrán que sujetarse examinador y examinandos. Era su «enemigo». Este buen señor tampoco tenía la culpa de lo que iba a ocurrir. Había sido designado y cumplía su misión, que el chaval nunca podría entender. Considero que debe ser muy poco agradable el examinar durante largas sesiones y preguntar cien veces al día las mismas preguntas y oír las mismas respuestas y quizá los mismos despropósitos. Pero el chico se jugaba un año de vida y en condiciones sicológicas muy poco propicias. El había aprendido una serie de cosas no para saberlas, sino para dispararlas ante un tribunal que le resulta impertinente.

Con el atolondramiento, que ya se haba producido en su ánimo, se le entregaban unos temas impresos y hábilmente elaborados. El momento era de consternación, cuando la veleidosa diosa suerte daba la espalda y se presentaba con unas papeletas «no aptas para menores de dieciséis años». Creo sencillamente que no se puede aceptar la suerte como base esencial de una calificación, ni se puede eliminar a jóvenes con evolución síquica tardía, que son muchos, y no siempre los peores.

Me imagino que, desde las alturas, pedirán a muchos catedráticos que formulen temas para los exámenes de reválida. Es natural que el profesor, que tiene el honor de ser interrogado, piense que un tema, para ser impreso, circular por toda España y ser aceptado, tiene que ser algo que llame la atención y que demuestre que domina la materia, cosa que nosotros nunca hemos dudado. Y eso que Nietzsche llamaría «Menschlich alizu menschlich», humano, demasiado humano, es la causa, entre otras, del fracaso de los niños de reválida. Con lo humano, sin añadir el demasiado, nos daríamos por satisfechos.

Conozco países que no pasan, ni mucho menos, por incultos, como Inglaterra y Alemania, en donde también se formulan ejercicios para el examen de grado, pero con una diferencia bastante notable en beneficio del examinando: si el 17 por 100 de los alumnos no han sido capaces de resolver los problemas y desarrollar los temas, el profesor que los formuló queda oficialmente descalificado para tales oficios. Lo que no se puede admitir, «por no ser verdad», es que el 80 por 100 de los niños españoles sean tontos. Por amor a la verdad, por orgullo nacional y por el debido respeto a las madres españolas, no se puede aceptar semejante criterio. Conozco las razones que lo sustentan y quizá tengamos ocasión de analizarlas una por una. Con ello aportaremos nuestro grano de arena a la solución de un problema de dimensiones nacionales y de más importancia de lo que a primera vista parece.

P. Rector

Exaltación a la Patria

«Nuestra prosperidad y nuestra paz interior les duele e irrita".
FRANCO (Discurso de sarabitas)

Se ha despejado el aire
que circunda tu frente. Tierra limpia
estrenan tus rodillas. Y la vid, el olivo y el naranjo
reverdecen y enjoyan tus llanuras
con hora más lustrosa.
¡Nunca tuvo tu historia tal asco
de pacífica gloria, noble España!
¡Nunca cielos tan tensos de entusiasmo
descorrían caminos
de tanta rectitud, por entre orillas
de apretadas estrellas!

Están quietas las aguas
de transparentes ríos, antes rojos,
y en los bravos peñascos
-alzas de mosquetón mientras la luchas-
estea la hojarasca caprichosa,
tropical, dernecida, del lagarto.
Y en cincel virtuoso
de una paz intachable
bruñe, en frisos de roca tormentera,
relieves de abundancia.
Mística paz, fecunda paz que llena
de dobladas cosechas los ramajes
extremos de tu copa.
¡Duerme, paz, en la sombra
fresca de nuestras manos constructoras!

Nudosa mano, puño
rotundo el que detuvo
el aluvión confuso, la ola turbia
de hordas que no sabían nuestro suelo,
hordas que no sabían
la riscosa bravura, la nerviosa
sacudida -¡por fin!- de nuestra sangre.
Nudosa mano la que, recogiendo
de los surcos pisadas amapolas
de martirio o traición,
tendió dorados brillos de trigales
y nieblas de esplendor y de bonanza
sobre el tibio nacer de un nuevo día.

Vientos polares, hijos
de la esteparia noche siberiana,
cruzan noches oscuras de amenaza
sobre tanta quietud.
¡Vano intento soplar en las cenizas
pisadas, esparcidas, olvidadas,
de antiguas confusiones!
La losa firme de un total olvido
cubre el pasado turbio y alza, sobre
bronce y mármoles regios, la estatura
colosal del eterno
árbol monumental de nuestra raza.

¡Está España otra vez ! ¡Su noble sangre
de nuevo está ! La intriga
se rompe en los cantiles
de sus rodillas, con el rompimiento
espumoso y amargo de las olas
en la cuadrada roca inconmovible.

Fr. Ángel Martín Fernández
Primer premio extraordinario en los II Juegos Florales de Pego (Alicante). Pego, 29 de junio de 1962.