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UNA ENTREVISTA Y UN NOMBRE

Don Juan José Torres del Valle, uno de los profesores más antiguos de nuestro Colegio, se asoma hoy a nuestras columnas para hacernos partícipes de su criterio personal sobre las eternas cuestiones del profesorado y la enseñanza.

-¿Cuántos años viene dedicándose a la enseñanza?

-El hecho de que figurase entre la primera comunidad que se hizo cargo del edificio de nuestro Colegio, a raíz de la Liberación, mi tío el Rdo. P. Pacífico Torres, y la decisión de éste y del entonces Rector P. Eusebio Arbona -eficazmente secundada por don Juan Sebastiá, a la sazón Alcalde de la ciudad- de reanudar inmediatamente las clases de Enseñanza Media, determinó mi venida a este centro. De esto hace ya unos veintidós años.

-De ellos, ¿cuántos en nuestro centro?

-Los veintidós años indicados.

-Nombre que mejor recuerda de los Superiores que tuvo nuestra entidad.

-Como encargado de la Secretaría de nuestro centro he tenido ocasión de conocer a fondo y tratar íntimamente a todos los Rectores que se han sucedido desde la Liberación. De todos ellos guardo un gratísimo recuerdo.

Por lo que pueda representar en el recuerdo y añoranza de nuestros Antiguos Alumnos, voy a citarlos por orden cronológico de su mandato. Son: Fr. Ensebio Arbona (39-40), Fr. Demetrio Moltó t (40-43), Fr. Miguel Oltra (43-46), Fr. Juan M.a Nadal (46-52), Fr. Luis Mª Torres (52-55), Fr. Anselmo Martí (55-58), Fr. Benjamín Agulló (58-61) y actualmente, de nuevo, el P. Miguel Oltra Hernández, designado para este cargo en el último Capítulo Provincial.

-¿Cambiaría por otra su actividad en el Colegio?

-Los que conocen mi total vinculación al Colegio, al que considero cosa propia, y las relaciones de familia y amistad que me unen al hábito franciscano, comprenderán que resultaría para mí muy doloroso el tener que separarme de una actividad tan querida y, por otro lado, plenamente vocacional.

-Planes nuevos en Secretaría que supongan reformas importantes para el Colegio.

-La envergadura e importancia que va adquiriendo nuestro centro exigen una Secretaría a tono con sus necesidades no sólo inmediatas, sino futuras. Consecuentes con ello, hemos planificado, tomando como modelo la de centros estatales de moderna organización y teniendo en cuenta lo que la experiencia de estos años nos aconseja, una estructuración y unos métodos que considero ha de influir poderosamente en la marcha de nuestro Colegio. Como todo plan ambicioso, es de suponer cueste un poco de llevar a término.

-¿Es su asignatura la que estudian los niños con gusto?

-Creo que lo esencial para que el niño estudie cualquier asignatura a gusto es interesarle en ella. La rama de ciencias, si el profesor es capaz y se encariña con ello, se presta suficientemente para crear ese interés. Máxime ahora que nuestro Colegio va a disponer de unos magníficos laboratorios y material científico y didáctico de moderna factura.

-¿Qué lugar ocupan las ciencias en la cultura de nuestro tiempo?

-Si hubiésemos de contestar esta pregunta con la atención debida nos resultaría insuficiente el espacio disponible. Bástenos echar una mirada a la prensa diaria o revistas ilustradas, siempre aportando noticias de nuevos descubrimientos en este campo, y el mismo desnivel numérico en la mayoría de centros, entre alumnos de la rama de Ciencias y Letras, para ver claramente el destacado lugar que ocupan estas materias en la cultura actual de la humanidad.


EL ECO DE LA ESCUELA

D. JOAQUÍN MARTÍNEZ
Profesor de Ingreso

No se requiere ninguna clase de prueba porque a todos nos es de sobra conocido cómo pierde la vistosidad, cómo nuestros dedos, al tocarla, quedan impregnados de los bellos colores con que la sencilla y juguetona mariposa vuela de flor en flor en los jardines, en los campos.

Con qué cuidado, esmero y delicadeza se ha de hacer para que aquellos vivos colores que zigzaguean en el espacio no se estropeen y caigan marchitos.

Así es el alma del niño, pronta a perder la ilusión de su vuelo: delicada y sutil. Como el agua de un arroyuelo al dibujar la imagen del curioso visitante. Es un mundo de esperanza, de realidades en futuro cuyo horizonte sevislumbra.

Si no es de buen capitán dar la batalla sin conocer, el campo, los peligros o ventajas que pueda encontrar, lo es menos y es de sumo interés al maestro con conciencia plena de su misión, conocer el mundillo interior y exterior del niño, que, aunque ahora en potencia, es la base primordial del mundo-hombre del mañana.

De aquí que haciendo el eco de la sana pedagogía, pueda decir que el maestro debe conocer el medio ambiente en que vive el niño; si el medio forma al hombre. Porque la escuela es la fragua forjadora de futuros hombres, reivindicables a una sociedad que les pertenece.

El niño en la educación no es un anónimo, algo abstracto; es un ser concreto cuyo interior se escapa en aquello que le diferencia de los demás.

No basta enseñar la verdad, la verdad-ciencia, si la verdad-vida es su polo opuesto en aquel que la dosifica. El educador no sólo ha de ser la verdad-ciencia, sino que como la zarza que ardía sin consumirse ha de ser en su verdad-vida todo norte y guía; trazos con que se dibujen las maravillosas y límpidas hojas del alma del niño. Esto sería el sí rotundo a la vida de aquel gran pedagogo, mirada de todo buen maestro, San José de Calasanz, cuyo espíritu sigue «iluminando todo el campo de la pedagogía con las claridades de su sabiduría y ejemplos». Fijo su pensamiento en los maestros y en los niños, vivir con los cuales es una delicia. Urge hacer nuestra vida Verdad para luego cooperar en la verdad según el concepto de San José de Calasanz. El niño es todo sentido, apto y pronto a cualquier sensación. Su cristalino es el maestro, la meta su obrar. Nuestra gran responsabilidad se fundamenta en que se nos exige la verdad. La verdad como maestra suprema de la humanidad. Sólo ella puede hacer de la educación pilar, roca firme contra la cual vayan a estrellarse falsas teorías sectarias, irracionales y, por tanto, anticatólicas.

RUEDA DE OPINIONES

El Colegio no es sólo él; es él «y sus circunstancias». En sus proximidades el Cuerpo de Policías Urbanos de la localidad controla las entradas y salidas de los niños, en un punto en que el tráfico requiere el más atendido cuidado.

1º. ¿Cree que ha de ser efectivamente provechosa la Orden ministerial según la cual deben darse a los niños clases sobre normas de tráfico?

2º. ¿Qué normas inculcaría usted a nuestros, niños en la observancia del Código?

3º. ¿Quiénes transgreden con más frecuencia las leyes sobre circulación: los niños o los mayores?

4°. El comportamiento de ustedes, ¿es el mismo para unos que para otros?

5°. ¿En qué aspecto pueden los niños cooperar en hacer descender el alto índice de accidentes en España?

D. Zacarías Velasco Martínez

1º. Sin duda. Por eso mismo la Jefatura Central de Tráfico, y con ella la Dirección General de Seguridad, al advertir el ingente problema que ha creado la circulación, ha dispuesto esta norma en los centros educativos, con miras a formar a los hombres del mañana, futuros usuarios de la calzada.

2º. Varias. Tales son no distraerse para luego, de pronto, cruzar corriendo la calle; no salir atropelladamente de la escuela; no jugar en aceras ni precipitarse en las calzadas; no intentar alcanzar ningún vehículo ni menos subir en sus topes o parte posterior... En fin, observar las señales de tráfico.

3º. Los mayores, porque son los más asiduos elementos dinámicos.

4º. La imparcialidad del agente debe ser insobornable, porque la condición del infractor es una misma ante la Ley. Sin embargo, con los niños hay que hacer siempre una salvedad: su responsabilidad ante la Ley es mucho menor que la del adulto.

5º. En observar todas las precauciones posibles y así auxiliarnos de corazón al perfecto orden del tráfico.

D. Enrique Cogollos Piera

1º. No sólo la estimo acertada, sino que igualmente la hubiera juzgado oportuna si se hubiera dado mucho tiempo antes.

2º. A mi entender, debido al gran número de escolares con que cuenta el Colegio de ustedes, lo que más inculcaría es el cuidado y compostura de los niños, tanto a la entrada como a la salida de clases.

3º. En mi opinión infringen más veces las leyes sobre circulación los mayores que los niños. Los mayores tienen más confianza en sí mismos, lo que conduce con frecuencia al descuido.

4º. Procuro ser imparcial con todos, pero es natural que con niños, mujeres y ancianos tenga mayor consideración.

5º. La cooperación de los niños se hará notoria dentro de unos años si procuran asimilar ahora las enseñanzas del Código, viendo en ella una verdadera asignatura sumamente práctica.

D. Bautista Guerrero Navarro

1º. Está muy en su punto, No creo que nadie pueda pensar lo contrario.

2º. Primordialmente las señales de circulación propias del casco urbano, que son de las que han de hacer mayor uso.

3º. Aunque Parezca contradictorio incurren en falta más frecuentemente los mayores que los pequeños.

4º. Los pequeños, por su condición de tales y por su inexperiencia, merecen más miramiento y procuro tenerlo muy en cuenta.

5º. Ningún modo más eficaz de colaborar con nosotros que conociendo bien el Código y prestando la mayor atención posible a las indicaciones del agente.

D. Ramón Micó Martínez

1º. Desde pequeño es cuando hay que lograr la formación de los niños. Por lo tanto la juzgo muy oportuna.

2º. Las señales, tanto las de tráfico como las del agente.

3º. Es una pregunta que se presta a discusión. Hay que tener en cuenta que no es fácil advertir bien la diferencia, ya que los niños, si son escolares más aún, usan de la calle menos que los mayores. Por otra parte, desconocedores del Código los niños, sus transgresiones son involuntarias.

4º. Se suele tener con el niño más cuidado que rigor. Es menos dueño de sus actos, claro está, que la persona desarrollada.

5º. Aprendiendo perfectamente las reglas de tráfico. El mayor número de accidentes ocurren por su incumplimiento, como dicen bien las estadísticas.

D. Juan Oliver López

1º. Hasta me parece que es fundamental. Lo que los niños no aprenden de pequeños difícilmente lo observarán de mayores.

2º. Las señales de tráfico para casco urbano y la atención que en ellos quepa en orden a cumplir cuanto el agente indique.

3º. Proporcionalmente los mayores. Los escolares usan la calzada sólo en contadas horas.

4º. Se es más comprensivo con los niños por razones fáciles de comprender. Las transgresiones del niño son más irresponsables.

5º. Procurar poner en práctica los consejos y normas que meticulosamente les dan sus propios padres y sus educadores.

D. Luciano García Mena

1º. Una orden perfectamente acertada. Al fin también en esto debemos estar a la altura de los demás países.

2º. Atender en todo momento las indicaciones exactas del agente, y para ello naturalmente debe conocer cuál es su significado.

3º. Conscientemente los mayores; de ordinario las faltas que cometen los niños son más por inadvertencia que por voluntaria infracción. E n los mayores no cabe alegar inadvertencia.

4º. A los mayores se les trata con más rigor, porque están más obligados que el niño a conocer sus deberes.

5º. El modo más cabal de colaborar con el agente es indudablemente llegar al más completo conocimiento del Código. Sólo así podrán saber qué cosas han de evitar.