|
|
![]() |
||||
|
10339 |
Asociación de Padres de familiaNada más necesario -y por otra parte más descuidado que la cooperación activa y eficaz entre educadores y padres de familia en la hermosa y responsable tarea de la formación de nuestros jóvenes. La creación en nuestro Colegio de la Asociación de Padres de Familia viene a subsanar satisfactoriamente este grave error e imperdonable descuido. La vida receptiva que el niño estrena queda prendida, sin defensa, en el medio ambiente que respira. Colegio y familia, escuela y hogar han de constituir y formar un ambiente lo más homogéneo posible para que su personalidad futura esté fundamentada en una educación sólida y firme. El niño, que considera como autoridades máximas y punto de referencia de la moralidad de sus acciones la conducta de los padres y el comportamiento de sus maestros y profesores, corre el riesgo del confusionismo y de un rudimentario escepticismo cuando aprecia la disparidad ambiental y normativa entre colegio y hogar. Creo sinceramente que esta Asociación de Padres de Familia puede constituir esa línea tangencial, necesaria y precisa entre estos dos círculos, colegio y familia, en cuyos ámbitos se desenvuelve mayormente la vida de nuestros jóvenes. Ningún esfuerzo ni sacrificio deben escatimarse en esta maravillosa tarea de la educación de los hijos. Una forma de vida, una cultura, no se improvisa ni se crea en una edad avanzada. Esta solamente se logra en la edad plástica de la niñez y juventud. De ahí la enorme responsabilidad que gravita sobre todos aquellos que, ya en misión natural y propia, ya en función delegada, tienen a su cargo la educación de la juventud. La mejor herencia que podemos transmitir a nuestros hijos o a nuestros jóvenes no es precisamente la de los bienes materiales, sino la constituida por aquel acervo de bienes que provienen de una educación y formación cabales. La creación de la Asociación de Padres de Familia constituirá aquel cauce normal y regular por el que -y a través del diálogo correcto y sincero entre educadores y padres de familia- llevaremos las aguas fertilizantes de la educación a la tierra prometida de nuestras juventudes. Con un sentido de plena objetividad y al margen de virtuosismos preciosistas e inoperantes, esta Asociación habrá de enfrentarse con la realidad, con "esa realidad tangible" que nos dice que la educación de nuestros jóvenes no es todo lo eficaz y efectiva que podría ser. TEODORO BAJO RODRÍGUEZ Un fraile se confiesa
¿Muchos años falta usted de nuestro Colegio?-Sobre tres. -¿A qué cree usted obedece el cariño que aún se le profesa en nuestro centro?-Indiscutiblemente se debe a la benevolencia de todos los que integran el Colegio y a los años de una auténtica y franciscana vida que compartimos. -¿Está satisfecho de la labor desarrollada por usted durante su rectorado?-Pues sí... Aunque, por otro lado, siento el hormigueo de una saludable insatisfacción, que es un buen acicate para hacer las cosas cada vez mejor. -¿Qué es lo que más le debe el Colegio?-Sinceramente creo que no me debe nada. Hice lo que debía hacer y lo que cualquiera hubiera hecho. -¿Algún secreto especial para el gobierno de un Colegio?-Le estoy dando vueltas a esta donosa preguntita y no sé por dónde meterle el diente. Al cabo pienso que será mejor dejarla con su interrogante y mantener el secreto. -¿Qué cualidades personales estima le ayudaron más en el desempeño de su cometido?-El deseo, más o menos logrado en la práctica, de armonizar siempre la caridad y comprensión con la disciplina y el orden. -¿Cuál es, según su experiencia, en el buen profesor la postura que más facilita la labor directora de un Rector?-Esta preguntita también se las trae..., aunque por eso no voy a dejarla desierta. Y juzgo que la mejor postura es la del diálogo abierto, sincero, pero también jerárquico, en el caso, tan normal y humano, de discrepancias o colisiones de derechos. -¿Participa de la misma ilusión con que encauzan los actuales superiores el porvenir del Colegio?-Naturalmente. Participo de la misma ilusión y auguro para el Colegio de San Antonio un porvenir risueño y esperanzador en la medida en que sea secundada esta ilusión por toda nuestra Seráfica Provincia, por el Colegio y por la tan querida ciudad de Carcagente.
|
||||
![]() |
Don Víctor Oroval es sobradamente conocido de nuestros lectores. Después de estudiar Comercio en nuestro Colegio durante los primeros años de su fundación, en Valencia se graduó de bachiller y cursó las carreras de Magisterio y de Derecho. Ha sido profesor de Historia en nuestro centro durante varios años. Tiene a su cargo el Archivo y la Biblioteca Municipal, ejerce la abogacía y es cronista oficial de Carcagente desde 1955. |
-Creo que han sido doce años. Si no me falla la memoria fue por 1448 cuando el P. Juan Nadal me llamó a tomar parte en ella como profesor de Geografía e Historia.
-Dada la división del trabajo en el ejercicio de la función docente característica de los centros de enseñanza media, no creo que la pregunta esté formulada pensando en un profesor que tenga a su cargo la totalidad de las materias del plan, sino sólo alguna de ellas. Por consiguiente, creo que no se trata de la formación integral del alumno por un solo profesor, sino de una parcela de ella integrada en el sistema docente del que se espera como resultado esa formación total. Con esta limitación entiendo que lo más trascendental e importante -de la labor formativa de cada uno de los profesores que constituyen el equipo docente del centro es coordinar su trabajo con el de los demás colaboradores en orden a realizar en el mayor grado posible el objeto de la formación humana: poner en acción y desarrollar plenamente las facultades y disposiciones mentales y morales del alumno orientándolas al cumplimiento de los fines individuales y sociales del hombre; capacitarle para el mejor aprovechamiento de todos los recursos del medio natural y cultural en que ha de desenvolverse su vida, según un ideal de perfección al que se vaya acercando con eficaz voluntad de alcanzar la meta, movido desde dentro por las fuerzas y principios intrínsecos formativos de que el alumno se halla dotado, estimulados y dirigidos por el profesor conforme a las leyes de la didáctica. Esto requiere de parte del que enseña, sobre todo, un dominio magistral de la materia objeto de su enseñanza, poseído con auténtica humildad científica, que es veracidad, y una vocación servida con alegre y abnegada entrega al quehacer docente, base de la necesaria compenetración entre profesor y alumnos.
-El fruto de la enseñanza (mayormente si -como suele ocurrir- se consideran como tal las calificaciones oficiales de fin de curso) depende en gran parte de otros factores, además del trabajo consagrado por el profesor a sus alumnos a lo largo del curso, empezando por las disposiciones morales y capacidad receptiva del propio alumno y terminando por los que podríamos llamar, para decirlo de algún modo, imponderables actuantes sobre el resultado formal del examen, y como por parte de alguno de esos factores siempre hay algún fallo, no creo que con sinceridad pueda nadie contestar afirmativamente a esta pregunta.
-La mayor satisfacción, el sentimiento íntimo de esa especie de paternidad espiritual que da sobre los alumnos la enseñanza ejercida con amor. En cuanto a adversidades, 'creo qué la única importante que podría citar es una tensión dolorosa entre la vo catión sentida y la imposibilidad de una dedicación más plena al quehacer docente.
-Convengamos en que la preguntita es un tanto indiscreta, dicho sea con la sinceridad y buen humor que preside este diálogo. Pero si amor con amor se paga, creo que puede verse en ello una justa correspondencia al afecto y respeto que siempre he sentido y demostrado por el Colegio.
-Francamente, sí. Aunque, «rebus sic stantibus», la -continuación por mi parte en el ejercicio del profesorado sólo podría ser fruto de uno de esos amores que matan. Pero de las cosas que se tienen en gran estima no se separa uno sin dolor.
-Si como Antiguo Alumno y aun como mero carcagentino no han dejado nunca de afectarme sus vicisitudes, menos dejaran de hacerlo después del hecho honroso para mí de haber pertenecido durante tantos años a su ilustre claustro de profesores.
-Ninguna de momento.