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Navideña

Por SOLERIESTRUCH

Acaso sea la palmera el árbol de silueta más esbelda entre todos los salidos de las manos del Señor. Los poetas la han cantado bellamente. Recuerdo ahora, entre otras, una breve camposición saturada de ternura, de Gerardo Diego. Posiblemente la conocéis también vosotros. Dice así:

«Si la palmera pudiera
volverse tan niña, niña,
como cuando era una niña
con cintura de pulsera.
Para que el Niño la viera...»

La palmera, entre nosotros, forma parte entrañable del paisaje que nos circunda. Tanto como el naranjal, importan en nuestro paisaje las palmeras que en él hay diseminadas.

Del palmeral habido en nuestro término, se obtienen bellísimas palmas que muestran el blando desmayo de su recatado encierro, llegada la festividad solemne del Domingo de Ramos. Del palmeral de nuestro término se obtiene también un fruto delicioso que yo no os voy a encomiar ahora... por ser sobradamente conocido...

No; no sabemos, a las horas presentes, quién trajo las palmeras a nuestras tierras. Ni cómo ni por qué... Pero ahí están, quién sabe desde cuándo, luciendo sobre el nácar de nuestro cielo la grácil estilización de su tronco codicioso de altura y el esperanzado penacho de sus cabelleras que las nubes, al pasar, peinan y despeinan.

Como iba diciendo, los poetas han cantado a las palmeras en diversas ocasiones. Han merecido además -las palmeras, claro- ser el nervio y hasta la misma médula de un sin fin de apólogos y cuentos, a cual más interesante.

No os voy a cansar ahora con la prolija enumeración de aquellos que conozco. No pretendo plaza de erudito; es cosa que no me va. Ello, no obstante, quiero daros noticias de éste este que aprendí de niño. ¡Ya ha llovido desde entonces! ¿Me prestáis atención?

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Herodes, señor de Judea, debió ser un soberano con muy malas pulgas. ¡Mira que decreetar el exterminio de todos los pequeños menores de dos años habidos en su país! A eso se llama ganas de fastidiar al prójimo. Y todo, porque unos Magos llegados de Oriente le fueron con el cuento de que había nacido un Rey... y Herodes era de esos que se creen ellos solos y nadie más, o le cogía en la cabeza -todo y tenerla crecidita- que hubiera en el país quien pretendiese hacerle sombra.

¡La de inocentes que sucumbieron debido al brutal mandato de aquel bestia coronado! Debió decir el tío: «Mato a todos los niños y, como el Rey que me han anunciado da la casualidad de que es un niño... Nada; que de ese aspirante a rey no va a quedar ni el recuerdo.»

¡Infeliz! Como véis, un infeliz el tal Herodes. Siempre ha ocurrido así: casi todos los sujetos de mal genio son en el fondo unos zoquetes que no pueden presumir de otra cosa que de hacer burradas; pero ninguno de ellos ha descubierto la pólvora, ni la penicilina, ni... la Coca-Cola, pongo por caso. Ni la descubrirán tampoco nunca...

El Niño Jesús -que era contra quien iba la cosa- había huido a tiempo con sus padres. Un ángel avisó a San José del fregado que se avecinaba y, el Santo Patriarca aparejó su asnillo, hizo montar en él a la Virgen con el Pequeño, y escaparon prudentemente hacia lejanos lugares donde no se oliese el nombre de Herodes en muchos kilómetros a la redonda.

Pero ya podéis imaginaros la velocidad que puede alcanzar un borriquillo guiado por viejo y cargado además con una Señora y un Niño. Aplicad -los que la sepáis, que no todo: sabréis- una elemental fórmula de Física y os daréis perfecta cuenta de que, por mucho que hubiera sido el madrugón de los viajeros, el trayecto recorrido no debió ser gran cosa. Y como los encargados de cumplimentar el mandato de Herodes iban a caballo desembarazadamente y con muchas ganas de llevar a cabo cuanto antes aquella sangrienta gamberrada, pronto les dieran alcance y... una palmera habida al borde del camino sirvió de cobijo a toda la Sagrada Familia...

«¡Anda! -me diréis vosotros- pues sí que la palmera es un árbol como para esconderse uno en él.» Mirad: no afectéis nunca una listeza problemática, que toda afectación es mala, como decía nuestro buen amigo D. Miguel de Cervantes. Porque además, habéis de saber vosotros... que tanto creéis saber, que siendo un Dios lo que la Virgen llevaba en su regazo, y siendo Madre la que llena de mortal congoja pedía protección al árbol... la palmera no pudo hacer otra cosa que lo que entonces hizo: bajar todas sus ramas para ocultar cumplidamente a los fugitivos y librarles de la saña de sus perseguidores.

Y eso fue lo que ocurrió... Y ello fue así, porque así me lo contaba a mí, mi madre. Mi madre, sí señor. Mi madre que sabe mucho más que yo de todas estas cosas. Y yo sé mucho más que todos vosotros de estas cosas... ¡Y no digamos de otras! Así que, a callar tocan y a prestar atención a lo que ahora os digo. Y lo que os digo ahora es que, ya pasado el peligro, la palmera levantó de nuevo sus ramas al cielo. Y fué entonces cuando la Virgen María, llanto de gratitud en sus ojos pronunció aquel: «¡Oh, dulcísima palmera...! ¡No sé cómo darte gracias...!» Y de entonces, los huesecillos del fruto de la palmera llevan grabados en el dorso la «o» de la primera palabra de gratitud pronunciada por los labios de la Virgen en aquella ocasión.

Sí, ya sé que os habíais fijado en ello, pero ¿sabíais el motivo? ¿Que ya lo sabíais? ¡Vosotros qué vais a saber...! Vosotros, apretando mucho las clavijas de la memoria y supuestas muchas horas de codos sobre el pupitre, sabréis acaso a qué familia, género o especie pertenece el árbol, o la cantidad de proteínas, azúcares y celulosa que encierra o puede encerrar el fruto. Pero de esa «o» que en el fruto va grabada, ¡qué vais a saber vosotros! De estas cosas, quien de sabe es mi madre... que sabe mucho más que yo. Y como a mí no me duele, os brindo esto que sé con ocasión de las Pascuas de Navidad. Unas pascuas de Navidad que os deseo muy felices.

Rueda de opiniones

Esta vez son los mismos alumnos de nuestro Colegio quienes acuden a la cita, para aportar, con su opinión personal, sugerencias e iniciativas, siempre interesantes y dignas de la mayor atención.

1. ¿Tienes verdaderas ganas de estrenar el nuevo Colegio que empieza ya a perfilarse?
2. ¿Responde a tus gustos personales o le someterías a alguna reforma esencial?
3. ¿Qué es para tí más importante: el Colegio como edificio o el Colegio como entidad?
4. ¿Crees sinceramente que hay proporción entre la calidad del profesorado actual y la categoría del Colegio a estrenarse?

José Ramón Daríes Bañuls (Sexto curso)

1. Tengo muchas ganas, porque lo he visto crecer día a día; pero me temo que debido a terminar este año mis estudios, no podré disfrutarlo por mucho tiempo.

2. El Colegio, a juzgar por lo que hay ya edificado y por lo que se apunta en los plaszos que hay en perspectiva, no puede menos ser de mi agrado y concuerda, por suuesto, con lo que yo, al empezarse, me había imaginado. En cuanto a reformas, yo incluiría en el proyecto un salón de actos, cine, otro y conferencias.

3. Del Colegio, no es su estructura arquictónica lo que más importa, sino la calidad su profesorado y su capacidad educativa, elementos estos plenamente conseguidos ya.

4. Con toda sinceridad, creo que hay proporción entre el profesorado actual y el Colegio a estrenarse; las dos cosas están cuidadosamente atendidas y prueba de ello son los resultados que se vienen cosechando.

 

Agustín Calatayud Salom (Sexto curso)

1. Muchas, ya que son varios años de espera por tener un nuevo Colegio; aunque a todos nos parezca un sueño, pronto va a ser realidad.

2. Está de acuerdo con mis gustos personales, ya que dentro de poco tendremos unas clases más espacioas

3. El Colegio como entidad, indiscutiblemente; la razón es fácil, adivinarla.

4. El Colegio, si ya ha alcanzado el grado en que está actualmente, ha sido gracias a la calidad de su profesorado; y si esto ha sido posible hasta ahora ¿qué no conseguirá al presente con medios más apropiados y excelentes?

 

José Juan Escrivá (Quinto curso)

1. Sí las tengo; pero me pesa tener que pensar que he de disfrutar apenas de su nueva echura.

2. Efectivamente responde; pero me gustaría tener un patio donde practicar el tenis y el hokey sobre patines.

3. Para mí, es mucho más importante la entidad que lo rige, porque de ella depende nuestra enseñanza y nuestra formación religiosa, que es en definitiva nuestro porvenir.

4. No solamente creo que esté igualada la balanza, sino que pesa mucho más el valor moral de nuestros profesores que todas las excelencias que puedan resultar de la obra material.

 

Juan Emilio Hernández (Quinto curso)

1. Tengo verdaderos deseos de que se inaugure el nuevo Colegio, por que ello supone mayores facilidades para la práctica del estudio, ya que sus nuevas instalaciones permitirán una mayor comodidad, tanto para los alumnos como para los mismos profesores.

2. Tal como yo comprendo que va a quedar definitivamente construido, creo que se adaptará perfectamente a mis gustos personales. Pero dado el incremento constante que va tomando cada año el Colegio, tal vez dentro de unos años vuelva a quedar otra vez insuficiente, sobre todo, lo que se refiere a parque de recreo, instalaciones deportivas, etcétera.

3. Todo. Porque la excelencia de lo uno y de lo otro, unido, es lo que hará que el Colegio sea verdaderamente perfecto.

4. Mi opinión personal es de que, indiscutiblemente, el profesorado actual es competente, aunque teniendo en cuenta que el nuevo Colegio supone una ampliación del actual, también es posible que el cuadro de profesores haya de ser ampliado, para cumplir nuevas necesidades que tal vez ahora no entrevemos.

 

Rafael Presencia Redal (Cuarto curso)

1. Naturalmente, tengo mucha ilusión, ya que esperaba que fuese inaugurado en Octubre.

2. Al no estar completamente terminado, no puedo juzgar sobre seguro, pero lo ya construído nos deja entrever un Colegio inmejorable.

3. La entidad, evidentemente; pero no cabe duda que el edificio es un complemento esencial de un buen profesorado.

4. Desde luego. En las condiciones actuales, su profesorado es uno de los más competentes de la provincia; y al contar ahora con un colegio tan bien dotado, aumentará indudablemente, en todos los órdenes su actual prestigio.

 

Antonio Tudó Ahullana (Cuarto curso)

1- Verdaderamente, sí tengo muchas ganas, pues a mi entender influye mucho en los estudios el sentirse en tan espaciosas aulas.

2. Responde a todos mis gustos personales, pues indudablemente es un Colegio que reúne todas las perfecciones de la arquitectura moderno.

3. El Colegio como entidad, porque es lo más esencial para nuestra perfección, formación y nuestros estudios.

4. Creo, sinceramente, que hay perfecta proporción entre la calidad del profesorado actual y la categoría del Colegio a estrenarse porque gracias a la bondad, el sacrificio la inteligencia de sus profesores ha crecidico el Colegio de modo que hizo insuficiente su anterior estructura.

Los pequeños también piensan

Con su lógica particular -no falta totalmente de lógica- con su corazoncillo infantil, los niños piensan y sienten a su modo. Y esta manera e ser de los niños, queda hoy man¡fiesta en las preguntas, un tanto ¡nfantiles también, que dirigimos a Igunos de nuestros alumnos menuos de la sección de 1.° enseñanza.

Miguel Carrillo Linares

Miguelito es una sonrisa que no se cabo nunca, en una carita con dos ojillos inquietos que lo miran todo.

-¿Qué piensas pedirle este año a los Reyes?

-Muchas cosas.

-¿Por ejemplo?

-¿Pues... ¡muchas cosas!

-Piensa una.

-Tengo una bicicleta; pero es peueña.

-Pues ya está: pedimos una grande.
-Muy grande, no.

-¿Pedimos también un caballo que ande solo?

-Los trenes sí que andan, pero los caballos van con ruedas. Quiero también un paraguas para venir a la escuela.

 

ELECTO GALÁN GRAU

Electín es un niño vivaracho e impaciente, que ni espera a que le hagan la primera pregunta.

-Yo tengo una bicicleta para cuando sea mayor, porque es grande.

-¿Se la pediste a los Reyes?

-No. Yo pedí una escopeta y a mis primos les dejaron un acordeón y un tren; pero lo mío es mejor.

-¿Y para qué quieres la escopeta?

-Para matar.

-¿Para matar has dicho?

-¡Para matar a los malos!

-¡Ah! ¿Y qué pides este año?

-Un tren y un mecano. El mecano me lo comprarán mis papás; y una cosa que tiene éste que se dice un Puente Kwai.

«Este» es Miguelín.

 

VICENTE BRINES CHELVI

Vicente es un niño quietecito y bueno que se extraña de todo lo que no entiende y que nos mira asustadillo porque no sabe a dónde va esto de una entre vista con papel y pluma.

-¿Qué cosas fe gustan más de las Navidades?

-No sé. El Niño Jesús.

-¿Y qué más?

-Los Reyes Magos.

-¿Y qué más?

-No sé. Los Reyes Magos tienen muchos juguetes.

-Pero esos juguetes no son para todos los niños, sino para los que el Niño Jesús quiere.

-Mis papás dicen que los malos no tienen juguetes, pero yo veo que sí que tengo. El año pasado me echaron una escopeta.

-Se equivocarían de balcón.

-¡No!

 

MIGUEL ENGUIX RANDIS

Un chiquitín muy menudito con una carita redondita y rosada como un melocotón.

-¿Tú has oído hablar de un han muy malo que no quería al Niño Jesús y mataba a los otros niños?

-Yo sé uno que se llama Barba Azul.

-Barba Azul es otro más moderno.

-Los demonios.

-El demonio de que yo te hablaba se llamaba He... ro...

-¡Herodes! -lHerodes, hombre!

-Es un hombre que asusta a los niños que lloran y los mata.

-No, hombre; ese es el «coco». Bueno ¿qué quieres tú de los Reyes?

-Un tren con vías que no se rompa y una llave para qué ande.

Muy bien. Yo por mi parte les pediré que no os regalen cuentos que hagan miedo a los niños que lloran, ni películas oscuras que se sueñen. ¡Bicicletas, balones, trenes con y cuentos, muchos cuentos luminosos con muchos colores! Y un Niño Jesús radiante y chiquitín, como vosotros, que os acompañe siempre que venís a la escuela.