|
|
![]() |
|
10617 |
NavidadOtra vez el frío Diciembre nos devuelve el calor íntimo y espiritual de la Navidad. Y una «resonancia» misteriosariosa hace vibrar nuestros espíritus en una resurrección mágica de recuerdos y vivencias. La antena de nuestra sensibilidad, levantada sobre la monotonía de nuestro quehacer cotidiano, se hace eco fiel de esa corriente universal de alegría y espiritual gozo que «Radio Belén» debe transmitir en exclusiva para esta jornada. Pequeños y grandes, buenos y malos nos sentimos dominados de un secreto y benéfico impulso. Y todos, sin saber por qué-pero para participar de esa paz humana y gloria divina anunciadas por los ángeles-nos hacemos, aunque en muchos casos interinamente, hombres de buena voluntad. Parece ser que la presencia de Dios en el mundo se hace misteriosamente tangible. Y es el ambiente mismo el que, impregnando y permeabilizando nuestras vidas, las eleva sobre los intereses materiales y bajas pasiones, infundiendo a las mismas un alto sentido de espiritualidad. Es éste un fenómeno específico y característico de estos días de la Navidad, que todos, aún los más irreflexivos, habrán apreciado en su interioridad. El contacto real y físico, que hace cerca de dos mil años estableció el Hijo de Dios con la humanidad al nacer en Belén, se repite todos los años de una mane ra que, siendo mística, no deja de ser real. Y nosotros,los hombres, santificados por este sagrado contacto,quedamos imantados por arte divino, de la bondad de Dios. He aquí el profundo sentido de la Navidad. El porqué de lo entrañable de esta realidad vivencial.Su hondo sentido humano, determinado por el contacto de lo sobrenatural y divino, justifica la primacía deesta realidad en nuestro mundo emocional. Porque laNavidad es eso, una realidad tan amada de nuestromundo personal y familiar, que se ha convertido en algo doméstico y ambiental que no puede fallar en nuestra vida. En ella se compendian, admirablemente, añoranzas del pasado, vivencias del presente y esperanzasdel futuro. Una entrevista y un nombre: P.José López Gozálbez
-Tengo entendido, Padre, que es usted especialista en lenguas Modernas. ¿Tiene en posesión algún título académico? -Pues, sí. En la Universidad Pontificia de París, Facultad de letras, obtuve el título de "MAITRE ES ARTS" que comprende los cuatro «Certificats» de Filología española, Literatura española, Filología francesa y Filología alemana. Pero antes de graduarme en la Universidad tuve que conseguir en l'Alliance Francaise de París el diploma de Lengua Francesa y el Superior de Lengua y literatura francesas y en Londres el correspondiente al inglés en el "Language Tuition Centre." -¿Sería demasiado indiscreto preguntarle qué calificaciones obtuvo? -Pues de todo hubo, mi querido Padre. Puedo confesarle que las calificaciones más bajas las obtuve en las lenguas más corrientemente sabidas, como español y alemán; mientras que el francés y el inglés se llevaron las más altas. Esto tiene una explicación: para pasar un examen se estudia con más intensidad lo que resulta más difícil y se abandona uno en aquellas materias en que con poco esfuerzo se logra superar el trance de un examen. -¿En la Orden religiosa a que pertenece, ostenta algún cargo de responsabilidad? -Actualmente y por vez primera ostento el cargo de Superior en el Convento de Valencia. -Exitos y cargos le harán olvidar un tanto, en compensación, sus antiguos años de lucha en nuestro Colegio ¿no es cierto? -Los años de puros idealismos de mi primera juventud dedicados plenamente a la labor docente no se olvidan fácilmente; puedo decir que tanto los nueve años de trabajo en Carcagente como los cuatro que estuve en Onteniente y aún el año 1939-40 al frente de la Escuela en el convento de Cocentaina perdurarán ya por siempre en el curso corto o largo de mi vida. -¿Volvería gustoso, otra vez, a ocupar su cátedra, junto a este claustro joven y emprendeir de ahora? -Su pregunta se inicia con un condicional: «volvería» y con ese mismo condicional le respondo: «volvería» si pudiera volver la primera juventud y con ella una salud más fuerte de la que disfruto ahora. La labor en el Colegio es dura y requiere un esfuerzo y una tensión continuos e quizás yo ya no estoy en condiciones de poder ofrecer como antaño. -¿Qué siente ante la desaparición de su antiguo Colegio y la pronta inauguración del actual? -Ante la desaparición de lo que quedó del antiguo Colegio no siento nostalgia alguna, pues valía bien poco. Me alegra mucho la pronta inauguración del Colegio en su reforma actual que viene a convertir en realidad un sueño y un ideal que abrigamos todos los que pasamos por ahí. -¿Con qué dificultades tuvieron ustedes que enfrentarse por aquel entonces? -¿Dificultades? Con las que consigo lleva toda labor docente, acrecentados un poco materialmente por la pobrísima economía de los años posteriores a la Cruzada de liberación y los de la segunda guerra mundial. Pero teníamos la satisfacción de vernos muy estimados por todos los sectores de la población que aún ahora, después de transcurridos diez años, recuerdan nuestra larga estancia en la bella ciudad de la Ribera. Sobre todo me refiero a los que fueron mis alumnos de los que me consta que se pasan más de un rato comentando alegres los buenos y malos momentos que les hizo pasar el Padre José. -¿Podemos considerarle parte integrante aún de esta vanguardia de nobles ambiciones e incansable entusiasmo que es el Colegio actual? -Sin duda alguna. Estoy con los jóvenes y con la juventud que con sus defectos y virtudes ha de triunfar rotundamente. Sólo deseo que a la hora de la verdad resplandezcan en todo su esplendor las buenas cualidades del alma joven y que vosotros sepáis traducir en realidades magníficas las nobles ambiciones que ahora abrigáis en vuestro espíritu sacrificado e idealista. Valencia. Diciembre 1960. Al habla con D. Eduardo Soleriestruch
1.- En la historia de Carcagente ¿cabe de alguna manera el nacimiento y crecimiento histórico de nuestro centro? -Cabe, si señor. Como cupo también, en su día, consignar la llegada a Carcagente de aquellos Menores Descalzos, autorizados nada menos que por San Juan de Ribera para fundar el Convento de San Francisco... allá en los comienzos dei siglo XVII. Hay constancia, además, de las relaciones entre nuestro pueblo y los religiosos; y de las tareas docentes a que se dedicaran los franciscanos en siglo XVIII. 2.-¿Labor docente? -Labor docente, si señor... Y nada menos que en el siglo XVIII. La cosa de la enseñanza por los franciscanos, aquí en nuestro pueblo, es cosa que viene de largo... Ochenta libras anualles se asignaban a la Comunidad por ocuparse de este menester. Luego, con la exclaustración... 3.-Acabó todo. -Pues verá; no del todo. Y digo que no del todo, porque durante algunos años y en el local habilitado en la misma Ermita de la Sangre -cuyo emplazamiento ocupa hoy la Casa de la Real Acequia- siguió dando clase a los pequeños carcagentinos, el franciscano exclaustrado, Padre Cervera. Vivía el hombre con las ochenta libras anuales que antes percibía la comunidad y... seis céntimos semanales por alumno. No creo se hiciera rico el padre... 4.-Ya desde entonces, hasta hoy... -Un buen salto en el tiempo, hasta la fundación del actual Colegio en el año 1923. Se han sucedido luego ampliaciones y reformas que han culminado en el flamante edificio que se está ultimando. 5.-En la evolución del Colegio, ¿qué personajes considera con suficientes méritos como para ser destacados por usted? -Yo pondría, en primer lugar, al Rvdo. Padre Francisco Ferrer. Fué el alma, corazón y nervio del Colegio actual... ¡Lástima no haber nacido con unos siglos de anticipación! Habría entrado en la Historia por la puerta grande... Otras personalidades relevantes... las ha habido, las hay y las seguirá habiendo... Permítame las silencie... No quiero herir la modestia de nadie. 6.-¿Estima que los datos que la historia del Colegio pudiera suministrar, serían suficientes, por su número e importancia, para un ensayo de monografía sobre el mismo? -Creo que sí. No sé el volumen que pudiera alcanzar. De lo que no me cabe duda es de interés. 7.- Siendo ello posible, y si es cierto también que, los hechos menudos, más que los grandes acontecimientos, constituyen la verdadera historia de una nación, ¿valdría la pena acometer semejante empresa? -Debería intentarse. Nosotros, los valencianos, decimos -con perdón del Padre Alberto- que «tota pedra fa paret»; y yo soy de los convencidos de que, todo gran acontecimiento está constituído por miríadas de nimiedades... o que por tal se toman. Las grandes batallas o las fabulosas conquistas tan estimadas por los historiadores pretéritos, acaso se dieron o se llevararon a cabo por alguna anormalidad fisiológica de los que las realizaron. Una deficiencia en cualquier glandulilla de secreción interna puede muchas veces abocar a cometer barbaridades al individuo de ánimo más templado. Parece ser que, a las horas presentes la Historia se ha bajado de las ramas a que se subiera para otear sucesos de relumbrón y trata de bucear en las raíces que alimentaran aquellos aconteceres. Concretándonos al Colegio, estimo que, si se ha de hacer una monografía como Dios manda y el Colegio se merece, habrán de figurar, junto a los hechos más notables por su proyección al exterior, aquellos hechos, en apariencia nimios, que son sin embargo la sal de un buen relato. Y un pellizquín de sal, no hará mejor a un cocido, pero siempre librará de aparecer soso. Figuren pues, en buena hora, los Rectores y religiosos más señalas
por su virtud y ciencia... Pero no me olviden -es un ruego- a Fray Maseo,
pongo por caso, a Fray Sebastián, ni a Fray Andrés... ni
a D. Aníbal. Que a Fray Maseo debemos los carcagentinos el airoso
remate de nuestro campanario; y Fray Sebastián, tan corpulento
de cuerpo como niño de espíritu, ha sido el hermano más
bueno que hemos conocido siendo niños; y Fray Andrés, rozando
la linde de la santidad, ha sido para nosotros la humilde encarnación
del verdadero espíritu franciscano; y a D. Aníbal, portero
algún tiempo del Colegio, le daba también al hombre por
la literatura... y el espíritu de clase me empuja a pedir plaza
para su nombre en la futura monografía...
|