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Al habla con D. Enrique Pedrós Fernández

-Tengo entendido que figura Vd. entre los Profesores más veteranos que ha contado nuestro Centro. Conocedor, por tanto, de los problemas que aquejaron al mismo durante años, ¿podría anticiparme si las reformas precedentes sufridas por el edificio, tuvieron alguna vez la envergadura de la presente?

-Efectivamente; estoy desde muchos años vinculado al Colegio, tanto por haber colaborado en su Enseñanza desde la potsguerra, como por ser padre de dos alumnos que se graduaron en él. Todas las reformas que se han llevado a cabo, incluso el Grupo de Primera Enseñanza e Ingreso, han sido motivadas por la más acuciante necesidad de ajustarse, dentro del espacio dísponíble, al creciente aumento de matrículas. Con el magnífico Grupo de Primera Enseñanza, y teniendo en cuenta que actúa como «incubadora» del Bachillerato, todavía se agudizó más el problema. Ninguna reforma anterior, ni aún esta última, con ser de gran importancia, ha tenido, evidentemente, la magnitud de la presente.

-¿Añora el Colegio desaparecido?

-En las cosas que, durante tantos años hemos colaborado de buena fe y en cuya empresa y quehacer diario han ido floreciendo nuestras ilusiones, es preciso que dejen huellas imborrables en nuestra alma, conservando de todo este tiempo gratos recuerdos.

-Las ventajas que implica la modernización del Centro ¿bastarán para suplir los motivos de tan justa añoranza?

-En el viejo aforismo «renovarse o morir» está contestada esta pregunta. A mi modo de ver, era precisa e inevitable esta reforma desde el punto de vista de la subsistencia del Colegio. Para ir venciendo, a través de cada curso académico, las crecientes necesidades de acoplamiento por falta de espacio, ¡cuántas preocupaciones y contrariedades han tenido que superarse!

-¿Las obras que se llevan a cabo, obedecen pues, a alguna urgencia que planteara la marcha, ascendente del Colegio o a simple ley de renovación?

-Era imprescindible renovarse, precisamente por esa cosa cierta de falta de espacio vital particularmente en las clases. Se hacía muy difícil enseñar con eficacia una materia cuando el profesor tenía que explicarla en local insuficiente o, mucho peor tener que preguntar en el Salón de Estudios, algunas veces en presencia de otros colegiales ajenos a la asignatura. Continuamente, en el transcurso del año escolar, tenían que practicarse reajustes y combinaciones. En las reuniones mensuales del Claustro de Profesores, era frecuente el estudio de estas cuestiones; problemas que por desgracia, nunca se podían solucionar afortunada y satisfactoriamente.

-¿Estima, pues, que la capacidad con que se dota ahora el edificio ha de responder al aumento creciente de matrículas?

-Si contamos con que últimamente eran unos doscientos los alumnos de bachillerato, aparte de otros más de primera enseñanza e ingreso que ya disfrutan de un excelente local, y que la actual edificación podrá albergar cumplidamente unos trescientos, creo que, atraídos por la amplitud y magnificencia del nuevo Colegio, modernización de servicios y material, repercutiendo todo en la eficacia pedagógica, pronto llegarán escolares que actualmente se dispersan por otros Centros de la capital para llenar ese hueco.

-¿Alguna observación personal suya?

-No quisiera terminar esta entrevista sin dedicar un piadoso recuerdo al R.P. Luis Mª Torres que, conocedor del problemaa hizo construir el Grupo de Primera Enseñanza, y fue el promotor de la ampliación total del Colegio. Nuestra gratitud al R. P. Anselmo Martí, al actual P. Rector y a todos los que colaboraron en aquel ambicioso proyecto que ha hecho posible esta magnífica realidad como es ya la grandiosa edificación que ha de llevar el nombre de Colegio de «San Antonio de Padua», orgullo de la Orden Franciscana y honra de nuestra Ciudad.