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Minerales. Excursión del 5° Curso

Estábamos situados frente a la fachada del colegio. Mientras terminábamos de prepararnos, llegó nuestro profesor de Ciencias Naturales del colegio y después de fotografiarnos junto al Reverendo P. Rector, se inició la salida en bicicleta.


Hacía un día magnifico. El sol tostaba fuertemente las espaldas de los excursionistas. Llegamos a Puebla Larga sin ningún percance, juntándose a nuestra expedición nuestros condiscípulos de esta ciudad. El camino hasta nuestro destino, Manuel, fué mucho mejor por ser la carretera esfaltada. Llegamos perfectamente y después de haber dejado nuestros medios de locomoción en un parador, nos dispusimos a emprender la marcha.

Pronto llegamos a las salinas, pasando por el cuartel del 2° Regimiento de Zapadores y Mineros. Subimos por las montañas en busca de minerales y sin mucho tardar encontramos yeso, cuarzo, Jacinto de Compostela, etc. Poco después encontramos unas larvas procesionarias, que se dirigían a un lugar adecuado donde hacer unos capullos realizando la metamorfosis complicada. ¡Es la naturaleza con sus formas caprichosas¡ Seguidamente arribamos a la fuente amarga y después de refrescarnos, volvimos por en medio de los pinos a nuestro punto de partida. Los efectos de la nieve se han hecho sentir en las montañas de Manuel y su contorno. Descuartizó muchos pinos que yacían en tierra postrados. Otros quedaban rasgados por la mitad.

Régresamos hambrientos todos, al parador donde habíamos dejado nuestras bicicletas. En este lugar comimos y lo pasamos muy divertido amenizando con chistes la comida. Terminada esta, fuimos a ver todos los estratos con sus anticlinales y sinclinales que había en la estación. Unas fotografías nos recordarán siempre esta memorable excursión.

Visitamos la casa del Sr. Estruch, admirando algunos hermosos lienzos y frescos; algunos de ellos estaban un poco estropeados por estar en las paredes de una antigua casa de labradores.

minerales

Una excursión a Manuel con el profesor de ciencias para ver yacimientos de minerales, y como eramos los mayores nos dejaban fumar a todos.

A continuación hicimos la visita al Stmo. Sacramento y luego nos dispusimos a salir del pueblo.

En Puebla Larga hicimos una parada viendo un garage que había sido derrumba por la nieve. Antes de emprender el camino de vuelta, los papás de Moscardó nos obsequiaron haciéndonos recuperar las fuerzas.

Después, Carcagente: meta. Fin de ese día que nos llenará de gozo cuando venga a nuestro recuerdo.

AGUSTIN CALATAYUD
5º curso

Excursión al Monasterio de Piedra

Bien merece, por lo que vistes, una vuelta por Aragón, aunque fuera en días de frío. Casi nada, m¡ amigo, caminar por las calzadas romanas, itinerario de Antonino, sin polvo, ya de asfalto, para llegar a César Augusta y saltar a Bílbilis y mandar en el Jalón y en el Jiloca y pasar por los campos donde lucharon Meterio y Sertorio. Que habías dejado atras Daroca, cuyo nombre te trajo a la memoria el milagro de los Santos Corporales, ahora guardados en relicario de oro, delicado trabajo gótico con preciosa cadena de gruesos eslabones, hecho con el primer oro que vino de América, regalo de los Reyes Católicos. Y más atrás, Teruel, donde te enseñaron las momias de los infortunados Juan Diego Marcilla e Isabel Segura, «Los Amantes de Teruel.» Que ya antes habías pasado junto a Sagunto y en los crestones de sus cerros habías visto las ruinas de su castillo, después de recrearte en la contemplación de los huertos de naranjos, que habías tardado más de una hora en atravesar a buena marcha del autobús.

Muy de mañana salimos del Colegio; por guías los Padres; íbamos al Pilar y al Monasterio de Piedra. Mucha ruta y poco tiempo. La eterna pelea entre el tiempo y el espacio. ¿Quién vencerá? Conjugamos nuestra buena voluntad y se estableció la paz; todo lo vimos y para todo hubo tiempo.

Correr por los huertos valencianos, dejando atrás la mejor tierra del mundo y torcer junto a Sagunto y empinarnos para ver Teruel, escalón tras escalón, cual Segorbe, vieja ciudad mitrada con historia y abolengo y luego Viver y la Puebla; todo lo que vemos es vegetación pobre de monte bajo, matorrales chicos que luchan por vivir o morir; pocos pájaros; dicen que en estos montes abundan las perdíces.

TERUEL. Yo sabía de Teruel por el cine; su Obispo Mártir, lo de la guerra. Parece una ciudad nueva, bien lo merece. El Torico; sus calles limpias; buenos edificios. La gente debe ser buena, al menos las monjas de San Francisco bien que lo son; en su Colegio comimos y con las chicas que allí se educan y se alojan ¡qué caras tenían las mañicas! Y a salir corriendo, casi sin dar las gracias a las que nos asistieron.

En el colegio de las Hnas Terciarias Franciscanas de Teruel

Después, la calzada romana hasta Zaragoza. Malos campos y dejamos atrás Monreal y Caminreal. Y ahora viene lo bueno que ya manda el Jiloca. En Calamocha hay viñas y frutales y campos verdes de trigo y también en Daroca y Qariñena, después...

ZARAGOZA. La hora del paseo, anochecido; la gente que va y viene, se descansa del trabajo, anchas calles, rectas avenidas, suntuosos edificios, iluminaciones, ciudad grande. Nos vamos al hotel, hay que cenar y descansar, pues la jornada ha sido de «aúpa». El sueño. Despertar.

Arriba, estamos en otro día. La gente busca el trabajo. Nosotros, la Catedral. El Pilar. La Virgen.

Delante del Pilar de Zaragoza

En la plaza del Pilar de Zaragoza (Vea más grande)

Oímos Misa y a los pies del Pilar Santo sobre el que descansa tan excelsa Señora, rezamos. Compramos medallas y recuerdos. A mí me parece el Pilar un gigantesco árbol, regado por el Ebro, de hojas perennes y con cosecha continua. ¡Cuántas gracias concederá la Señora diariamente! Recuerdo imborrable. ¡El Pilar!

Serán las once, el autocar espera. En marcha por estas tierras donde impera el Jalón. Ricas huertas.

Pasamos por la Almunia de Doña Godina y después Calatayud. No vi a la Dolores ni pregunté por ella. No quise entrar en el hotel; en una plazuela me distraía mientras los otros comían. Tiene historia Calatayud y ciudad monumental, la Colegiata de Santa María La Mayor, antigua Mezquita Arabe y la Colegiata del Santo Sepulcro y la Iglesia de San Pedro de los Francos, con portada de mundial renombre. Estamos en la Bílbilis Augusta, que tuvo privilegio de acuñar monedas. En este Calatayud el Antipapa Benedito XIII creó una Academia Tomística, a la que todavía en 1832 asistían más de 200 estudiantes.

En el Monasterio de Piedra

Y otra vez, viajeros, llegamos al Monasterio de Piedra. ¿Qué me dices de la cascada de los Fresnos y de la del Iris y de Pradilla y Trinidad y la Caprichosa y la de la Cola de Caballo? ¿Y del lago del Espejo y Peña del Diablo? Cómo canta allí la naturaleza con voz de gigante la grandeza del Señor y qué himnos más armónicos entonan las aguas en sus saltos de alegría. Pesadumbre me causaron las ruinas del Monasterio; su Iglesia derruída. ¡Señor, qué ingratos somos los hombres! Bien el Castillo y su Torre del Homenaje y el Claustro.

El regreso por Daroca con igual ruta que a la ida. Llegamos al Colegio a las cuatro de la mañana. Era domingo. El P. Blanes celebró la Santa Misa para nosotros. Cuando entraba en mi casa uno de los gallos de la vecindad entonaba un gallardo «quiquiriquí»

Carcagente, Abril 1960

CARLOS MERINO SORIANO
Sexto Curso