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TRAZADORES
Un sistema vivo es un conjunto perfectamente equilibrado de reacciones químicas, que están en contínuo estado de flujo; pero su metabolismo no es un sencillo proceso en una sola dirección, sino complicado en sobremanera. Para mejor comprenderlo imaginemos que la célula desempeña en un organismo el papel de un soldado en un regimiento. Así tendremos que: «cambian, evolucionan y al cabo del tiempo se licencian.» Quizá falte en la analogía dejar de manifiesto la interacción química de dichos componentes, pero la comparación es exacta.
Imaginemos ahora' que se trata de seguir la pista a uno de estos «soldados»; lo indicado sería marcarlo de modo que pudiésemos reconocerlo entre todos. Pues bién, si lo que tuviésemos que saber fuera el comportamiento de un elemento en el interior de una célula, es decir, el camino seguido desde la admisión o asimilación hasta la excreción, utilizaríamos el mismo procedimiento.
Ahora pasemos a la realidad. Las conjeturas anteriores se urdieron hace muchos años, pero nadie las realizó. Hizo falta que en 1896 Becquevel descubriese la radioactividad natural y que en 1912 Frederic y Sody hicieran otro tanto respecto a los elementos isótopos, para que, el que luego habría de ser Premio Nóbel, George Hevesy, con sus amplios conocimientos de una ciencia entonces incipiente y después de infinidad de pruebas-con procedimientos ingeniosísimos y precisos-llegase a «marcar» un elemento alterando su contenido isotópico(nota 1) sustituyendo átomos normales por otros isótopos, pero radioactivos.
En 1923, Hevesy realizó su primer y famoso experimento trazador. Como quiera que dos isótopos radioactivos entonces sólo estaban disponibles en los elementos de gran peso atómico, escogió -en su estudio de la absorción y fijación del plomo por las plantas, un isótopo radioactivo del plomo: el torio B para «marcara el material. Bañó las raicillas de plantas jóvenes con soluciones de nitrato de ploma, mezcladas con soluciones de nitrato de torio B. Por intervalosque variaban de una hora a dos días- quemó varias partes de las plantas y determinó la radioactividad de las cenizas: la medida de ésta, dió la cantidad de plomo fijado por los vegetales tratados en sus distintas regiones vitales.
Han pasado los años, se ha descubierto el neutrón, el hidrógeno pesado, la radioactividad artificial... se han construído ciclotrones y pilas atómicas y se ha llegado a detener isótopos radioactivos en todos los elementos; Hevesy puso la primera piedra -que en este caso es piedra angular- pero el edificio está casi terminado. Digo casi, porque seguir la pista del elemento marcado es más difícil para el químico, que para el perro la persecución de la liebre y es que la liebre corre veloz... pero entre matas y piedras, es decir, que para hacer una comparación exacta habría que hacer que el galgo nos trajese una determinada liebre entre un centenar de ellas que zigzageasen ante los ojos de un solo animal. En efecto, el, problema actual -a medio resolver- es preparar el compuesto marcado» de modo que no pierda la «marca», sea por una excesiva dilución en el mismo material que ya existe en el organismo, sea por la interferencia de procesos bioquímicos no conectados con el proceso estudiado.
En general la consecuencia será que el átomo «marcado» irá dejando «tarjeta» en los rincones metabólicos por los que pase; esta tarjeta se recogerá con detectores de radioactividad que suelen ser cámaras más o menos modificadas del Geiger-Müller.
En la práctica, esta teorización se ha traducido en la creación de la Bomba de Cobalto. Hoy se practica la cobaltoterapia como un modo más de radioterapia, en que el foco productor de, la radiación es una pequeña cantidad de radiocobalto (cobalto radioactivo o radioisótopo de cobalto) pero de enorme potencia: mil curies (nota 2) (equivalentes a mil gramos de Radio.) Si tenemos en cuenta que un aparato de Rayos X de potencia diez veces la normal (es decir, de unos dos millones de voltios) sólo daría una dosis de radiación, que equivaldría a la décima parte de la de la Bomba de Cobalto, tenemos materializada su increíble potencia. Además se ha comprobado que la dosis superficial (es decir, la que recibe la epidermis de la parte tratada) es menor que la originada seis u ocho milímetros bajo la piel, por lo que se elimina en gran parte el peligro de dermitis.
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Es interesante observar que el protagonista -por así decirlo- de los procesos estudiados, es el radioisótopo. En el artículo anterior quedó bien patente cuáles podían ser las consecuencias de las radiaciones absorbidas, por eso es edificante y hace que lágrimas de gratitud bañen las pupilas dilatadas por el miedo a la guerra atómica, ver que la enorme fuerza de la atomística vaya encauzándose hacia fines pacíficos. La Humanidad -o mejor los dirigentes de esos grupos llamados Naciones- parece darse cuenta que es preferible apuntar a la Luna, que apuntar entre ceja y ceja; buscarse nuevos horizontes, que convertir los conocidos en los muros de un gran cementerio.
JOSE MANUEL GARCIA CONCA
A. Alumno.
(1) Es sabido que los elementos son conjuntos de átomos «idénticos químicamente pero de distinto peso» y estalidad. Sustituyendo uno de éstos por otro «idéntico químicamente pero de distinto peso» y, además, capaz de emitir partículas, tendremos el isótopo radioactivo de dicho elemento.
(2) Es sabido que el Radio emite partículas (la radioactividad se refirió concretamente al Radio en los primeros tiempos) de modo que en 1 segundo 1 gramo de Radio emite 3'7. 1010 y de ahí se define: 1 Curie = 3'7 · 1010 desintegraciones/segundo.
