Portada > Del Colegio > Curso 59-60 >

Filología y exégesis

Todo hombre, por el hecho de vivir entre las cosas reales y relacionarse con ellas sensorialmente, tiene que sostener un ejercicio continuo de mente sin el cual no sería vida su vida. Hay en el exterior cosas cognoscibles. Incluso nosotros somos cognoscibles. Hasta el propio conocer es cognoscible. Y porque somos sujeto y objeto de conocimiento, nuestra existencia transcurre -o, según otros, se debate- en este juego de sentidos e inteligencia.

Ansiando la Verdad. Queremos conocer la Realidad. Todo nuestro especular se reduce a entresacar de las impresiones falaces lo esencial y verdadero. He ahí el fin de nuestra actividad: la Verdad, el Bien. Pero somos limitados. Nuestro entendimiento se encuentra en cortedad. A pesar de ello, se nos han revelado profundos misterios. Y en el intento de comprenderlos. para «racionalizar» la fe y darle un fútil apoyo intelectual -que nos satisface-, los disfrazamos de explicaciones: de exégesis.

Una parte de la Biblia contiene "párrafos" que a nosotros, los católicos, nos molestan de primera vista. Porque las vemos armas mortíferas en manos de los heterodoxos. Y nos lanzamos a ellos con la loable saña del creyente que porfía explicar sus convencimientos incontrastables. Y los interpretamos con el beneplácito de la razón. Porque Dios premia así a sus fervientes.

Solo que hemos creído arriesgado el darles exégesis puramente humana, taxativamente racional. Pues nuestros alcances filosóficos nos conducían por un valladar de absurdos que estremecían nuestro corazón. Y nos hemos remontado a la Teología. Loable, he dicho. Pero no menos cierto el que, colocándose como hombres, sintiéndose ni benévolos ni apasionados espectadores, cabe investigar, indagar y aclarar con «nuestros simples medios racionales» los intrincados textos que se nos antoja empañan el pulido espejo de las Sagradas Escrituras. Precisamente porque Dios también aprecia el corazón sincero y el ánimo sereno.

Para la citada labor, se nos ofrece íntegra la Filología. «Filología» es una expresión técnica que no debe confundirse con Filosofía. «Filología» está formada por la palabra griega . philos» - «logos», que equivalen a «amante de la lengua.- No es lo mismo que Lingüistica a causa de su objeto formal. Pues en tanto que Lingüistica se dedica al estudio fonético y etimológico de un idioma, «Filología» abarca cuantos conocimientos sean obvios para situar y comprender a través de la Historia un lenguaje. Es más amplio, por tanto, su objeto formal.

Uno de los textos debatidos es el que nos ofrece el Evangelio, según San Mateo, 1,25, y que la Biblia de los éxegetas Nácar-Colunga traduce de esta guisa: «No la conoció hasta que dió a luz un hijo...» Por su parte, el excepcional Giuseppe Ricciotto, traduce así: «Y (él) no la conocía hasta que parió hijo.» Otros han escrito: « Y no la conocía antes de que diese a luz a un hijo. »

Todo parece indicar que José y María consumaron su matrimonio. Que nacido Jesucristo, tuvieron otros hijos según la ley natural. En esto se apoyan los protestantes (como también en el pasaje de los hermanos de Jesucristo -Mt. 12, 4b;-Mc. 3, 31; Le. 8, 19-cuya interpretación ni siquiera mentamos por ser una crasa ignorancia de lo judío) para afirmar la no virginidad de María e incluso la intervención de San José. Sin embargo el texto dice que María fué Virgen, que San José no intervino y que ni antes ni después consumaron su matrimonio. Por las siguientes razones:

1.° En hebreo, leemos «ad»; en griego eos on; en latín donec; en español hasta que. Dice G. Ricciotti que la expresión hebrea «ad» se refiere únicamente al cumplimiento de la acción anunciada inmediatamente antes, prescindiendo de lo que luego sucederá. Así, pues, el que diga que «no la conocía hasta que parió hijo» no quiere decir que luego la conociera. Nos confirman en esto los empleos similares de eos y ad... en Génesis, 8, 7; Salmo 110 Hebr., 1; Mateo, 12, 20; 1Timoteo, 4, 13. Pero vemos por nuestra cuenta que la partícula griega eos on se corresponde con la latina donec; que esta proviene de diem nec; y que en ambos casos la traducción castellana es esta: Y no la conoció mientras no parió hijo; y no la conocía en tanto que no parió hijo. Esto es: hasta que parió hijo (y esto comprende desde la concepción virginal de Jesús en el seno de María hasta su nacimiento.)

San José no la conocía. Pues el «hasta que dió a luz» es el final del -mientras no dió a luz» y el «en tanto que no dió a luz», y hasta ese final San José «no la conocía. » Y no la conoció tampoco después de la misma manera que, cuando traducimos a San Agustín esta frase: «...et inquietum est cor nostrum, DONEC requiescat in te» por... «e inquieto está nuestro corazón hasta que (mientras no, en tanto que no) descanse en Ti» Sabemos que nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en el Señor, y que cuando en El descanse, ya no puede estar inquieto. Evidentemente, San José podía haberla conocido «hasta que dió a luz un hijo», puesto que cabía en sus facultades humanas el engendrar un ser en el seno de María, y lo dado a luz por María podia ser fruto de su unión. Y sin embargo, no quiso. ¿Por qué, pues, había de conocerla si luego no hubo posibilidades de ello, ya que tampoco hubo frutos de ello?

2.° Los verbos griegos y latinos, como herencia indoeuropea, no expresan el tiempo de la acción verbal, sino el modo de ella. No quieren decir cuándo se hace una cosa, sino cómo se hace. El tiempo es secundario. Así, cuando decimos «me escapo», no me escapo en este momento presente y luego dejo de escaparme, sino que «me estoy escapando» o «me escaparé» porque si digo «me escapo esta tarde», es que no me escapo ahora y sin embargo hablo en presente.

Del mismo modo, al decir «no la conocía»„no ponemos término a la acción, sino que indicamos en qué relación estaba José con María: la de no realizarse entre ellos la cópula carnal. Y al añadir que «dió a luz un hijo», el Evangelista nos dice cómo fue de divino el nacimiento de Jesús, ya que San José no intervino porque «no la conocía» ni la iba a conocer. Es como si escribiese: mirad como estaban Ellos y, a pesar de todo, cómo nació Él.

RAFAEL PEPIOL VERCHER A. Alumno