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GRANDEZA DE MARIA

POR VICENTE R. ASENSIO
A. Alumno

Los estudios cristológicos heterodoxos de otros tiempos quisieron rebajar a un segundo plano, casi olvidado, la acción maravillosa de María.

La piedad, para ser verdadera, ha de ser cristo-mariana, porque así lo ha dispuesto Dios al establecer esta divina asociación y porque así lo enseña el magisterio de la Iglesia.

Por esta causa debemos rendirle el culto debido como Madre de Dios y Madre nuestra, teniendo obligación de ensalzar todas sus virtudes, toda su grandeza.

María es la expresión de la humildad; recibe alabanzas, pero Ella todas las transfiere a Dios, a El sólo quiere que se le tribute todo honor y gloria. Dice María en el Magnificat: "Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu está transportado de gozo en el Dios salvador mío, porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava." Las notas de este canto son el éxtasis de la humildad de María; es el canto más esplendoroso de todos los que contiene la Sagrada Escritura.

Es, María, acopio de fe y esperanza, estupenda caridad y amor de Jesucristo. Su prudencia brilla en toda su vida y principalmente en la Anunciación. Su fortaleza singular resplandece muy especialmente en la Pasión. Su moderación, su templanza y sobre todo su castidad son extraordinarias; parece ser que desde su niñez hizo voto de castidad y fué siempre tan pura y virginal, que se le llama la Virgen y la Virgen de las Vírgenes. Las prerrogativas que tuvo son muchas: un gran conocimiento de Dios y ciencia comunicada por el Señor; una unión perfectísima, la mayor que ha habido en esta vida con Dios; una seguridad de no pecar ni mortal ni venialmente; una grandísima actividad para merecer gracia y gloria, que la hizo santísima al fin de su vida en un grado estupendo. Todas estas virtudes las practicó de la manera más perfecta posible.

Por una mujer nos vino la muerte y por otra, la vida; por causa de Eva tuvimos una perdición y por la de María, la salvación.

Gran contraste es el que existe entre Eva y María.

En el transcurso de los tiempos y con la ayuda misericordiosa de Jesucristo, podemos afirmar que María, baluarte de la fe cristiana, exterminadora de la perversidad herética, es Inmaculada, es Madre de Dios, es Virgen y está en el Cielo en cuerpo y alma, cuatro verdades fundamentales en la vida cristiana.

Y por último, cabe decir, que el culto rendido a María en el seno de una familia ejerce un beneficioso influjo unificador y establece un vínculo suave y armonioso entre todos los miembros de la casa.

Incrementemos el culto a la Virgen María.

El Mercado Común

En una de las reuniones de la C. E. C. A., celebrada en Messina del 31 de Mayo al 2 de Junio de 1955, como consecuencia de la Memoria de los tres gobiernos del Benelux, se aprobó la creación de una comisión que debería estudiar las bases para una cooperación económica más estrecha. Su sede se situó en Bruselas bajo la presidencia del ministro de Asuntos Exteriores de Bélgica Sr. Spaak.

Después de varias reuniones, fue aprobado el proyecto del Mercado Común, en Roma, el 25 de Marzo de 1957.

Está integrado por los mismos países de la C. E. C. A., o sea: Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Italia y Luxemburgo, con una superficie de 1.16 . 133 km.' y una población de 163.494.000 habitantes.

Por lo que respecta a los fines de esta Comunidad, diré que vienen reflejados en el artículo 3.° del Acuerdo de Roma, en cuyo análisis no nos vamos a detener. Baste por ahora señalar que está fundado en

A) la unión aduanera de los países miembros, medida que se completa

a) Con la libre circulación de personas y de capitales, aunque esta última no lo sea de forma absoluta por no serlo la convertibilidad de las divisas dentro del Mercado Común.

b) Con la unión aduanera, y una vez transcurrido un período de transición, del que ahora hablaremos. los países que lo constituyen podrán cambiar entre sí todos los productos libremente y, en cambio, los que provengan de otros países, serán sometidos a un arancel común.

B) La integración económica de los países miembros.

Para conseguir este objetivo, los paises del Mercado Común habrán de adoptar determinadas medidas que están relacionadas con la concurrencia, que no deberá ser falseada; así vemos que todo lo, que sea protección por el Estado a diversas empresas queda prohibido. Tal es el caso de los monopolios, imposiciones en los precios de las transacciones, etc. Además se habrán de tomar medidas de Política monetaria, social, comercial... con lo que se espera que estos países vengan a ser como un todo y no una unión meramente nominal.

C) La incorporación de los territorios de Ultramar.

Hay que señalar también que según el Acuerdo cada Estado miembro practica la política económica necesaria para asegurar el equilibrio de su balanza global de pagos y para mantener la confianza en su moneda velando siempre por asegurar un alto nivel, de ocupación y la estabilidad de los precios bien entendido que con esto no se trata de prescindir de una coordinación de las políticas económicas que, como hemos señalado, resulta necesaria para el cumplimiento de dichos objetivos.

Como se desprende de lo dicho anteriormente, la instauración de este Mercado Común no se podía hacer de la noche a la mañana, eran necesarias una serie de modificaciones. Se establece, pues, un período de transición, dividido en tres etapas de cuatro años cada una, cuya duración puede ser modificada de acuerdo con algunas condiciones, pero siempre tendrán que cumplirse los objetivos propios de cada etapa, siendo la duración máxima de este período, 15 años.

Por lo que se refiere al ingreso en el Mercado Común de nuevos Estados, el artículo 237 dice que «cualquier Estado europeo puede solicitar su ingreso en la Comunidad. Presenta su solicitud al Consejo, el cual, después de conocido el informe de la Comisión, se pronunciará por unanimidad».

«Las condiciones de admisión y las modificaciones del presente tratado, que ella traiga consigo, son objeto de un acuerdo entre los Estados miembros y el Estado solicitante. Este acuerdo está sujeto a la ratificación por parte de todos los Estados contratantes según sus respectivas normas constitucionales. »

Sin embargo esto no quiere decir que la única solución sea el pertenecer o no a esta Comunidad, ya que el artículo 238 permite el establecimiento de una asociación especial entre el Mercado Común y un estado determinado.

Esperamos que este espíritu de unificación, tanto política como económica, que ha vuelto a cobrar vida en nuestros días, llegue a agrupar a los diversos estados europeos, ya que como dijo el Ordenador General de Pagos británicos Mr. Reginald Maudling: «La presión del mundo comunista es tal que no podemos ser tan estúpidos que vayamos a luchar entre nosotros mismos. Precisamente lo que tenemos que hacer es unirnos para luchar juntos contra el exterior».

JOSÉ L. ANDRÉS