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Primera comunión de nuestros alumnos
El día 31 de mayo, el Colegio se vistió de gala, la bullanguería estridente de los días escolares había desaparecido. Un retozar de íntimo y entrañable gozo se hacía visible en todos nuestros peques. Algo extraordinario estaba sucediendo; pronto apareció a la vista de todos, como nube de blancas palomas, en perfecta formación, treinta alumnos del Colegio ataviados con los ya clásicos trajes de Primera Comunión.

La alegría subió de punto, el unísono repicar de palmas y corazones anunciaban el gran acontecimiento. Por primera vez estos treinta niños recibirían en sus corazones de ángeles y de santos, la visita del Dios Eucarístico. La iglesia de San Francisco, abarrotada de fieles (familiares y simpatizantes) aparecía con todas sus galas e iluminación; numerosos ramos de flores expandían por el templo la fragancia de su aroma. En sitiales preferentes, se colocaronlos niños de Primera Comunión, acompañados de sus padres. Ofició en tan solemne acto el Rvdo P. Rector. La misa fué armonizada con orquesta.
A José María Valcerde
"Voy contando mis años por relevos de rosas" (D. José Mª Valcerde)
| He rezado, en voz baja, tu «salmo de las rosas. » Lo he rezado despacio, porque es frágil su loza y su perfume tiene la verja quebradiza. Oh, no sabes la espesa sensación de ternura que me ha cruzado todo el ser de orilla a orilla. Yo también me he sentido rosal y primavera; había claridades de rosas en mis manos y alientos perfumados llenándome la boca. Oh, no sabes, no sabes con cuánta parsimonia he seguido las blandas pisadas de tus versos sobre el mullido paño de tus rosas recientes. No sabes la sedosa suavidad que ha rozado el borde tembloroso de mi estremecimiento. Por eso he imaginado lo grato que sería ir contando mis años por relevos de rosas. Mayo entonces sería la portada a colores de cada ejemplar nuevo de mis años que quedan, y un día formaría la colección entera para irlos, uno a uno, leyendo y recordando. Es suave esta tristeza de saberse en declive hacia cotas profundas de oscuridades prietas, pero Cristo era un Hijo de Dios y declinaba. Yo no quiero ocultarme de la muerte. Prefiero irle al encuentro, inmerso en mi cerco de rosas. Yo no quiero ocultarme de la muerte. Por eso, para que no me apenen sentimientos de luto, he rezado en voz baja tu «Salmo de las rosas. » |
Fr. ANGEL MARTIN, ofm
