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Las Cofradías Franciscanas en sus desfiles de Semana Santa

GRATA VISITA

El P. Rector y el P. Maestro de los Seminaristas franciscanos estudiantes de filosofía y personas simpatizantes

Los estudiantes, agradecidos a nuestras atenciones, nos obsequian con cantos folklóricos

BODAS DE ORO DE UNA FUNDACION

Por SOLERIESTRUCH

Oro y azul y blanco y plata, sobre el campo del escudo que en el corazón nos iba labrando aquel acontecer de la mañana endomingada.

Oro de sol, -que más que el oro vale- esmaltando gozosamente el cacho de patio del Asilo, y un trozo del claustro y hasta la fachada de la capilla. Oro de sol y azul de cielo. Y también una franja azul en los uniformes de las pequeñas acogidas al amparo del Asilo de Nuestra Señora de los Desamparados e Inocentes, en la solemnidad conmemorativa de su día...

Sobre el azul del cielo, el albo vellón de las nubes ensayando esperanzadas singladuras; sobre el azul de los uniformes, la nota cándidamente blanca de aquellas diecinueve tocas religiosas reunidas en el patio...

¡Diecinueve tocas blancas! Albos lienzos con un estremecimiento de ala escondida en su leve fragilidad y, en ella, un recatado latido de Amor transmutado en Caridad... ¡que es el Amor más alto! Blancos esquifes para ir surcando las aguas procelosas del diario vivir,' frágiles navecillas expuestas a inevitable zozobra de no llevar a Dios como experto timonel y el Amor al prójimo en la misma tajamar...

¡Oro y azul y blanco! Oro de sol, ázúl dé cielo, blanco de nube, de religiosas tocas... Y blanco también, en el busto erigido a la fundadora del Asilo; casta albura del mármol... ¡Y platal Cantarina plata en las columnas de cristal que en homenaje humilde levantaba- el agua...

¡Ay; qué buen rey de armas es el corazón, si se le llega el sentimiento con tan heráldicos esmaltes...! Oro de sol, plata del agua, azul de cielo, blanco de nube... En el centro del pequeño patio, el busto de la fundadora, realizado en mármol por el artista D. Rafael Giner. En el pedestal que le sirve de soporte esta inscripción:

A DOÑA AMALIA BOSARTE Y TALENS
FUNDADORA DE ESTE ASILO
XXVIII - XII
MCMVIII - MCMLVIII

Estuvieron presentes, con motivo de la inauguración de este pequeño monumento levantado por la gratitud a la fundadora del Asilo de Nuestra Señora de los Desamparados al cumplirse los cincuenta años de la fundación, las autoridades eclesiásticas y civiles, y la Junta de Gobierno y un público numeroso que llenaba el patio y el claustro alto y bajo...

Pasaba a cada instante Sor Alicia. Andaba Sor Alicia un tantico apurada, disponiéndolo todo, saludando a todos, atendiéndolo todo. ¡Bendita Sor Alicia! ¡Diligente Sor Alicia! ¡Simpática Sor Alicia! Ocho superioras le han precedido a Sor Alicia en el difícil cargo: Sor Teresa, Sor Juliana, Sor Concepción, Sor Gregoria, Sor Prima, Sor Benigna -quién no recuerda a Sor Benigna?- Sor Juana y Sor María Luisa. Nos era grata la presencia de esta buenísima Sor Alicia; como nos lo era la de Sor Benigna y nos lo hubiera sido también la de todas las superioras habidas, de haberlas alcanzado a conocer.

Limpia como los chorros del oro aparecía la capilla del Asilo. La grave sonoridad del solemne TE DEUM llenaba el cristal del aire y se derramaba por todo... Iban y venían luego, las endomingadas mantillas, las blancas tocas de las Hijas de la Caridad... y el laurel esponjaba su gozo de verse dispuesto en guirnaldas a lo largo de los pasillos, enmarcando el patio...

La voz de la pequeña Carmen Juncos nos recitaba luego:

"Cincuenta son los años que han pasado...
Años gloriosos para tan breve historia.
Por tu Amor, el Asilo levantado
guardará para siempre tu memoria,
pues las niñas que en él se han cobijado
son muestra de tu noble ejecutoria.

¡Que el bién que ha recibido Carcagente,
perpetúe tu nombre eternamente!

«Bendita pues, la Santa Providencia
que así movió tu inmenso corazón.
La Caridad, que es de Virtud, esencia
de las que Hijas, las Hermanas son,
con su labor constante y su paciencia
han hecho grande tu santa Fundación.

¡Bendita tú y benditas las mujeres
de las que tú, modelo también eres!

«Perpetuar tu amor y tu hidalguía
es el fin del sencillo monumento
inaugurado en tan hermoso día,
para que siempre en todo momento
veamos en tí, de atas virtudes guía
y no tan sólo el material sustento.

¡Bendita imagen, la que al fin campea
para que norte de tus Hijas sea!

Debieran haberla oído todos... A la misma puerta de la capilla del Asilo el reverendo Clero de las parroquias carcagentinas; a la derecha, las comunidades religiosas, nuestras primeras Autoridades; a la izquierda, las Hijas de la Caridad con las pequeñas asiladas... Hablaba el reverendo señor Cura Párroco de la Asunción; había un temblor de emoción en sus palabras y un leve estremecimiento sacudía los espíritus de los presentes. Parecía como si un soplo de brisa inmaterial fuese llenando también las velas de aquellos diecinueve esquifes blancos que, en el pequeño patio del Asilo, soñaban tal vez célicas navegaciones sobre el mar azul y bonancible de los uniformes de las pequeñas asiladas... Y uno se ponía a mirar los rostros de estas benditas Hijas de la Caridad, que aparecían bajo el halo luminoso de las blanquísimas tocas... Rostros juveniles y bellos; rostros maduros y hermosos, macerados por el paso de unos años saturados de abnegados desvelos... Y también rostros marchitos, pero con aquella llamita de un Amor inextinguible ardiendo aún en el fondo de las cansadas pupilas...

El agua de los surtidores ofrecía su canción como música de fondo... Esplendía el sol, el azul del cielo, la blancura de las nubes. El agua pulía en la luz la plata de sus gotas... ¡Qué cuatro esmaltes para un emblema sobre el corazón! En el patio del Asilo, frente a la capilla, el monumento que pretende eternizar, plásticamente, la memoria de la fundadora. En el aire, el ozono indicador del paso de una sacudida emocional. Mas, sobre todas estas cosas, ¡aquella nota blanca de las tocas destacándose limpiamente sobre el azul de los uniformes de las pequeñas! ¡Aquellas tocas de inmaculada blancura, enmarcando la ascética palidez de unos rostros que llevan escrita la decisiva renuncia a todo cuanto de grato pueda brindar el mundo, para avenirse a ser nada más... ni nada menos que eso: HIJAS DE LA CARIDAD que vale tanto como decir HIJAS DEL AMOR. Pero del Amor con mayúscula... Que es como hay que llamara Dios, cifra, cima y compendio de todos los amores.