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LUCES Y SOMBRAS (DEPORTE)
Por Fr. José Luis Llano Rosas
En lugar prominente del monte Janículo (Roma), lanza un faro, a golpes alternos, un puñado de dardos luminosos. Se suceden las luces y las sombras con regularidad, como si hubiese entre ellas un convenio de relevo en la vigilancia del espacio.
La conveniencia del deporte de los jóvenes se halla hoy en día tan controvertida, que muy bien pudiéramos comparar el deporte al faro del Janículo: A las luces de los optimistas suceden, con oposición sistemática y regular, las sombras de los pesimistas.
Parados ante el fanal de ese faro contemplemos, mientras gira, su rápida proyección de luces y sombras:
UNA LUZ: El
deporte-sienten unos-ha sido dado al hombre como espontánea y fundamental
providencia de entrenamiento y aprendizaje de la vida. Los ineptos para
toda labor manual o intelectual, los llamados abogados de secano, lo son
porque no jugaron de pequeños: Se pasaron el recreo inmóviles,
en un rincón, como momias de museos.
UNA SOMBRA: El
deporte-vociferan, sin embargo, otros-es aprendizaje de hombres animales:
Allí se dan de patadas, se disputan una pelota o un premio como
lobos la carnaza.
UNA LUZ: El
deporte-precisan algunos-es forja de virtudes sociales: en él aprende
el niño justicia e imparcialidad al fallar aun en favor del partido
opositor; aprende obediencia y disciplina porque acata órdenes
de un árbitro, y, finalmente, adquiere conciencia colectiva porque
ha de hacer cesión de sus miras particularistas en beneficio del
conjunto.
UNA SOMBRA: El
deporte-prorrumpen al momento otros-es forja, sí, pero de tunantes,
porque ¿dónde han tenido su entrenamiento los escamoteadores
de lo ajeno, los violentos, los profesionales del fraude, sino en sus
juegos llenos de exaltación y de trampas?
UNA LUZ: En
el deporte-consignan unos- se multiplican los actos de decisión
de esfuerzo mental y así salen de allí hombres de aguda
inteligencia, rápida comprensión; de voluntad engarzada
al sacrificio como cuenta a su alambre.
UNA SOMBRA: ¡No
tall-proclaman otros-. El deporte, por el contrario, aniquila el espíritu
de trabajo. Aficiona al pasatiempo. Hace perder la ilusión por
lo transcendental y reduce el campo de la inteligencia a un mundo superficial
de lances de pie o pelota.
¡ELIJO LA
LUZ!
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En esta controversia tenaz de pros y contras sobre el deporte, creo que, indudablemente se ha de elegir la luz:
Porque las opiniones de los que denigran el deporte son parciales y poco científicas, a más de pesimistas.
Porque «el juego -son palabras de Gemelli-responde a exigencias vitales instintivas.» Y sería un absurdo querer sofocar un instinto. Se le puede encauzar; no más.
Porque si tiene inconvenientes, ellos pueden ser obviados fácilmente bajo la dirección de un educador que enseñe la nobleza, el juego limpio, «el fair play.» Cuando el deporte degenera y hace degenerar a los muchachos, no es la culpa del deporte, sino del que no sabe pasar el cepillo de su dirección sobre las aristas selváticas que en 61 asoman. Y, finalmente,
Porque si es detestable el caso de los que pisotean las reglas éticas del deporte siempre será cien mil veces más maravilloso el de los que, con ocasión del deporte, saben dar al mundo una lección de señorío, siendo tan igual su elegancia y dignidad al perder como al ganar.
Opto porque a éstos se les levante un monumento y si nadie se acuerda de hacerlo sepan, al menos, que por dar un aplauso a sus virtudes lúdicas me he molestado, gustoso, en pergeñar estas líneas.
