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FAMILIA y COLEGIO

En la noble y necesaria tarea de la formación integral de nuestra juventud, la familia -en misión natural y propia, y, el colegio en función de legada de la familia- son las dos piedras básicas sobre las que gravita toda la responsabilidad del éxito o del fracaso de la misma. Se impone por consiguiente que, entre padres y educadores -familia y colegio-exista la más sensata compenetración y colaboración en orden a la consecución feliz de su cometido: la sólida educación de los hijos. Hoy más que nunca se precisa en nuestra patria de esta acción conjunta; cabalmente porque más que en cualquier otro tiempo se van acentuando las diferencias del «medio ambiente» del colegio y del hogar. Tal vez los resultados poco positivos que a veces apreciamos en nuestra labor educativa, tengan su causa en la falta de colaboración y entendimiento mutuo entre los padres de familia y los educadores. Porque, es lo cierto, que lo que se gana a este respecto en el colegio, se pierde en muchas ocasiones en casa. Para una labor educativa eficaz y duradera es condición necesaria que el niño encuentre una misma línea de acción, un medio ambiente homogéneo. Que no vea disparidad normativa y ambiental entre colegio y hogar. Porque él, por su edad biológica, está condicionado más que nadie para apreciar estas diferencias que terminan por confusionar sus ideas y sentimientos. Y a la postre, su conducta y comportamiento.

Es preciso responsabilizar más a los padres de familia y a los educadores o maestros. Es necesario crear un cauce normal por el que las familias puedan y deban ser oídas y sobre todo, orientadas en los problemas educacionales de sus hijos. Pero todavía es más vital e imprescindible que la familia, esta familia moderna tan segura de sí misma-no sabemos si
por ignorancia o por liberalismo-sepa cumplir con la misión y el cometido sagrado que Dios y la naturaleza le han asignado.

La familia, como comunidad de vida primera y primaria, exige esfuerzos constantes. Y en este mundo de hoy -en que el criterio de acción es el placer- las renuncias y el sacrificio resultan algo anacrónico y extemporáneo. El concepto de que la vida no tiene exigencias de obligación, sino sólo alicientes de placer y repulsas de dolor, ha permeabilizado la conciencia arenosa e inconsistente de nuestras familias, motivando una auténtica crisis en la institución familiar. Y de rechazo, la correspondiente catástrofe en la educación de la juventud.

El niño experimenta en muchas ocasiones un verdadero choque psíquico ante el contraste fuerte de un reglamento de orden y exigencia morales que se le impone en' el colegio y el «consentimiento» ilimitado que encuentra en casa. Y esto, si no es que halla en sus progenitores una audiencia y defensa complacidas de sus quejas en contra las decisiones y sistemas pedagógicos del colegio. Ante el grave riesgo que esto pueda entrañar, los padres de familia deben recordar que nunca la fuerza de la sangre ha de imponerse a los intereses del espíritu. Ni el sentimentalismo de la carne a la verdad de la razón. La familia debe y tiene que ser la «sede del afecto., Pero sin que se menoscabe nunca la disciplina y resquebraje la autoridad paterna. La jerarquía es ley fundamental en la actual economía del mundo y no se puede obviar ni aun en el recinto de la familia.

Por lo tanto, toda condescendencia excesiva para con los hijos en que periclite la autoridad paterna y el prestigio de los educadores, redunda en un grave peligro para su sólida formación. Y equivale a un atentado contra la disciplina y seriedad que la vida en sociedad postula y que como ensayo preparatorio se practica en el colegio.

Frente a este serio problema que nos plantea la educación conjunta de los hijos, debemos procurar una solución conveniente, intentarla al menos. Si en nuestro empeño nos acompaña el éxito, esa será nuestra recompensa; en el caso contrario, habremos tenido la satisfacción de haber cumplido con un deber moral.

Y la mejor solución-tal vez la única eficaz-es la de encontrar una línea tangencial entre las líneas de acción del colegio y la familia. Solamente así, aunando en apretado esfuerzo y espíritu armónico las actividades educadoras de estas dos instituciones, lograremos nuestro propósito y cumpliremos el deber respectivo: No olvidemos que Dios y la sociedad esperan de nosotros una juventud alegre y sana, responsable de sus actos y amante de su deber. Y que este mañana venturoso y esperanzador no vendrá sin una atenta consideración y dedicación, por parte de nosotros, a la realidad educacional del presente.

P. RECTOR

Fraternidad franciscana

En los libros del archivo de la fraternidad franciscana se señalan los distintos cambios:

21 ags: Se incorpora a esta fraternidad el P. Bernardino Sutil, recién ordenado presbítero en Teruel donde cursó Teología

9 sep: Marcha el Hno Juan Tortosa.

29 sep: Viene el P. José Luis Llano Rosas, procedente del convento de Benisa.

5 oct: El P. Tomás Burgos marcha a realizar estudios a la universidad de Salamanca.

21 nov: El Hno Miguel Espinosa marcha al colegio de Onteniente.

30 nov: Viene el Hno Ismael Andrés, postulante.

30 dic: Viene el Hno Humilde Sanmartín.

1959

El 1 de enero de 1959 la fraternidad del Colegio San Antonio de Padua está integrada por los siguiente hermanos:

Guardián-Rector P. Benjamín agulló
Vicario-Pref. estudios P. Víctor Canet Esteve
  P. Francisco Blanes
P. Bernardino Sutil
P. José Luis Llano Rosas
Fr. Humilde Sanmartín
Hno Ismael Andrés
Hno Ramón Vizcaíno