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Camino de Lourdes

Por Fr. Víctor Miguel Conet, ofm.

EN RUTA...

Día 1 de Mayo. A las 8 de la mañana salimos, en magníficos autocares, camino de Lourdes. La primera parada fué en Valencia, para saludar a nuestra Virgen de los Desamparados.

Van pasando pueblos... Masamagrell. Un breve descanso para cortar el ayuno... De nuevo en el coche. Tras unas horas de viaje llegamos a Teruel. Comimos opíparamente. Admiramos sus torres mudéjares. Los Amantes... y seguimos hacia Zaragoza, deteniéndonos en Daroca para venerar sus corporales. En Zaragoza hicimos noche. Por la mañana, en el Pilar, misa y comunión.

Muchos hábitos franciscanos. Caras conocidas y extrañas que van en busca del grupo con quien se encaminan a Lourdes.

Dejamos Zaragoza y entre las bellezas de los Pirineos, llegamos a Jaca, donde comimos... Canfranc: alegría, nervosismo, nieve en el Pirineo. Cruzamos la frontera y pisamos tierra francesa.

LOURDES

A la caída de la tarde llegamos a Lourdes. Luz, coches, movimiento de gente que va y viene. Grandiosidad. Nos alojamos, con dificultad, en el Hotel Nótre Dame, muy próximo a la gruta.

Velas encendidas, cánticos religiosos, oraciones fervorosas. Sublime, celestial. La Virgen nos mira con alegría: es la gruta.

Una noche pasada en la tierra que se dignó bendecir la Virgen Santísima. El día 3, sábado, lo dedicamos por entero a saciar esa ansia de verlo todo: lugares históricos relacionados con Bernardete, visitar las basílicas, el víacrucis y sobre todo, esa gruta bendita donde los corazones se salen del pecho y se quedan prendidos de ella. Un día rebosante de vida espiritual y de fe.

Milagros, milagros, parece que buscan algunos y yo digo: ¿Qué mayor milagro que esa fe que se palpa? Allí no hay respeto humano. Sólo hay fe y confianza en la Virgen. Por la tarde asistimos a la bendición de los enfermos y por la noche a la procesión de las antorchas. El mejor parangón a estos actos es no comentar nada para no desmerecer su realidad. A las 12 de la noche, celebré la Santa Misa en la cripta, a la que asistieron los peregrinos de Carcagente. Fué un acto de intimidad. Era la una y todos rezábamos a los pies de la Virgen la corona franciscana.

El domingo día 4, al amanecer hicimos el víacrucis y dimos nuestro postrer adiós a la Virgen.

DE REGRESO

Camino de España. Entramos por Andorra. Hicimos noche en Lérida. Al día siguiente comimos en el Monasterio de Piedra, donde pudimos contemplar a placer las bellezas que en ese rincón, encierra la naturaleza.

Carcagente-Lourdes: recuerdo de una peregrinación que ha dejado una huella de amor a la Virgen en cada uno de los corazones que tuvimos la dicha de ver tanta belleza y fe en ese rincón de Francia.