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La Iglesia y el cine

INTRODUCCIÓN

Los maravillosos inventos de la técnica, de que se vanaglorían nuestros tiempos, siendo frutos de una serie de investigaciones, son, a la vez, dones que Dios nos da. De estos inventos, unos sirven para aumentar las fuerzas, otros para mejorar las formas de vida, existiendo otros que, a la par que sirven de distracción, nos ofrecen, bajo formas asimilables, alimento para nuestra mente.

Entre los clasificados últimamente, ocupa un lugar preferente el cine, dado el insospechado desarrollo adquirido en los últimos cuarenta años.

MOTIVOS DE INTERÉS DE LA IGLESIA

La Iglesia, desde un principio, ha acogido favorablemente el cine, preocupándose de encauzarlo debidamente, mediante oportunas normas y orientaciones, como nos lo prueba la carta encíclica del recientemente fallecido Papa Pío XII, «Miranda prorsus», sobre el cine, la radio y la televisión.

Tal solicitud deriva directamente de la misión que confió Cristo a su Iglesia, pues este invento influye decisivamente en la manera de pensar y obrar de la comunidad. Otro de los motivos de interés de la Iglesia por este medio de difusión es el de esparcir por el mundo las verdades de la Revelación, "...porque ella misma -la Iglesia- más que ningún otro ha de transmitir a los hombres un mensaje universal de salvación... » (Miranda prorsus. 8 de Septiembre de 1957.)

EL CINE COMO DIFUSOR DE IDEAS

El cine presenta al hombre en su propio ambiente, con sus flaquezas y sus virtudes. El espectador, en la penumbra de la sala, sumido en un sueño consciente, se funde con las imágenes de la pantalla, viviendo el argumento del film, A su vez, H. Angel, en su obra "El Cine", escribe: "¿Cómo podrá el hombre medio defenderse contra ese flujo hiperpotente, cuya naturaleza se renueva sin cesar?". No cabe duda, por tanto, que la cinta ha de dejar una huella en el espectador, que influirá sobre él poderosamente. Por lo tanto, debemos considerar el cine como elemento difusor de primer orden.

LA DIFUSIÓN DEL BIEN

Dios ha constituido al hombre mensajero, portador y dispensador de los valores espirituales, en beneficio del perfeccionamiento individual y colectivo. El hombre, desde los tiempos más remotos, por su misma naturaleza, comunicó a sus semejantes los bienes espirituales por medio de signos sensibles, que luego ha ido perfeccionando hasta llegar a la técnica actual: "...deben todos los instrumentos de comunicación humana realizar el elevado fin de manifestar que los hombres, también en este campo, están al servicio de Dios" (Encl. Miranda prorsus.)

H. Angel, de acuerdo con estas afirmaciones, conviene en educar al espectador, para que el cine cumpla perfectamente su misión, y así dice: "De ese modo, paralelamente a la enseñanza tradicional de humanidades, que abre el alma de los jóvenes a los valores intelectuales y espirituales, se puede convenir una iniciación al cine que permita a nuestros alumnos descubrir y captar de nuevo esos valores directamente, incorporándolos a sus vidas con mayor penetración.»

LA DIFUSION DEL MAL

Considerando la finalidad tan noble y elevada de este medio técnico, parece ser un absurdo que sirva también para el mal. ¿Cómo se explica que un mismo instrumento pueda tener dos finalidades, siendo éstas, por demás, completamente contradictorias? Investigando una posible causa, vemos, que el mal no puede provenir de Dios, perfección en esencia ni de la misma técnica, por ser, como indicamos, un don suyo. Por tanto, sólo nos cabe pensar que proviene del abuso que de ella hace el hombre. Este abuso consiste en una serie de "films" que, unas veces atacan directamente a la Iglesia y otras, hacen ver la Revelación como una doctrina trasnochada y sin aplicación práctica en la vida moderna.

Sabemos que en ciertas naciones dominadas por el comunismo, se utiliza, por desgracia, el cine, incluso en las escuelas, para hacer propaganda en contra la religión.

LA LIBERTAD DE DIFUSION

Comprobamos, por lo anteriormente expuesto, que con el cine se puede difundir tanto el bien como el mal, y surge ante nosotros el interrogante: ¿cuál de las dos posiciones está en el camino del derecho? La respuesta es tajante: la que difunde el bien. Y un nuevo interrogante aparece ante nosotros: ¿por qué? Hemos dado un paso que nos introduce en el campo de la Filosofía, en el eterno problema del bien y del mal. El bien es, en este caso, todo aquello que nos puede ayudar a alcanzar la vida eterna, supremo fin del hombre; el mal, todo aquello que nos aleja de este fin.

Respecto de la libertad de expresión, son muchos los argumentos que podíamos aportar para demostrar que la libertad no consiste en hacer lo que uno quiere, sino en poderlo hacer todo y hacer sólo lo bueno. Lo contrario sería poner en el mismo plano la verdad y el error y esto es inadmisible. «La libertad omnímoda de expresión significaría la libertad de mentir, de Injuriar, de calumniar, de incitar al crimen. Si estas consecuencias son evidentemente insostenibles, será porque sus principios no son viables.» (R. de Maeztu.)

Comprobado ya que la razón está en una de las partes, ésta tendrá derecho a intervenir en las expresiones de la otra, coartándolas, para evitar sus malignos efectos.

LA CENSURA

La Iglesia, por medio de ciertos organismos creados para tal fin, se preocupa de dar normas prácticas y concretas que orienten al espectador sobre la moralidad de la película y le prevengan sobre los efectos subversivos de índole moral, que le podrían producir. Ahora bien, dada la gran cantidad de cintas de efectos perniciosos, se hace imprescindible la creación de una comisión censuradora, como era el deseo de Pío XII, al decir: «...deseamos que, en todas las naciones donde tales oficinas no existan todavía, sean establecidas sin tardanza y sean confiadas a personas competentes, bajo la dirección de un sacerdote escogido por el Obispo. » (Encl. Miranda prorsus.)