Portada > Del Colegio > Curso 57-58 >

Otoño

Por SOIERIESTRUCH

Del Otoño se ha dicho -y puede que lleven razón- que es la estación más dulce del año.

Los racimos, en la viña, han cristalizado en una gloria de topacios y amatistas; las higueras, a cada golpe del viento, sacuden el amplio follaje de la falda por desprenderse de su prolífica carga almibarada; los naranjos aprestan los tubos de ensayo y alambiques en que verificar el portentoso milagro de convertir en azucarado zumo solar, la juvenil acidez que entonces hinche sus frutos...

Todo, en el Otoño, es dulce, apacible, sedante...

Anda el sol un poco cansado y hasta puede que un tanto arrepentido de la luminosidad tan generosamente derramada durante el pasado estío. Ya su luz no reverbera, hiriente, como en los pretéritos días caniculares. Y, el cielo, muestra entonces, un azul único... Y el sol lo va recorriendo como un fruto áureo, saturado de dulzuras, grávido de melancolía.

Hay también una dulzura deliciosa en el paisaje; una dulzura que se adentra hasta el mismo cogollo de las cosas, luego de haberse prendido en los cromáticos contornos...

Han enmudecido las cigarras. Más que su canto en el estío, es su silencio de ahora lo que nos llena el espíritu de intensas resonancias.

Ya las cigarras fueron callando. No se escucha tampoco el mañanero canto de las alondras. Sólo las golondrinas ensartadas en los hilos telegráficos, acuerdan en jubilosa algarabía la próxima partida hacia más cálidos países...

Este es un tiempo en sazón, henchido con la nostalgia que en sus alforjas esconden las metas concretas próximas a ser alcanzadas...

Este es un tiempo en sazón que, en el lento declinar del año, acaso se ha puesto a soñar ya con futuras gestaciones soterrañas que habrán de florecer en una nueva Primavera...

Este es el Otoño dulce, que amaga en la almendrilla de su existir, un leve dejo amargo de tristeza. Dulce, grávido de melancolías... Y breve.

Con apenas mes y medio de vida... aunque otra cosa asegure el calendario. Que el saber popular nos dice, y dice muy bien, que «entre Todos Santos y Navidad, es Invierno de verdad.» Por ello, acaso, esa premura en las tareas de la recolección, llegado el Otoño. Acaso, por ello, la necesidad de trabajar deprisa, acuciosamente. Otoño es breve y hay que aprovechar su tiempo.

Es la estación en que los maizales se han tornado ya pajizos, a fuerza de concentrar todas las futuras esperanzas en las rubias mazorcas que penden de los tallos; es la estación en que el arrozal no siente reparo alguno en ofrecer la frágil garganta de sus tallos, al acero que ha de abatir la casta gravidez de las espigas curvadas por el peso de la fecundidad; es también la estación de la vendimia, que llega con un regusto mítico de antiguos bacos coronados de pámpanos, acaso deseando eternizarse en cortesano tapiz, como aquellos que pintara el genial aragonés que en vida se llamara D. Francisco Goya...

Mañanas soleadas y tibias, estas mañanas del Otoño. Y atardeceres saturados de nostalgia. Tiempo que Dios nos brinda para que comencemos nuevamente a releer aquellas bellísimas coplas manriqueñas, tan hondamente llenas de humanidad, de eternidad, de tristeza indescriptible...

Otoño es breve y hay que aprovecharlo... Frutos en sazón: nueces y avellanas, manzanas y peras, membrillos y granadas... Las granadas se recogen por San Miguel... Mañanas soleadas y tibias... Instantes cuajados de dulzura, apretados y ensamblados como rubíes en la granada del día.

Las granadas se recogen por San Miguel; los membrillos han perdido la púber pelusilla algodonosa que los recubría y aguardan, áureos y fragantes, ofrecer su carne, al sabio maridaje que en almíbar la convierta...

Peras y manzanas, sueñan con el recoleto nido de paja que ha de resolver la prieta carnosidad de ahora, en deleitosa blandura... Y los naranjos acentúan la intensidad de su aterciopelado verde, mientras el fruto le va robando al sol, el oro que ha de transmutarle el cobre oxidado que ahora lo recubre... Y en lo alto de las palmeras, penden arracimados las innúmeras burbujas que el astro rey dejara abandonadas en todos sus ocasos... Otoño es breve y hay que aprovecharlo. Tiempo con regusto de acerolas y nueces y azufaifas; con sabor a fiesta en Cogullada. Tiempo con clima de feria, llegado el mes de Octubre...

Otoño es breve y ha de aprovecharse. Mañanas soleadas y tibias... Tiempo de sementera, de hendir la tierra con el arado, como la tajamar de un navío; de lanzar airósamente con la mano, las semillas que han de acunar los surcos abiertos: «per Tots Sans, sembra amb dues mans.» Que no hay tiempo que perder; que es breve el Otoño y la siembra ha de verificarse antes de que los fríos lleguen... Y el Otoño es breve, y pasado Todos Santos, ya los días nos llegan con cara de Invierno...

Pidamos al Señor que en nuestra mano exista siempre una semilla de esperanza, para que lanzada en el surco que cualquier Otoño nos abra en el espíritu, pueda brindarnos, luego, la sonrisa de una flor nacida en Primavera.

Semejanza

Por Fr. Víctor Miguel Canet

¿Dónde vas tan alegre y bulliciosa?
No tengas prisa por llegar a la hondonada.
Eres hermosa y clara.
Reflejas en tu imagen el ser que te creó.
No corras pues,
Te vas a mancillar en la ribera.
Detén tu marcha,
que al verte clara y pura,
me gozo en el pasado de mi vida.
No quiero te mancilles.
Detén tus pasos...
mas ella sigue alegre su carrera,
el curso que Dios le señalara.
¡Por Dios, ¿qué estoy diciendo?
Bajé de las alturas
y corro por un valle de miserias,
camino del deber.
Mas siento el roce de las cosas,
que enturbian mi mirada
y desvían mi proyección a Dios.
Pero la voz de mi conciencia
y la firme voluntad,
cual márgenes benditos,
encauzan mis sentidos
en ese caminar de cada día,
para volver a Dios.