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JUAN XXIII
sucesor de Pío XII en la Cátedra de San Pedro


Ya tenemos Papa. El cónclave de cardenales, en uso de su tremenda y sublime potestad, acaba de elegir al emínentísimo Angel JoséRoncalli, cardenal patriarca de Venecia, para que en adelante, con el nombre de Juan XXIII, sea el sucesor de Pío XII en la Cátedra de San Pedro.

Entonemos albricias por este suceso feliz, pues han terminado para el mundo estas semanas de orfandad. Y mostremos a Díos nuestra gratitud en un himno de alabanza porque nos da ahora nuevo Pastor que nos guíe, nuevo Maestro que nos enseñe y corrija, nuevo Padre que nos tutele y defienda. «Te Deum laudamus...»

(Informaciones)

A la memoria del Papa PIO XII

A poca distancia del luctuoso suceso de la muerte de Pio XII, cuando el dolor sigue siendo todavía patrimonio de todas las gentes de buena voluntad, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la vida y obra de su Santidad dejan una huella profunda e indeleble en la historia de la Iglesia y de la Humanidad.

Pio XII no necesitará de la lejanía definitiva, que la muerte proporciona, para nimbar su figura de grandeza y santidad. La muerte ha dado paso sencillamente a la inmortalidad. A una inmortalidad que ya, cuando era vida, había conquistado y que ahora, cuando es historia, se le hará efectiviva.

Su obra suprema, de universal apostolado, ha rebasado los límites de la órbita católica para adentrarse en la conciciencia misma de la humanidad entera. Porque Pio XII no fue sólamente el Vicario de Cristo en la Iglesia y cabeza visible de ella. De hecho, nuestro Papa difunto, ha sido el Padre de todos, sin distinción de razas, credos o ideologías. En su augusta persona, se conjugaron admirablemente la sabiduría y la caridad universales. Su palabra ardiente y ecuménca se dejó oír en todas las latitudes del globo para testimoniar -con un criterio amplísimo de comprensión humana-, la misión universal, católica, de la Iglesia. fue un Papa de una manifiesta paternidad desbordante, que se hizo acreedor, por esta causa, de la estima y pretigio mundiales.

Por ello, en el momento doliente de su muerte, cuando el Sumo Pontífice traspasó la línea divisoria del tiempo y de la eternidad, todo el mundo se vistió de luto y tristeza para llorar la pérdida del guía más alto y seguro que ha poseído en uno de los momentos más difíciles de su historia. Y así, junto al rezo estremecido del mundo católico, ha podido percibirse el dolor, físicament tangible, de todos aquellos que viven extramuros de la Iglesia Católica. Porque -como diría acertadmente el Sr. Castiella-: "Pío XII... creó una nueva epifanía de la Iglesia y del Papado en el mundo actual."

La obra más valiosa y característica del Papa que acaba de fallecer, es, sin duda, el ensanchamiento en los horizontes del Pontificado. Su gran prestigio personal -admitido internacionalmente- lograron disolver los recelos infundados contra el Catolicismo y crear una onda de admiración y simpatía hacia la Iglesia Romana.

Pio XII, en su doble vertiente de Pastor supremo de la Iglesia y de primer personaje mundial, quedará siempre vivo en el recuerdo de todas las generaciones. Su memoria será imperecedera.