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Orientaciones Pedagógicas del nuevo Plan de Bachillerato
Pese a todas las críticas más o menos aceradas, la actual reforma de nuestro Bachillerato podemos admitirla sin reservas ni prejuicios, porque responde satisfactoriamente a las necesidades culturales y adelantos pedagógicos del momento actual.
Se basa en tres principios didácticos: «Reducción de enseñanzas teóricas, refuerzo de las disciplinas básicas y preterición de los métodos cíclicos». Con este triple criterio se pretende convertir nuestro Bachillerato, hasta ahora pasivo-informativo, en activo y práctico Se impugnan los métodos mnemotécnicos y se regula y racionaliza la tarea escolar, que así, se convierte más humana y completa.
En la Edad Media pudo darse muy bien el «hombre de cultura, entendido este elemento sintáctico en la acepción primitiva de hombre que almacenaba en su cabeza una información más o menos exhaustiva de todos los apartados de saber humano. Pero la ciencia ha ido progresando a través de los años y, al llegar a los nuestros, el capital científico acumulado es de tal magnitud, que su comprensión excede las posibilidades de la inteligencia humana. Por eso ha pasado a ser una utopía el «hombre enciclopedia» y una necesidad el «hombre especializado».
«La cultura -dice el P. José Vives- no es precisamente la posesión de un acervo ¡limitado de conocimientos más o menos superfluos, sino la posesión de aquellos conocimientos realmente útiles y dignos del hombre». Este es, cabalmente, el concepto moderno de «hombre culto». Y en esta concepción de la cultura se basa el Decreto del 31 de Mayo de 1957, por el que se establece la reforma del nuevo Plan de Bachillerato.
En los Planes anteriores, la capacidad asimilativa de nuestros estudiantes se veía forzada y solamente los «listos», los superdotados, podían seguir con cierto desahogo la marcha normal de las clases. De esta forma se daba espaldas a la realidad misma de las cosas, que nos demuestra cómo lo «normal» es el tipo mediano de inteligencia y lo «raro» el módulo del superdotado. Así pues, no podía dar buenos resultados un sistema de estudios en que, el acúmulo y atiborramiento de materias, lo convertían en privilegio de unos cuantos agraciados, con exclusión, implícita si se quiere, pero real, de una mayoría estudiantil no tan capaz, pero con vocación y facultades suficientes para el estudio.
El Plan de 1953 vino ya a subsanar en parte, este error; pero la reforma todavía resultaba manca. Era preciso crear una fórmula más equilibrada que permitiera un más fácil acceso a los estudios del Bachillerato y que, al mismo tiempo, revitalizara la función formativa y específica del mismo. Y a este objetivo se orienta el nuevo Plan. No cabe duda que se presenta con una bondad intrínseca muy superior a la de los anteriores, porque en él se presta una atenta consideración a la realidad psicofisiológica del educando. Se tienen en cuenta sus condiciones y posibilidades intelectuales y, con criterio realista y sensato, se atiende al cumplimiento del clásico axioma: «Non multa sed multum».
Esta nueva dirección de nuestros estudios medios, representa una verdadera revolución cultural. Aprender ya no es sólo aquello de «saber cosas», sino «saber actuar», situarse, obrar como conviene ante cualquier situación nueva. Esto implica, naturalmente, una renovación de métodos y costumbres para que la formación de las nuevas generaciones estudiantiles sea verdaderamente eficiente y esté en consonancia y a la altura correspondiente de las modernas exigencias pedagógicas. De esta forma, el Bachillerato español, sincronizando con la mayoría de los países más civilizados, va adquiriendo, progresivamente, una nueva orientación humanístico-formativa. De ello debemos alegrarnos y contribuir con nuestro esfuerzo y entusiasmo a que sus frutos sean los que persigue la Ley que hoy comentamos: la formación integral y adecuada de nuestras juventudes.
Teodoro B. Rodríguez
