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La educación musical en la juventud

"El culto de la Música es el índice de la cultura de un pueblo; la presencia de las formas elevadas de la Música da la medida del grado de civilización de una comunidad humana". Pahissa

En nuestros días resulta tópico hablar de temas como el que va en cabeza del presente artículo, pero parece ser la única manera de resolver una incógnita tanto tiempo en las sombras de un escepticismo excesivamente marcado, y, sirviéndonos de esta repetición machacona, intentaremos convencer a todos de su auténtica realidad. El Estado ya admitió los estudios de música en el bachillerato, nada extraño en nuestros tiempos-se esperaba tal imposición-: la música ha inundado todas las esferas sociales y, por desgracia, no toda música es sana y auténtica, precisamente por la falta de cultura en los que la divulgan y en quienes la escuchan. Nace esta ignorancia al privar al niño de una formación que le enseñe a amar la música, pero como a tal, no en cuanto es causa de ritmos de taconeo o de evocar alguna imagen que en otro tiempo, nos resultó simpática; entonces lo que sentimos deja de ser gusto musical: estamos amamantando nuestro egoísmo.

En literatura necesitamos ciencia para poder apreciar cuanto leemos en su fondo y forma; a par¡: necesitamos ciencia musical para gozar, comprender y saber distinguir.

No se trata de hacer Conservatorios en los Institutos y Escuelas, pero sí interesarse por el cumplimiento de los programas que, muy acertadamente, han distribuido la materia en los distintos cursos de Humanidades, y, bien llevados, resulta un compendio muy logrado de todo cuanto la cultura de hoy exige y el joven necesito para desenvolverseen este vasto campo del arte. Tampoco significa la introducción de una «nueva modalidad» en los estudios: es el renacimiento a lo que nuestros hombres de la vieja historia ya practicaron. La música nació con el hombre y es el más vivo exponente de la cultura de un país el libro más elocuente cuando se trata de sondear la psicología de las razas, la manifestación más exacta del alma de un pueblo, por eso si retrocedemos unos cuantos siglos, nos encontraremos con un profundo respeto al arte y muy en particular del que nos ocupa en las presentes líneas. Platón ponía, como uno de los cimientos educativos, la música «para formar el espíritu y despertar el amor a la belleza». Aristóteles:
«ejerce sobre los adultos influencia física y moral» y como decía Curt Sanchs: «posee la doble propiedad de calmar y de excitar; así como sana los sufrimientos espirituales, igualmente puede corromper las almas».

Obvio es pues que su influencia puede ser nociva y beneficiosa, no toda agua se puede beber; no toda música se puede escuchar. Unn selección bien conseguida será la mejor expresión de un alma: nobleza, espiritualidad, sentimiento de arte, cultura, religión...

Siendo tan transcendental, en la formación de la juventud, la misión de los centros docentes que enseñan a enfrentar al hombre, todavía pequeño, con las distintas facetas del mundo: real, cultural y artístico, no desprecien este medio tan eficaz para engrandecer y perfeccionar el espíritu. Producirán en el individuo una personalidad peculiar que le hará desenvolverse con soltura y seguridad en este fecundo campo de la cultura, tan adulterado en la mente de muchos hombres: injusticia que debe ser reparada por aquéllos y con la cooperación de todos.

Así, muy pronto quedará archivada la sentencia de Goethe: «No os fiéis del hombre a quien no gusta la buena música».

Como epílogo a este corto artículo y para ejemplo de todos, quiero mencionar la labor de un hombre, profundamente artista, que dedica gran parte de sus actividades a modelar el alma y espiritualizar los sentimientos del niño. Es don José Roca, por oposición, Inspector de las Escuelas Municipales de Música del Excmo. Ayuntamiento de Valencia que -aparte de sus muchas actividades pedagógico-musicales-ha fundado un Coro de cien voces blancas-«Coral Infantil Juan Bta. Comes»-integrado en su totalidad por niños y niñas de los escuelas primarias. Aunque parezca inverosímil, estos niños han actuado en el Ateneo y Teatro María Guerrero de Madrid, Ateneo de Valencia y otros lugares siendo en todas partes muy ovacionados y causando la adm¡ración de todos.

Sea ello un acuciante estímulo para nosotros y con la mirada puesta en los que nos preceden
con sus éxitos, trabajemos en la formación artístico-musical de la juventud.

P. Francisco Blanes