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El mundo tiene necesidad de la visión franciscana de la vida

(Fragmento del Discurso de Su Santidad a los Terciarios Franciscanos de Italia)

...Vosotros sabéis que la espiritualidad de un santo es su particular manera de representarse a Dios, de hablar de El, de ir a El, de tratar con El. Todo santo ve los atributos de Dios a través de aquello sobre lo que más medita, sobre lo que más profundiza, sobre lo que más le atrae y conquista. Una particular virtud de Cristo es para todos los santos el ideal a que es preciso tender, y todos los santosmás aún, toda la Iglesia-tratan de imitar a Cristo entero. También por esto la Iglesia es, por así decirlo, el Cristo total y cada uno de los cristianos-cada uno de los santosson miembros más o menos perfectos de El.

Existe, pues, una doctrina franciscana según la cual Dios es Santo, es grande, pero es, sobre todo, Bien, más aún, el Sumo Bien. Para ella, Dios es amor, que de amor vive, por amor crea, por amor se encarna y redime, es decir, salva y santifica.

Hay también una manera franciscana de contemplar a Jesús: El encuentro del Amor Increado con el amor creado. Y hay también un modo de amarle y de imitarle; se ve al Hombre-Dios y se prefiere considerarlo en su Santísima Humanidad, porque mejor lo muestra y casi lo palpa. De ahí esa devoción ardiente hacia la encarnación y la pasión de Jesús, que lo presentan ya no sólo en la gloria, en la omnipotente grandeza o en el triunfo eterno, sino más bien en su amor humano, tan dulce en la cuna y tan doloroso en la cruz.

Hay, finalmente, una manera franciscana de imitar a Jesús. Vuestro Seráfico Padre buscó y encontró en el Evangelio, abierto casi al azar, tres frases del divino Maestro. La primera decía: "Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes y dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el game." (Math. 16, 24); finalmente la tercera: «No llevéis alforja, ni báculo, ni sandalias (Luc. 10. 4.) Dijo entonces el santo Patriarca: «Esta será nuestra regla» (Anonim Perus. c. 10 y 11.)

San Francisco de Asís abraza al Crucificado

De ahí la pobreza franciscana, que rehuye el lujo y ama especialmente aquello que menos satisface a los ojos y a la vanidad; de ahí la sencillez franciscana, que conduce al alma a buscar directamente a Dios siguiendo el camino breve, el camino sencillo, es decir, considerando menos la propia deformidad y más la belleza infinita de Dios; de ahí la renuncia franciscana, total, perenne, pero sin sacudimientos, sin choques, sin pesares; renuncia suave hecha por amor a Jesús. De ahí la genuína alegría franciscana, que no es alegría escandalosa ni la risotada descompuesta, sino más bien la tranquila sonrisa, llena de amable serenidad.

De ahí, sobre todo, la caridad universal, que, viendo en Dios a todos y a todos las cosas, ama todo y a todos en El y por El; de todos y de todo goza, gozando de Dios. ¡Deus meus et omnia! (Dios mío y todas las cosas.)

DE ESTE ESPIRITU FRANCISCANO, DE ESTA FRANCISCANA VISION DE LA VIDA TIENE EL MUNDO NECESIDAD. A VOSOTROS, QUERIDOS HIJOS, CORRESPONDE CONOCERLA A FONDO, AMARLA CON TRANSPORTE, SOBRE TODO VIVIRLA CON LA PERFECCION QUE PERMITA VUESTRO ESTADO.