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IMPRESIONES DE VERANO
«Un soneto me manda hacer Violante»... Sí, señores, este es mi caso. La Dirección del Boletín me ordena que escriba dos cuartillas y, realmente, «nunca me he visto en tal aprieto», pues no sé por donde empezar. El tema más socorrido en estos meses de verano, el de las vacaciones.
Y después del veraneo vienen las añoranzas. Sueño y pronto se proyecta en la pantalla de mi mente la película de mis recuerdos.
Es una estación de ferrocarriles eléctricos. Gentío y calor de mediodía en los andenes, que pronto se despejan para llenarse nuevamente con la carga de los continuos convoyes que van llegando. El nuestro está listo; es la hora y partimos. El intermitente silbato del coche-motor, recuerda precaución en los próximos pasos a nivel del cinturón de la ciudad. Después, la modorra de la siesta y el ritmo acompasado del tren nimban el ambiente del interior del vagón con una monotonía somnolienta, turbada apenas por el: "Billetes, por favor" del revisor, o el: ¡Va el premio!!! del "capitalista" que rifa caramelos con la seriedad del que realiza una importante operación.
A derecha e izquierda, la exuberancia de la huerta valenciana surcada por acequias de aguas rojizas y más adelante, tras una prolongada cuesta, masas de pinos que nos traen el tono fresco en la calurosa tarde, y la alegría multicolor de un poblado veraniego.
Llegamos al final del trayecto y la gente se apresura, en atropellada masa, luchando por ganar los mejores asientos de los autobuses que esperan a la salida. Colocación de equipajes y distribución de viajeros, en manifiesta laboriosidad por parte de los empleados. Felizmente para todo hay solución y arranca el potente motor poniendo en marcha nuestro autobús.
Salimos a la carretera que se proyecta en el horizonte en interminable recta, y el paisaje ha cambiado por completo. Tierras pardas de secano carentes de arbolado con la simetría geométrica de las viñas y alguna escuálida higuera. E sol, rendido por su esfuerzo, se hunde en el oca so tras las montañas de la lejanía.
El automotor hace su primera parada y no invade la algarabía de unas muchachas que por fían por vender peladillas, famoso exponente industrial de la localidad. Nuevamente en el camino, conforme vamos avanzando, tórnase más agreste el panorama. Frente a nosotros, la imagen te mole de montañas que pronto nos envuelve Y la carretera, hasta entonces suave, manifiesta ahora su protesta en rápidos y contorsionado zig-zags que nos ofrecen, a pesar de sus inquietantes vueltas, ocasión para contemplar en todo su magnificencia, la grandiosidad imponente di la naturaleza.
A la bajada del puerto, las verdes riberas di un río son sedante para nuestra vista con el césped a la orilla, los abigarrados álamos y sus des iguales huertas con profusa variedad de frutales.
Anochece y estamos llegando. Hasta el coche parece va más de prisa, barruntando el bien me renacido descanso.
Abrazos de los que esperan y... de esta formo me encuentro que, sin querer parodiar los famosos versos de Lope de Vega, también sospecho,
que estoy mis dos cuartillas acabando.
Pongo punto final y ya está hecho.
E. PEDRÓS LUCAS
EXAMEN DE MEDICINA
Un individuo tiene cortada la yugular y do balas le han atravesado el corazón. A consecuencia de esto ha muerto. ¿Qué haría Vd. en un caso semejante?
-¡Morirme también!
OBRA PÓSTUMA
-¿Qué es una obra póstuma?
-La que escribe el autor después de muerto
Representando el drama «RICARDO II»
El Actor: ¡Un Caballo!... ¡Mi reino por un caballo!...
Un espectador guasón: ¿No se conformaría Vd. con un asno?
El Actor: Sí, señor; suba Vd. al escenario.
