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Cuadro de Honor

El R. P. Rector y alumnos a quienes se les ha impuesto la BANDA DE HONOR del Colegio por haber obtenido la máxima puntuación en los exámenes.

Alumnos a los cuales se les ha concedido la BANDA DE HONOR de la «Congregación de la Inmaculada» y «San Antonio de Padua»

Rafael Pepiol Vercher de Primer Curso
Marcelino Lillo Armengol de Primer Curso
Salvador Ferrús Ferrús de Segundo Curso
Vicente Badenes Martínez de Segundo Curso
José A. Crespo Albelda de Segundo Curso
José Cucarella Martínez de Tercer Curso
Vicente Andrés Gimeno de Cuarto Curso
Vitalín García Viudes de Quinto Curso

Alumnos de Comercio y Primera Enseñanza que han sido premiados por suconducta y aplicación durante el Curso.

Rafael Albelda Jiménez
Salvador Vernich Tarazona
Pascual Tomás Mompó
Rafael Montagud Armengol
Pascualín Orts Tarazona
Juanito Vila Chorro
Dionisio Borrás Torres
José Luis España Marsal
Luis Alberto Santafé
José Luis Vercher Bono
Carlitos Gimeno Salom
Alfredo Oltra Torres
Vicente Martínez Orduña
José M. Palop Perepérez
Miguel García Taléns
Rafael Micó Micó
Enrique Pepiol Vercher
Antonio Viudes Martí
Agustín Mograner Rosell
Francisco Vila Selléns
José Julio Perepérez
Julián Crespo Morales de Setién
Roberto Albert Pons
José Mª Vernich Tarazana
Ramón Sebastió Peñalva
Timoteo Vidal Capella
Agustín Micó Micó
Víctor Estornell Cuenca
Paquito Navarro Bosch
Bernardito Salom Vayá

Para ti, estudiante

«HE PERDIDO EL DIA»

Se cuenta de Tito -noble Emperador romano- que se había propuesto todos los días hacer una obra buena y cuando transcurría algún día sin que se realizara su propósito, se decía él mismo: «Diem perdidi» (He perdido el día). Este Emperador, mis colegiales, era hombre de gran ideal. Ese ideal de trabajar todos los días de manera que pudiera anotar una, obra buena en sus haberes, fué lo bastante para conseguir la más alta dignidad humana de su tiempo: la de Emperador.

Cuando algunos de los estudiantes, de los jóvenes aspirantes al ideal, ven ante sí estos ejemplos de hombres de espíritu gigante, del ideal, que han logrado perduraren el tiempo, toman una postura equivocada, engañándose a sí mismos con falsos prejuicios. Los tales suelen alegar que esos hombres poseían unas condiciones excepcionales, que disponían de recia voluntad, que tuvieron una esmerada educación, que alternaron con excelentes profesores y algunas otras cosas por el estilo. Si estos hombres egregios llegaron a serlo es porque se lo propusieron, porque vivieron para «su ideal» y el tiempo puso lo demás. Luego si se lo propusieron es porque no lo tenían y así realmente ocurre que cualquier disposición o cualquier habilidad supone un ejercicio perseverante.

Si quisiera citaros ejemplos de estos hombres que con el trabajo y la perseverancia llegaron a realizar el ideal de su vida, sería muy larga la lista. Ya conocéis lo que le ocurrió al pintor japonés que le presentaba a su cliente el cuadro del gallo que le había pedido, al cabo de un cuarto de hora tan sólo. Luego que su cliente vio aquel cuadro admirable se lo ponderó, pero le disgustó el precio exorbitante y le tuvo que enseñar el pintor los millares de papeles en los que había ensayado por tres años la pintura del gallo. Demóstenes si fue el mejor orador no lo fue por sus cualidades recibidas, pues era tartamudo y sus primeros discursos estimulaban la hilaridad; pero al cabo de años le aplaudían los que se habían reído.

¿Cuánto creéis que invirtieron esos genios del arte Miguel Ángel, Leonardo de Vinci, Velázquez, Dante, Cervantes, Beethoven, Listz para acabar sus obras? Mucho tiempo, muchas privaciones, muchos desalientos, muchas críticas desfavorables. Precisamente estas dificultades le dieron más mérito a sus obras.

Hoy sólo quisiera obtener de vosotros, mis colegiales, la admiración que os debe producir estos ejemplos de hombres sabios, buenos. Que al poner vuestra vista en ellos como en aquellos que destacan en vuestro pueblo, o en cualquiera de los que os invite a la 'imitación, no sea para ver la distancia inmensa que existe entre ellos y vosotros, sino más bien cobrad ánimos y esforzad ahora que os es factible vuestras facultades. Trabajad ahora para recoger el fruto del mañana. No paséis un día sin estudiar, sin aprender nada nuevo. El día que no fuera así, decid: «he perdido un día.»

R. P. D. CERVERA