Portada > Del Colegio > Curso 52-53

Página de los alumnos

SOLEDAD

La tarde se abre sobre la cumbre ensangrentada del Gólgota. La trágica silueta de tres cruces vacías-tres puñales-, se clava con desesperación en la torva oscuridad de las nubes.

Una Mujer sostiene en sus brazos desfallecidos el cuerpo lívido y exánime de. su Hijo. La sangre aún corre, cálida, de las llagas de su costado, de sus manos, de sus pies, de todo su cuerpo. Su rostro, horriblemente desfigurado, se perfila, con divina serenidad, a la luz agónica del crepúsculo. Sus grandes ojos negros se cierran en una expresión suprema de misericordia y mansedumbre. Sus brazos aún parecen abrirse en un abrazo final de infinito perdón.

Moría no dice nada. Sólo contempla con indecible desolación aquel cuerpo torturado, aquella carne desgarrada por la inaudita crueldad del rencor, del odio, más inhumano y bestial. ¡Así correspondieron los hombres al amor infinito de su Hijo, de un Dios!

¿Quién podrá medir la inmensa tragedia de este corazón de Madre? ¡Nadie! Porque nadie fue capaz de amar jamás como' ella amó y de perdonar como ella perdonó. Aquel era su Hijo. Ella sabía que era Dios y, sin embargo, lo había visto sonreír dulcemente en su regazo, lo había acariciado con inefable ternura, había depositado -¡tantas veces!-, sobre su frente de Niño el beso de todo su cariño, todo el tesoro de su amor de Madre. Ella lo había acompañado siempre a través de la Judea, de Samaria, de Galilea, cuando predicaba a los hombres, sus hermanos, la ley de la justicia, de la misericordia y del amor.

Y, ¿ahora? Sí, ahora, también lo estrechaba en sus brazos, pero su frente estaba taladrada de espinas, su rostro, bellísimo, manchado de salivazos y cuajarones de sangre y polvo, su cuerpo todo inundado de golpes y desgarraduras. Todos le han abandonado, ¡hasta sus discípulos más amados!

Y, ¿Ella? Ella está sola, ¡terriblemente sola!

Frente a la soledad de la Madre, Jerusalén, la ciudad deicida, horrorizada de su crimen, parece desleírse, esconderse, en la primera oscuridad de la noche.

P. R.

CALCULO CURIOSO

He aquí el medio por el cual se puede calcular con una facilidad infantil, la velocidad del tren donde se viaja.

Se cuenta el número de sacudidas que dan las ruedas del vagón al pasar sobre los intersticios del rail, siguiendo al mismo tiempo en un reloj el movimiento de la pequeña aguja de los segundos. El número de sacudidas percibidas cuando la agujita señala 43 segundos es exactamente el número que representa en kilómetros la velocidad del tren.

Por ejemplo: si en el espacio de 43 segundos se han notado 80 sacudidas, el tren marcha a 80 kilómetros por hora.

J. M.

UNA DISTRACCION DE BEETHOVEN

Paseándose Beethoven por las calles de una población de Alemania, sintiose acometido por el hambre. Llegó a un restaurante y pidió el «menú». En el momento de tomarlo en sus manos, sintiose inspirado; y sin fijarse en nada, empezó a escribir al dorso de la «carta» una sinfonía, distrayéndose de tal modo que, cuando volvió a la realidad, llamó al mozo y le dijo:

-¿Cuánto le debo?
-Nada, porque no ha almorzado aún.
-¿Estás seguro de que no he comido nada?
-Y tan seguro.
-Pues entonces sírveme; por si no he almorzado.

COMERCIANTES

-Papá: hay un cliente que desea saber si las camisetas de pura lana se encogen.
-La que está comprando ¿le queda grande o chica?
-Grande.
-Entonces encogen, idiota.