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LA NAVIDAD DE SAN FRANCISCO

Una de las genialidades de San Francisco de Asís-santo de ayer y de hoy-fué la creación plástica del misterio de Navidad. La Iglesia se ha encargado, con su liturgia, de poner unos rasgos señeros al ambiente del ciclo de Navidad. Ella ha alimentado desde muy antiguo con una extraordinaria vigilia, que comprende el canto solemne,de los oficios divinos y Santa Misa, el día de Návidad. Ella, tambien, facultó a sus sacerdotes para triplicar sus misas y que fuera el rebozo espiritual de las almas que solicitan como nunca las bendiciones de Jesús-Niño. A esto que externamente habla, le añadió unas exultantes, henchidos recortes de líricos textos que están sólo al alcance de' los degustadores de íntimas bellezas litúrgicas.

San Francisco de Asís celebra la Navidad en Greggio

San Francisco de Asís celebra la Navidad en Greggio

La literatura, luego, aprovechó los elementos que la Iglesia había preparado paro sí. Aún antes del siglo XII la literatura europea tentaba en la es:ena las cualidades dramáticas del misterio de Navidad. Estas muestras incipientes del teatro fueron a la cabeza de las representaciones, incluso en España, en los primeros balbuceos de la lengua. ¿Por qué fué tan breve la vida de las representaciones navideñas? Porque fué un requerimiento del arte quien solicitó el elemento dramatizable para incorporarse y echar a andar en el teatro; pero como le faltaba el alma viva del afecto religioso, le abandonó, pues tuvo que ensayar otros recursos. La forma eclipsaba el contenido del misterio.

Todo lo contrario acaecía con San Francisco de Asís. Su genialidad fué el representar en su contenido y esencia divina el Belén bajo una forma rústica y elemental. Esto hacía introducir el misterio en su meridiana luz en nuestra alma apoyado tan sólo y no ahogado, por el aparato de la representación.

En San Francisco, el Belén fué un requerimiento de amor y la idea de darle realidad, un excitante eficaz a la piedad. ¿Y consiguió lo que el Santo se propuso? Ciertamente._ Para ello tuvo dispuesta una falange de hijos que, se vincularían al pueblo y a este pueblo le darían las genialidades de su Padre. El pueblo por su parte transportaría y perpetuaría, capaz de sobrevivir a las generaciones, lo que estimulaba su nativa inspiración. Tan sólo de esa manera genial como lo concibió San Francisco de Asís, pudo enraizarse en el alma del pueblo el idílico poemita que el Belén trae a las casas de hoy. Aún en aquellas puertas que aparecen cerradas a las invitaciones de Dios, se abren estos días para dejar entrar, al abrigo de una de las piezas mhs alegres de la casa, el diminuto paisaje de Belén. Esas casitas de corcho, esos pastores de barro camino de la cueva, las simuladas montañitas al fondo de superabundante flora y quizás un hilito de agua escurriéndose de una fontana al pie de la sierra, queda animado por el calor de los pequeños y voluntariamente buscado por los grandes. Si, que si los pequeños dejan en el Belén doméstico, su trabajo y su cariño, los mayores se rinden en simpatía.

El Belén es de todos, aunque especialmente levante el deseo de los menores. El Belén lleva inyectado algo del amor franciscano, que se valúa al correr de los siglos. El Belén puede ser la sonrisita de Jesús para los que se reunen en torno a el. Y siempre debe ser el testimonio del amor hondo de Jesús hacia nosotros.

R. P. David Cervera, O. F. M.

El paisaje de Carcagente

(Acuarela de verano)

Carcagente es un lienzo de aprendiz
de un color esencial.
Todo él va realizado en verdes puros,
con la tenue cambiante regular,
liso en la palmera y crujiente,
vivaz del naranjal.

Es lienzo fácil; sin ideas hondas;
quebrando el verde igual,
como sobre el mar la vela blanca,
los cuajos diminutos de azahar;
o sangrante la adelfa,
-amapola asomada al manantial-.

No se puede huir al verde, si se quiere
con los ojos pintar.
En el embadurnado lienzo, solo,
polvorienta es la senda maquinal,
hasta el celaje es verde.
Todo verde en el lienzo estival.

R. P. David Cervera.