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Fiesta en el pueblo
Acababan de sonar las ocho de la mañana en el reloj de la vieja torre de la iglesia, cuando ya todo era alboroto y bullicio en aquel pueblo perdido en la inmensa llanura castellana. La música dejaba sentir por todas partes los acordes nuevos de un pegadizo pasodoble, como invitando a los vecinos perezosos a compartir la sana alegría de aquella jornada memorable, en que celebraban, anualmente, la festividad de su Santo Patrón.
Era aún temprano y ya no había nadie dentro de las encaladas casitas, que relucían blancas y tersas a los primeros rayos del sol. Todos habían esperado con ansia aquel día, luminoso jalón en la monotonía de un año, para sacar del fondo de las viejas arcas, sus mejores galas y lanzarse a la calle en un deseo unánime de dar rienda suelta a aquella alegría que parecía infundir en sus corazones la fiesta de su Patrón. Por doquiera que se mirara se veía animación, jolgorio, buen humor, fiesta...
Y así transcurría el día; después de las solemnidades de la iglesia, el Pasacalle de la Banda, la inauguración de la feria-arco iris tendido en la mejor calle del pueblo,-los bailes regionales, la procesión de la tarde y... tras el certamen musical, el estruendo de los fuegos de artificio, cerrando con lazo de luces multicolores, lo página siempre nueva de su tradicional fiesta mayor. Después... la coletilla de unos días más de feria y la monotonía de un año de trabajos y afanes, de alegrías y tristezas que culminarían, nuevamente, con la festividad venidera.
Pero, como había ocurrido ahora, día tras día, iría renaciendo en los corazones el ambiente de fiesta, se irían amasando proyectos y más proyectos, se irían tejiendo guirnarlas, se iría confeccionando un programa, mejor si cabe, que poder ofrecer con orgullo de hijos, a los pies de su Santo Patrón.
Tras el ajetreo de la jornada, el pueblo dormía... El viejo reloj de la torre desgranaba, sobre el silencio de la noche, las campanadas lentas de las primeras horas del amanecer.
José Martínez
Discursito pronunciado por el alumno José Cucarella, al serle impuesta la Banda de Honor.
Reverendo P. Rector, dignas Autoridades, amados profesores, queridísimos padres, estimados compañeros:Grande es la emoción que hoy embarga mi alma al recibir de manos de mi propio padre esta condecoración de honor que me ha concedido el Instituto de Enseñanza Media de Játiva.
Una sólo palabra aflora en mis labios, eco de los sentimientos de mi corazón: GRACIAS. Gracias a Dios en primer lugar por haberme ayudado en toda ocasión y en especial por haber iluminado mi mente en el acto del examen; gracias al claustro de Profesores por haberse interesado por mí con tanta abnegación y sacrificio y muy especialmente gracias a mis queridísimos padres por haberme estimulado constantemente al cumplimiento del deber del estudio.
Jamás olvidaré esta primera distinción extraordinaria que se me concede al final de mi Segundo curso de Bachiller.
Esta Banda de Honor, lo sé bien, me ha de unir más con Dios puesto que es premio al deber, con el Colegio y con mis buenos padres a quienes la ofrezco de todo corazón.
He dicho.
José Cucarella, 2° Curso
En casa del médico
-Doctor, ya estoy completamente curado de la amnesia.
-Su señora estará muy contenta.
-¿Qué señora...?
