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Confidencias y orientaciones

He sucumbido a la fuerza interna de la instigación comunicativa y ahora va a ser el momento de dar ancho curso a ideas, teorías y concepciones que acunadas por la timidez, solicitan la expansión y quizás el transvasarse a otros ámbitos para fructificar. Estos ámbitos son vuestras almas, mis amados discípulos y colegiales. Por eso antes de liberar mis confidencias he de contar con vuestra licencia en la que me deis garantía de que no pondréis óbice a mis realizaciones y, aún más, de que secundaréis mis orientaciones con espontaneidad y con ilusión,

Presiento que mi anterior proposición habrá podido ser exigente y para evitar este lance y para aligerar mis propias ansiedades me veo forzoso a daros sincero conocimiento de ello.

Desde luego que no podré salir de las lindes de las Confidencias o en otras palabras que es una subjetiva apreciación mía consolidada día tras día al contacto de los libros, de breves reflexiones y 'de íntimas experiencias con los jóvenes estudiantes. ¡Se puede hacer tanto en el alma de los jóvenes! ¡Son tantas las posibilidades que
presentan sus dotaciones personales, cuando se le acerca como instrumento de forja, la educación integral!... que yo quiero coadjuvar a esa adquisición vuestra, desde mi puesto de profesor, con la orientación, tomando el gesto del policía urbano erguido en el cruce de varias bocacalles señalando el camino a seguir desde la inmovilidad de su lugar. Y si esto se llegara a dar, podría tener por bien empleadas mis ambiciones.

¿Cómo y en qué medida ayudar a vuestra formación integral? ¡Ah! 'este es el caso. Mas creedme que habéis sido vosotros mismos quienes me habéis puesto delante la cuestión y quienes la tenéis que resolver.

En repetidas ocasiones he solicitado la cooperación de algún colegial para que redactase algún sencillísimo articulito u otra cosita sin trascendencia alguna (que hablen los de tercero del curso pasado) y de verdad que pocas veces he visto gestos tan contrahechos en las facciones de los que os abordé; desde el primer momento me respondisteis con una absoluta negación y luego escudados en una dolencia general me habéis dicho «no hay nadie que sepa escribir dos renglones». Mas al hacer esta declaración inconsecuente en sí, os merecéis el perdón, porque reconocéis que cualquiera de vosotros y sobre todo los que cursais el tercero en adelante, habíais de saber escribir no dos renglones sino Cambien llegar a delinear con suma fidelidad cada uno de los estados por donde fuera pasando vuestra conciencia. Porque aún cuando no llegarais a más, tendríais más tarde un film patético e íntimo que supera a toda convivencia personal.

Y no sólo esto, sino que os encontraríais capacitados para ir derramando por los redaños de espíritu, la larga deglución hecha en los años de estudios. Podríais hacer copartícipes de vuestros conocimientos a los que se acercaran a vosotros con el ansia infinita de rellenar de luz y de vida las cavidades de sus facultades.
Y muy por encima de este fin altruista, se evidencia por la autodignificación que lleva el poseer el medio eficaz para transfundir vuestras convicciones en cualquiera de las misiones-que desempeñéis en la vida.

Este instrumento o medio eficaz para dar de lo propio es el estilo.

Y el estilo es la cristalización de las tendencias, ideas y maneras orientadas por el gusto de cada uno. Por eso se repite que «el estilo es el hombre». Y si el estilo, como en todas las cosas, cabe gradación a medida que tome el estilo los módulos de los buenos cánones, se agrandará vuestra personalidad, el hombre. Calculad la importancia que para vosotros tiene la adquisición de un buen estilo, como punto de partida para la expresión en lo oral y en lo escrito.

Ánimo, mis colegiales, preparad vuestras facultades para el próximo curso y que tras el cuidado deparado al cuerpo en las vacaciones, se le dé ocasión al espíritu para que medre con vuestra formación literaria.

R. P. David Cervera, o. f. m.
Carcagente 3-IX-1951.

Alumnos de Primera Enseñanza

¿Para qué sirve el estudio de la Historia?

El progreso de los conocimientos humanos ha ido fijando con mayor precisión el. objeto de cada disciplina y deslindando más definidamente los respectivos campos de estudio. Sin negar la compenetración y mutua influencia de las múltiples fuerzas que actúan en la vida, ni tampoco las relaciones que existen entre las distintas ciencias esta división del trabajo ha contribuido poderosamente al perfeccionamiento de los métodos de investigación y ha hecho los conocimientos más profundos y seguros.

En este proceso de diferenciación, la Historia ha sido despojada de algunos caracteres y fines que le fueron asignados en concepciones pretéritas, para quedar totalmente vuelta hacia el pasado. El historiador moderno ya no se propone enumerar los hechos como en el período narrativo de los pueblos infantiles, ni instruir, como los pragmáticos, que hacían de la Historia principalmente una «magistra vitae». Al historiador moderno le interesa sobre todo saber lo que realmente ha sucedido. Aspira a reconstruir el pasado con, la mayor objetividad posible. Tiene por fin indagar el origen de los sucesos, cerciorarse de las causas que los han producido, dejando a la psicología, a la sociología, á la economía, a, la moral, al derecho, a las ciencias que estudian y formulan las leyes que rigen la vida del individuo y de los pueblos, el señalar normas de conducta que miran al futuro. Es la concepción genética de la Historia, que la define cómo ciencia que narra los hechos de los- hombres como seres sociales, mostrando su desarrollo y encadenamiento causal.

Su estudio no ha perdido por ello los altos valores humanos y educativos quede antiguase le reconocen, por eso la vemos figurar en los planes de enseñanza de todos los pueblos civilizados.

Hoy como ayer, la Historia brota inconteniblemente de las ansias de supervivencia del corazón humano. Cada generación transmite a las que le suceden el recuerdo de sus hechos importantes, queriendo vivir de esta forma en su memoria.

Hoy como ayer también, la Historia sigue siendo para los pueblos como la memoria para los individuos. Satisfaciendo el natural interés del hombre por los hechos importantes del pasado, capacita para entender el presente. Lo que existe no es inteligible si no sabemos lo que existió, y así como de un individuo no podemos decir que lo conocemos bien mientras ignoramos los antecedentes que manifiestan su personalidad así en la vida de los pueblos y de las culturas no podemos determinar sus caracteres, su importancia y sentido, más que poniendo en relación el presente con el pasado y con el porvenir. Como dice Max Müller, la Historia se parece a un drama de muchos actos, representado por sus propios autores, que cambian constantemente, y que, por esta razón, si ha de resultar una obra .coherente, es menester que los nuevos actores estén enterados de lo que pasó antes. Y esa necesidad la satisface la Historia.

La Historia elabora también la propia conciencia de la humanidad y manifiesta la esencia del hombre. Para desplegar el contenido de ésta no basta la vida de un individuo o de una generación. Hace falta conocer la muchedumbre de los pueblos en la abundancia de su vida y en, la larga serie de los siglos.

Aunque enseña solamente lo que fue y es extraño a su objeto e) dar leyes para lo por venir, la Historia, ahondando en el conocimiento del hombre, permite vislumbrar hasta cierto punto el desarrollo de los acontecimientos en determinadas circunstancias. "Le passé est gros de l'avenir", dijo Leibniz, y gracias a la Historia, lo humanamente grande y notable del pasado no envejece y es perennemente eficaz y creador, influyendo por sus consecuencias y haciéndose así presente y determinando nuestra vida actual, convertido eh substancia propia en el Estado y la sociedad, en la Iglesia y la religión, en la filosofía y la ciencia, en el arte y la literatura.

Además, dando a conocer la esencia de las cosas humanas en su producción, la Historia explica cómo y por qué han llegado a ser como son, y, en este aspecto, sirve de auxiliar a las demás ciencias, mostrando su gradual desenvolvimiento, con lo que alcanzamos un conocimiento más vivo y completo de las mismas. De ahí que el estudio de la Historia de la medicina, del derecho, de la filosofía, de la música, etc., figure en el plan de las respectivas facultades.

Finalmente, en orden a la formación moral, los frutos del estudio de la Historia son también importantísimos. La Historia contribuye a la formación de un sano y robusto sentimiento nacional fundado en la inteligencia del carácter y valor de nuestro pueblo; contribuye también a formar un vivo sentimiento de humanidad fundado en el conocimiento de un círculo de vida superior al de la vida nacional, más amplio y comprensivo, y, mediante el sentido histórico que se adquiere contemplando “in fieri” la vida de los pueblos y de las culturas, nos da una perspectiva temporal que nos permite medir el verdadero volumen de los acontecimientos y nos ayuda' a distinguir lo permanente de lo transitorio y caduco.

Para todo eso sirve el estudio de la Historia.

Víctor Oroval