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De cómo los niños no entienden las metáforas

Y va una historia, al dictado: «En el Colegio de Claragua, estaba dando una conferencia, en el Salón de Actos, un catedrático llamado Don Hilario. Estaría bien hablando unos 10 minutos, cuando aquel señor paró su discurso, y dijo al público: Señores, he perdido el hilo de mi discurso. Y ocurrió que un baturrico de 11 abriles, sobrino del orador y fiel servidor de su tío en todo, al ver que los oyentes se levantaban, miraban o la puerta y se disponían para salir, corrió y ganó antes la puerta de salida y, constituyéndose en guardián de ella hasta la muerte, iba diciendo muy en serio a cuantos se acercaban: De aquí no sale nadie, hasta que no se encuentre el hilo que ha perdido ese señor.

1.- ¿Qué cara le pondría la gente al baturrico y qué cosas le dirían?

2.- ¿Cómo se resolvería el conflicto?»

Algunas soluciones típicas

(de unas doscientas pruebas que ocasionalmente -he puesto a niños de Ingreso y Primer Curso Bachillerato-11 años término medio-, en el examen escrito):

A) Los despistados.

  1. Ese señor, baturrico, se ve que tenía mal cosido el discurso y se habrá caído el hilo por allí, pero él que lo ha perdido, él que se lo busque, y ¡total! ¡por un hilo!
  2. Y le ponían una cara muy fiera y le separaron violentamente de la puerta y se fueron a comer.

B) Los aproximados.

  1. Lo que le ha pasado a tu señor, baturrico, es que no se acuerda de lo que sigue, y ahora le culpa al hilo.
  2. Y unos hombres le ponían la cara seria y otros no decían nada, y le dieron mucho hilo y el baturrico se quedó contento, y así lo gente pudo salir sin pegarle.

C) Los selectos (el 10 %)

  1. Mira, baturrico, el hilo que ha perdido el señor del discurso, no es un hilo como los demás hilos, sino que eso quiere decir, que ya no se acuerda más.
  2. Y todos ponían una cara de risa, de ver que el baturrico se equivocó de hilo, y le dieron
    caramelos, y un hombre le dijo que le daría hilo para volar una milocha. Y así pudieron todos salir alegres hacia sus casas.

C bis) Esta breve relación quedaría incompleta, si no se refiriera, de paso, a la viva polémica que duró varios recreos entre Ripoll y Aparísi, sobre la conveniencia d+e quitarle la h a este hilo del discurso, y así todo el mundo lo conocería y nadie se enredaría con él.

Fr. Domingo Savall

P. S.: Tengo estudiadas, en diversas ocasiones, metáforas más cultas y más alambicadas, en chicos de 3.° y aun de 4.°, con el mismo resultado. Por ej.. «Dormir sobre sus laureles» (M. Espinosa, H.° de España. (Viriato), y «Ser báculo de la vejez».

Alumnos de Segunda Enseñanza

Un ramo de violetas...

Un ramo de violetas
me han traído esta mañana,
y en un búcaro de plata
lo coloqué en la ventana.

Y mientras les daba suave
de las brisas el frescor,
yo les dije sonriendo:
«contestadme por favor».

Vosotras que sois prudentes,
discretas y recatadas,
¿podéis de verdad decirme
si existen dichas doradas?

Sólo existe -me dijeron-
un camino para hallar
las dichas que tú pretendes
y el camino es la HUMILDAD.

Pensativo me he quedado
al conocer su lección,
y sus palabras dejaron
semilla en mi corazón.

Sí un camino sólo existe
para la dicha encontrar
y ese camino es de espinas,
¡no importa! ¡LO HAY QUE CRUZAR!

Enrique Marzal