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Ecos de la Fiesta a San Antonio de Padua
Cuando decimos que un árbol, una persona, un organismo, vive, es porque se desarrolla, porque crece, porque no continúa siendo lo que era, porque produce frutos... porque da señales de vida. Lo contrario es la inanición... la muerte. Y la muerte, y lo que a la muerte se parece... repugna a la humana naturaleza.
En ese sentido podemos afirmar que la devoción a San Antonio de Padua, en Carcagente, tiene una notoria vitalidad. Que lo digan, si no, los TRECE MARTES, dedicados al Santo del mundo entero, en esa Capilla suya, en la Iglesia de los PP. Franciscanos; tan amplia y al mismo tiempo recogida; tan llena de plegarias y súplicas; tan repleta de fervor Eucarístico y Paduano; tan perfumada por incontables flores, colocadas con mimo por manos de Señoras de la Junta y Señoritas Celadoras; tan iluminada por velas, candelabros y arañas eléctricas. Y los cantos del Trisagio y del Responsorio al gran Taumaturgo, coreados por la numerosa concurrencia.
Que lo diga, si no, el solemne Quinario que en el presente año le ha dedicado su PÍA UNIÓN, formada por 408 miembros; cinco días de intensa vida antoniana; de estudiar a quien «en su diadema fulguran todas las perlas de gracias y perfecciones concedidas a los elegidos».
Que lo diga, si no, el día 13 de Junio, que fue testigo de la fiesta que la Pía Unión y toda la ciudad de Carcagente dedicaron al que en su vida fue un enamorado de Jesús y de María. No importa que fuera día laborable. La banda de cornetas y tambores del Colegio de Segunda Enseñanza de los PP. Franciscanos y el ruido de la pólvora estrechamente encarcelada y súbitamente convertida en gas, pusieron bien temprano en conocimiento de los carcagentinos que San Antonio de Padua les estaba esperando. Y... ¿cómo no? Carcagente acudió y llenó de bote en bote la espaciosa Iglesia y tomó parte en la Solemne Misa de Comunión General y olvidóse por largo rato de su corazón metalizado por la naranja y que se había caldeado ante aquel Santo Franciscano que, por haberlo abandonado todo y haberse humillado tanto, Dios lo ha ensalzado a tan alto grado.
Y el reparto del PAN DE SAN ANTONIO, entregado por gentiles y cariñosas manos de las Señoras de la Junta Directiva y Señoritas Celadoras, consistente en 200 kilos de aromático pan blanco y 250 kilos de arroz, amén de 600 estampas del Patrón de los pobres.
Que lo diga, si no, el movimiento Antoniano de la tarde, con su Función Solemne, con su larga y bien organizada Procesión, en la que formaban casi 600 niños portadores de la azucena de Son Antonio... y los estandartes, y los miembros de la Pía Unión, formados en largas filas y portadores del cordón y Cruz del Santo Paduano... y cerrando la Procesión, encumbrado sobre bellas y artísticas andas, la imagen del Santo conocido y aclamado en el mundo entero, recorriendo triunfalmente las calles de Carcagente en medio de balcones engalanados, músicas, tracas, largas hileras de cirios... y en medio del fervor de un pueblo antoniano que canta una y muchas veces el sugestivo himno que otro gran Santo Franciscano -San Buenaventura- compuso en honor de Son Antonio de Padua, y que se conoce en el mundo entero con el nombre de Responsorio: SI BUSCAS MILAGROS...
Que lo digan si no, otros muchos detalles, siendo uno de los más destacados el obsequio que la Pía Unión ha hecho en el presente año a su celestial Patrono, consistente en una preciosa casulla, artística y delicadamente pintada por Sor María Amalia Sanjuán, del Monasterio de Clarisas de Portugalete (Bilbao), y en la que destacan la Cruz e Imagen del Santo Paduano con el Divino Niño.
Por todo ello merecen la más cordial enhorabuena las activas Señoras de la Junta Directiva y las gentiles y abnegadas Señoritas Celadoras. Que el Santo Paduano les premie todos sus desvelos para hacer de Carcagente una ciudad eminentemente Antoniana.
Fr. Jesús Sanjuán
Director de la Pía Unión
SONETO
Pondrá fin con mi vida a mis dolores, Yo no quiero morir, porque este día Quiero la vida, sí, para emplearla José Mª Pemán |
DIVINO CIELO
Te llevo en mis entrañas dibujado En el cáliz en flor de tus vergeles Más de una vez dejé tu bello suelo Al déjarte esta vez, subí a la altura No ha podido olvidar jamás mi mente Hoy he vuelto a pisar tu fértil suelo... P. Bernardino Mª Rubert |
