Portada > Del Colegio > Curso 52-53

Ecos de la Fiesta a San Antonio de Padua

Cuando decimos que un árbol, una persona, un organismo, vive, es porque se desarrolla, porque crece, porque no continúa siendo lo que era, porque produce frutos... porque da señales de vida. Lo contrario es la inanición... la muerte. Y la muerte, y lo que a la muerte se parece... repugna a la humana naturaleza.

En ese sentido podemos afirmar que la devoción a San Antonio de Padua, en Carcagente, tiene una notoria vitalidad. Que lo digan, si no, los TRECE MARTES, dedicados al Santo del mundo entero, en esa Capilla suya, en la Iglesia de los PP. Franciscanos; tan amplia y al mismo tiempo recogida; tan llena de plegarias y súplicas; tan repleta de fervor Eucarístico y Paduano; tan perfumada por incontables flores, colocadas con mimo por manos de Señoras de la Junta y Señoritas Celadoras; tan iluminada por velas, candelabros y arañas eléctricas. Y los cantos del Trisagio y del Responsorio al gran Taumaturgo, coreados por la numerosa concurrencia.

Que lo diga, si no, el solemne Quinario que en el presente año le ha dedicado su PÍA UNIÓN, formada por 408 miembros; cinco días de intensa vida antoniana; de estudiar a quien «en su diadema fulguran todas las perlas de gracias y perfecciones concedidas a los elegidos».

Que lo diga, si no, el día 13 de Junio, que fue testigo de la fiesta que la Pía Unión y toda la ciudad de Carcagente dedicaron al que en su vida fue un enamorado de Jesús y de María. No importa que fuera día laborable. La banda de cornetas y tambores del Colegio de Segunda Enseñanza de los PP. Franciscanos y el ruido de la pólvora estrechamente encarcelada y súbitamente convertida en gas, pusieron bien temprano en conocimiento de los carcagentinos que San Antonio de Padua les estaba esperando. Y... ¿cómo no? Carcagente acudió y llenó de bote en bote la espaciosa Iglesia y tomó parte en la Solemne Misa de Comunión General y olvidóse por largo rato de su corazón metalizado por la naranja y que se había caldeado ante aquel Santo Franciscano que, por haberlo abandonado todo y haberse humillado tanto, Dios lo ha ensalzado a tan alto grado.

Y el reparto del PAN DE SAN ANTONIO, entregado por gentiles y cariñosas manos de las Señoras de la Junta Directiva y Señoritas Celadoras, consistente en 200 kilos de aromático pan blanco y 250 kilos de arroz, amén de 600 estampas del Patrón de los pobres.

Que lo diga, si no, el movimiento Antoniano de la tarde, con su Función Solemne, con su larga y bien organizada Procesión, en la que formaban casi 600 niños portadores de la azucena de Son Antonio... y los estandartes, y los miembros de la Pía Unión, formados en largas filas y portadores del cordón y Cruz del Santo Paduano... y cerrando la Procesión, encumbrado sobre bellas y artísticas andas, la imagen del Santo conocido y aclamado en el mundo entero, recorriendo triunfalmente las calles de Carcagente en medio de balcones engalanados, músicas, tracas, largas hileras de cirios... y en medio del fervor de un pueblo antoniano que canta una y muchas veces el sugestivo himno que otro gran Santo Franciscano -San Buenaventura- compuso en honor de Son Antonio de Padua, y que se conoce en el mundo entero con el nombre de Responsorio: SI BUSCAS MILAGROS...

Que lo digan si no, otros muchos detalles, siendo uno de los más destacados el obsequio que la Pía Unión ha hecho en el presente año a su celestial Patrono, consistente en una preciosa casulla, artística y delicadamente pintada por Sor María Amalia Sanjuán, del Monasterio de Clarisas de Portugalete (Bilbao), y en la que destacan la Cruz e Imagen del Santo Paduano con el Divino Niño.

Por todo ello merecen la más cordial enhorabuena las activas Señoras de la Junta Directiva y las gentiles y abnegadas Señoritas Celadoras. Que el Santo Paduano les premie todos sus desvelos para hacer de Carcagente una ciudad eminentemente Antoniana.

Fr. Jesús Sanjuán
Director de la Pía Unión

SONETO

Pondrá fin con mi vida a mis dolores,
Y no quiero, Señor, que mis amores
No tengan ya dolores que ofrecerte.

Yo no quiero morir, porque este día
Terminará esta lucha en que ahora peno,
Y yo aspiro a la gloria de ser bueno
Cuando pueda ser malo todavía.

Quiero la vida, sí, para emplearla
En lo único que pueda ennoblecerla:
¡Por ponerla, Señor, a tu servicio,
Por el goce interior de despreciarla,
Por el goce sublime de ofrecerla,
Como Tú la ofreciste en sacrificio.

José Mª Pemán

DIVINO CIELO

Te llevo en mis entrañas dibujado
¡oh florida ciudad de Carcagente!
desde el día en que vi bella alborada
en tu divino cielo refulgente.

En el cáliz en flor de tus vergeles
bebí la luz, el néctar y ambrosía
que exhalan tus encantos y tus mieles
mientras rimé tu hechizo y poesía.

Más de una vez dejé tu bello suelo
y mi pecho trenzó amargo gemido...
Pero siempre tu amor y tu consuelo
endulzaron mi llanto entristecido.

Al déjarte esta vez, subí a la altura
en que yace Teruel, llena de nieves
y desde allí soñé en tu luz tan pura,
en tus flores, azahares y en tus bienes.

No ha podido olvidar jamás mi mente
los cuadros deslumbrantes de belleza
que en ti pude admirar ¡oh Carcagente!
mientras gusté tus besos de terneza.

Hoy he vuelto a pisar tu fértil suelo...
y al abrir en tu seno, mis pupilas
me he creído que estaba ya ¡¡en el cielo!!
¡oh qué horas tan sublimes y tranquilas.

P. Bernardino Mª Rubert
Carcagente 30-VI-1951