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Tema 1. San Antonio, protector del niño

San Antonio, protector del niño inocente y del joven casto. El autor es el P. Bernardino Rubert Candau. Se presentó bajo el lema "Inocencia y castidad". Obtuvo el Premio del Tema 1 concedido por Fr. León Villuendas Polo, franciscano, Obispo de Teruel.

Buscó Dios por los arcanos de su ardientes fantasía
un dechado de pureza, de milagros y poder,
y al hallarlo entre los tules de esplendente lejanía
lo envió un día a la tierra, cual brillante rosicler.

Fue el dechado que los mundos apellidan San Antonio,
rosicler e iris de gracia, que irradió luz y calor:
fue el oráculo de Europa que dió al orbe testimonio
del poder y maravillas que realiza el santo amor.

Ha pasadoen los anales de la historia esclarecida
como símbolo de gracias, maravillas y poder;
pero vibra entre las flores que perfuman su alba vida
una brisa tan preciosa, que es quien le da nombre y ser.

Albo lirio de pureza, de fragancias y ternura
fue en los días sonrosados de su fúlgida niñez;
y en las horas encrespadas de la lucha y la tortura
de la juventud, brioso demostró su intrepidez.

Fué de niño, un ángel puro, de sonrisas hechiceras
que agitó sus blancas alas por un cielo siempre azul;
sus ojitos encendieron las floridas primaveras,
envolviéndolas de aromas y de luces y de tul.

Ya que Dios puso en su pecho, cual pensil de bellas flores
las semillas y fragancias de pureza y castidad,
nipo puro e INOCENTE, despidió gratos olores,
que llegaron hasta el tro de la Augusta Trinidad.

Cuando el beso de la aurora, con sus rizos de inocencia
descubrió a su mente pura, los arcanos del candor,
con sonrisas y perfumes, vislumbrando la excelencia
que Dios puso en la pureza, la ofrendó, exhalando olor.

No sintió la espina aguda de los tristes desengaños
ni jamás supo lo que eran los halagos del placer,
y en la edad d ela inocencia, cuando sólo cinco años
le ofrendaron sus aromas, supo a Dios su alma ofrecer.

Visión bella y sorprendente la que vieron en los cielos,
entre lumbres y sonrisas, los querubes del Señor:
un querube de la tierra supo alzar sus raudos vuelos
hacia el trono del Eterno, con la ofrenda del candor.

La fragancia y la ambrosía de sus años infantiles
visión mágica le abrieros en su bella juventud;
los halagos fementidos no pudieron con sus viles
y doras ilusiones, derrocar su fe y virtud.

Aguerrido y valeroso, jamás pudo la impureza
hacer brecha en el castillo de su cuerpo virginal;
y en la lid que le entablara con sus artes y destreza
la serpiente venenosa, consiguió triunfo imortal.

Puso Dios en sus pupilas, transparencias de luceros,
en rostro peregrino, claro velo de candor;
mas jamás pudo el demonio mancillar sus reverberos
ni rasgar sublanca veste de pureza, luz y amor.

Fue su vida casto lirio de fragancias y ternezas
que exhaló perfumes suaves en su bella juventud;
y en las horas tormentosas de batallas y fierezas
llevó siempre entre sus manos, casto lirio de virtud.

Rubió fuerte y hechicera la voz dulce de sirena,
con anhelos de arrastralo por caminos de impureza;
junto a Dios luchó valiente con el ama toda llena
de fragancias de pureza, de energías y valor.

Quiso Dios desde los cielos, contemplar tal valentía
de más cerca, y coronarle por su triunfo sin igual
y entre nubes sonrosadas y graciosa sinfonía
descendió en forma de Niño, cual aurora boreal.

Su mansión, llena de lumbres, se trocó en gracioso cielo;
los celestes mensajeros le pusaron el laúd;
y Jesús, aspirar pudo las fragancia y el anhelo
que exhalaba San Antonio, de ser ángel de virtud.

¡Ángel bello de pureza! ¡Lirio casto de ternura!
San Antonio, desde entonces, para el joven siempre fue;
pues Jesús jugo en sus brazos aspirando sus dulzuras,
y ciñole diadema de candor, luz y de fe.

Hoy el niño le proclama por modelo de inocencia;
su vivir puro e inocencte se sostiene por su amor;
fue la ofrenda que hizo Antonio con dulzura y vehemencia
a los niños. En su muerte le cantaron con fervor.

Hoy el joven le venera por Patrón, doctor y guía.
San Antonio le regala casto lirio virginal,
y el niñito de Pureza, que con gracia y bizarría
he hará casto hasta que logre conquistar triunfo final.

Buscó Dios por los arcanos de su ardiente fantasía
un dechado de pureza, de inocencia y de virtud
y lo halló: fue san Antonio, que Doctor, Maestro y guía
lo presenta por modelo de niñez y juventud.