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Sinfónica lírica carcagentina

El P. Bernardino Rubert Candau, ofm presentó este trabajo bajo el lema "Azahares" y obtuvo el accesit a la Flor Natural.

Visión

El verso me llamó, latido apenas
en sereno resbalar de un salmo;
torné al recuerdo, vivo y palpitante
como el medroso corazón de un pájaro;
se me llenó el espíritu de brisas,
y todos mis sentidos se sahumaron,
y me hundí en el silencioo de las horas,
como en la espuma de la mar un barco.

Todo estaba ante mí recién vivido
como prendido de mi propia mano,
mota en el tiempo, nube en lontananza,
rumor de arroyo y vastedad de arcano...

Todo estaba ante mi cantando laudes
en la sonora soledad del campo...

Volví la vista atras... en el camino
aún estaban las huellas de mis pasos,
entre flores y espinas, polvo y nubes,
hacia la fuente de la luz andando...

El verso me llamo... con sus acentos,
la luz y el gozo en mi silencio entraron,
y echáronse a volar alegremente
los recuerdos huidizos y callados.
De pronto, tuvo el corazón su aurora,
y en cada sentimiento despertado
puso la vida su canción alegre
sobre el fugaz desfile de los años;
como sangre en la herida, como el ancho
rebullir de la espuma del torrente,
en el recuenco amoroso del remanso...

Y surgió la silueta peregrina
de CARCAGENTE que con tul y razo
envuelta, y desflorando dulces besos,
encendió los luceros de mi alma,
y me hizo sumergir en el arcano
de la beldad fulgente de sonrisas,
de hechizos y de lumbres y de encantos,
mientras el lirio de sus labios puros
exhaló de fragancias y de nardos,
la palabra que abrió el sendero recto
de CARCAGENTE desplegó amorosa
y me dijo, fulgores desplorando:

Canción

Canta... canta las gracias peregrinas
de esta florida y mágica Ribera,
en la que en lecho de esmeraldas y oro
mi ciudad perfumada, se recrea,
soñando en los encantos promorosos
que sólo mi ciudad tiene y ostenta;

Canta... canta... a la luz que aquí sonríe
y viste de primores y bellezas
los jardines, los campos, los caminos,
los azahares, naranjas y las huertas,
que al sentir los suspiros y los besos
que la luz sonriente les ofrenda,
le devuelven radiantes de teruras,
como de gratitud sentida nuestra,
rosas, frutos, perfumes, -maravillas
del amor- que gozosos se le entregan;

canta... canta a las ninfas rumorosas
que aquí tejen melódicos poemas,
cual tributo de amor, a la que es Madre
de AGUAS VIVAS, y de luz excelsa
el sonrís y la gracia perfumada
y de ternura y gozo dulce endecha,
canta... canta al perfume delicioso
que en alas perfumadas y hechiceras,
embalsama el ambiente y lo transforma
en graciosa y eterna primavera,
donde cantan los pájaros alados,
sin parar sus requiebros y sus penas,
y fluye la beldad, hecha armonía,
en los murmurios dulces de la vega,
y en el beso de linfas y cristales
que las aguas rientes siempre ofrendan.

Canta... canta a la albura inmaculada
que con velos de tules y de seda
me transforman en virgen pudorosa
que en tálamo de amor, feliz, sestea,
esperando los rizos de la aurora
del día más feliz -que siempre espera-
para llegar al pie del altar santo,
y su pecho ofrecer, en la gran fiesta,
de amores, de ternuras y de lumbres
de placer y de dicha, inmensa, eterna...

Canta... canta... mi cielo tachonado
de luceros, de soles y de estrellas,
que parecen pupilas invisibles
de querubines, que se abren y se cierran,
para admirar la luz de mis fulgores,
y prenderlos, del cielo, en la lata esfera,
y tejer con sus brillos, e hilos de oro,
de mis lumbres el sin par poema.

Canta... canta... mis glorias imantadas
de heroísmo, valor y de grandeza,
que llevaron mi nombre por el mundo,
cual trofeo de honor y de excelencia,
y que abrió panoramas infinitos,
y rutas explendentes; claras sendas
y caminos radiantes de esplendores,
por donde mi beldad aún hoy se ostenta,
robando amores, mágicas dulzuras,
carismas, simpatías y ternezas.

Canta... canta a la gloria de las glorias
que mi ciudad gozosa le presenta
y como del saber, ardiente hoguera,
que en los vergeles que a mis pies florecen,
y que en las gracias fúlgidas y bellas
que transforman en lindo paraíso
la ciudad más galante de Valencia,
se levanta cual nido de ambrosías,
de ruiseñores, trovas y de endechas,
el Colegio de Antonio, el Paduano,
el florón más brillante en la diadema,
que mis hijos labraron con su fe,
y con amor, mi frente aun ostenta.

Canta... canta... al colegio franciscano
que, cual timbre de honor y cual emblema,
en la cumbre gloriosa de su historia,
que Antonio el Paduano le legara,
para que de jueventudes siempre fuera
aroma perfumada y exquisita,
fragancia de virtud y de inocencia,
de castidad, de gracia y de pureza,
el remedio eficaz y poderoso
de los males qu al mundo nuesro aterran.

Canta... canta... y arranca de tu lira
peregrinas estrofas de belleza
del Colegio Antoniano, que se eleva
cual firme baluarte y santuario
de amor y de virtud, de fe y de ciencia,
en el seno fragante y primoroso
de mi ciudad, que a todos lo presenta,
en sus BODAS DE PLATA brillantísimas,
como dechado y luminoso emblema,
de lo que soy capa de dar al mundo,
en medio de mis sombras y tinieblas,
un faro luminoso que le alumbre
y le conduzca a la región eterna.
Un colegio, el de Antonio, que aquí brilla,
y a Carcagente a la piedad le lleva.

Canta... canta... al Colegio Franciscano:
de mis glorias, es él, la más excelsa;
es el lirio más lindo y perfumado,
que en mis bellos jardines se cimbrea;
es la rosa encendida y aromada
que fragancias exhala más intensas;
es la luz más radiante y peregrina
que aleja el error, las sombras negras;
es la fuente que canta más graciosa
cuando mana sus AGUAS, VIVAS, tersas;
es la perla más fúlgida y brillante
que expande su fulgor en mi diadema;
es de todos mis bienes y mis glorias
el resumen, la suma más excelsa.

Canta... canta con trovas inmortales
a mi COLEGIO: Cántale, poeta.

Colofón

CARCAGENTE plegó sus labios puros;
y al resbalar sus mágicas palabras
sobre el vergel florido de mi pecho,
que sintió la emoción y la mostalgia,
abriendo los capullos temblorosos
de mis sueños, sonrisas y mis gracias,
quise arrancar las notas melodiosas
que en las cuerdas de marpa decansaban,
y no pude lorar dulce sonido,
ni un roce, ni un suspiro, ni una lágrima...

La CANCIÓN fue tan linda y placentera,
engarzó en sus cadencias tales gracias,
puso en ella ternuras y temblores,
de tanta dulcedumbre, as destrenzarla
CARCAGENTE, con mimos y con arte,
que las cuerdas graciosas de mi arpa
se rompieron, lanzando sus suspiros,
sus lloros, sus endechas y baladas.

La CANCIÓN agradecida y hechicera
CARCAGENTE la trenzó enamorada;
y el poeta añadió una sola nota:
la emoción y el sentir de toda su alma,
que escuchó tembloroso la CANCIÓN
que aquí resuena llena de nostalias
en el el día solemne de su BODAS
DE PLATA que el colegio celebraba.

Octubre 1948