Canta... canta las gracias peregrinas
de esta florida y mágica Ribera,
en la que en lecho de esmeraldas y oro
mi ciudad perfumada, se recrea,
soñando en los encantos promorosos
que sólo mi ciudad tiene y ostenta;
Canta... canta... a la luz que aquí sonríe
y viste de primores y bellezas
los jardines, los campos, los caminos,
los azahares, naranjas y las huertas,
que al sentir los suspiros y los besos
que la luz sonriente les ofrenda,
le devuelven radiantes de teruras,
como de gratitud sentida nuestra,
rosas, frutos, perfumes, -maravillas
del amor- que gozosos se le entregan;
canta... canta a las ninfas rumorosas
que aquí tejen melódicos poemas,
cual tributo de amor, a la que es Madre
de AGUAS VIVAS, y de luz excelsa
el sonrís y la gracia perfumada
y de ternura y gozo dulce endecha,
canta... canta al perfume delicioso
que en alas perfumadas y hechiceras,
embalsama el ambiente y lo transforma
en graciosa y eterna primavera,
donde cantan los pájaros alados,
sin parar sus requiebros y sus penas,
y fluye la beldad, hecha armonía,
en los murmurios dulces de la vega,
y en el beso de linfas y cristales
que las aguas rientes siempre ofrendan.
Canta... canta a la albura inmaculada
que con velos de tules y de seda
me transforman en virgen pudorosa
que en tálamo de amor, feliz, sestea,
esperando los rizos de la aurora
del día más feliz -que siempre espera-
para llegar al pie del altar santo,
y su pecho ofrecer, en la gran fiesta,
de amores, de ternuras y de lumbres
de placer y de dicha, inmensa, eterna...
Canta... canta... mi cielo tachonado
de luceros, de soles y de estrellas,
que parecen pupilas invisibles
de querubines, que se abren y se cierran,
para admirar la luz de mis fulgores,
y prenderlos, del cielo, en la lata esfera,
y tejer con sus brillos, e hilos de oro,
de mis lumbres el sin par poema.
Canta... canta... mis glorias imantadas
de heroísmo, valor y de grandeza,
que llevaron mi nombre por el mundo,
cual trofeo de honor y de excelencia,
y que abrió panoramas infinitos,
y rutas explendentes; claras sendas
y caminos radiantes de esplendores,
por donde mi beldad aún hoy se ostenta,
robando amores, mágicas dulzuras,
carismas, simpatías y ternezas.
Canta... canta a la gloria de las glorias
que mi ciudad gozosa le presenta
y como del saber, ardiente hoguera,
que en los vergeles que a mis pies florecen,
y que en las gracias fúlgidas y bellas
que transforman en lindo paraíso
la ciudad más galante de Valencia,
se levanta cual nido de ambrosías,
de ruiseñores, trovas y de endechas,
el Colegio de Antonio, el Paduano,
el florón más brillante en la diadema,
que mis hijos labraron con su fe,
y con amor, mi frente aun ostenta.
Canta... canta... al colegio franciscano
que, cual timbre de honor y cual emblema,
en la cumbre gloriosa de su historia,
que Antonio el Paduano le legara,
para que de jueventudes siempre fuera
aroma perfumada y exquisita,
fragancia de virtud y de inocencia,
de castidad, de gracia y de pureza,
el remedio eficaz y poderoso
de los males qu al mundo nuesro aterran.
Canta... canta... y arranca de tu lira
peregrinas estrofas de belleza
del Colegio Antoniano, que se eleva
cual firme baluarte y santuario
de amor y de virtud, de fe y de ciencia,
en el seno fragante y primoroso
de mi ciudad, que a todos lo presenta,
en sus BODAS DE PLATA brillantísimas,
como dechado y luminoso emblema,
de lo que soy capa de dar al mundo,
en medio de mis sombras y tinieblas,
un faro luminoso que le alumbre
y le conduzca a la región eterna.
Un colegio, el de Antonio, que aquí brilla,
y a Carcagente a la piedad le lleva.
Canta... canta... al Colegio Franciscano:
de mis glorias, es él, la más excelsa;
es el lirio más lindo y perfumado,
que en mis bellos jardines se cimbrea;
es la rosa encendida y aromada
que fragancias exhala más intensas;
es la luz más radiante y peregrina
que aleja el error, las sombras negras;
es la fuente que canta más graciosa
cuando mana sus AGUAS, VIVAS, tersas;
es la perla más fúlgida y brillante
que expande su fulgor en mi diadema;
es de todos mis bienes y mis glorias
el resumen, la suma más excelsa.
Canta... canta con trovas inmortales
a mi COLEGIO: Cántale, poeta.
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