Portada > Del Colegio >
Curso 39-40
Supongo que han pensado que es una broma: nada más terminar la guerra civil española no es posible que se pueda hablar de un curso normal. El edificio se encontraba quemado y destinado a otras finalidades también urgentes en ese momento de posguerra. Todo eso se explica en otras partes de esta web. Aquí hacemos la transcripción literal de los libros conventuales sin ningún comentario.
Indice
1. Crónica del convento: Dedicatoria
2. Época de la fundación de la iglesia y convento de San Francisco de Carcagente.
3. Vuelven los frailes tras la guerra del 1936-39.
4. Miembros de la comunidad franciscana en los años 39-40
5. Documentos referentes a los primeros momentos tras la Guerra civil
Crónica del convento
de los frailes menores de la ciudad de Carcagente en la que se consignan las evoluciones por que ha pasado y principales acontecimientos hasta la fecha y las que irán sucediendo de hoy en adelante, para que sirvan de faro y norma a los que vinieren a morar en esta casa; pues de no anotarlo como conviene, se obra a veces con incertidumbre, y esto origina al que a cada paso, se cambian con facilidad los actos de culto y costumbres adoptadas y consignadas en nuestra regla y constituciones; cosa que debe mirarse muchísimo; pues la falta de fijeza resulta en desdoro y abre camino al menosprecio de los que lo observan, pues el orden y regularidad deben ser el principal ornato de toda comunidad religiosa que se precie de reformada y observante.
Consúltese esta crónica siempre que se dude de cómo se procedió en casos análogos al que se trata de organizar, que para este fin se emprende este trabajo, no para que sea relegado al olvido.
Dedicatoria
Costumbre es que, cuando se escribe algo para utilidad del público, se dedique ese trabajo para algún personaje de alta dignidad, o al menos que merezca el precio y amor delante de aquella obra.
Siendo esto así ¿a quién sino a vos, amantísimo Jesús, debo yo dedicar este pequeño e insignificante trabajillo que me encargan los superiores y que acepto con mucho gusto, pues, con ello cumplo vuestra divina voluntad? Vos, pues seréis el faro que ilumine mi pobre inteligencia para que acierte a cumplir debidamente el precepto que la obediencia me impone y que acepto confiando en vuestra ayuda. Y tendréis que concedérmela, puesto que te la pido por intercesión de nuestra Madre Inmaculada, que lo es también mía, por intercesión del Patriarca san José, patrono de la Provincia Seráfica de Valencia y por intercesión del Serafín llagado, nuestro Padre San Francisco. No me lo podréis negar. Si de ello resulta algo bueno, a vos lo refiero y quiero que sea para nuestra mayor gloria. Los defectos quedarán para este pobre religioso que tan poco vale. Contando con tu gracia lo emprenderé. Ella me será propicia. Amén.
Época de la fundación de la iglesia y convento de nuestro seráfico Padre San Francisco de la ciudad de Carcagente,
según la crónica escrita por el ilustrado sacerdote D. Francisco Fogués, archivero municipal de la misma villa, vilmente asesinado por las hordas salvajes de los comunistas rojos en 1936 (RIP) y que traslado literalmente. Dice así:
Con la autorización y bendición dada por el Beato Juan de Ribera en Burjasot en 1602 y a petición del Justicia y Jurados, que regalaron el terreno necesario para ello, comenzó a construirse este convento de religiosos franciscanos en la mencionada fecha, posesionándose del mismo el año siguiente.
Los religiosos, mientras duraron las obras, se acomodaron en el Hospital de peregrinos que existía en el punto donde está ahora el convento de dominicas. Se construyó de limosnas recaudadas por la población y fue tal el interés que tomaron en esta obra que en el primer día se recogieron para este fin 1.800 libras.
Por el tiempo en que se levantó este edificio hallábanse despoblados sus alrededores, ya que la población tan solo llegaba hasta el final de la calle de Julián Ribera.
Este convento tiene claustro alto y bajo, y sus celdas estaban en el piso superior. Cerca de la sacristía se hallaba el refectorio y la cocina, y tras la iglesia hasta la calle dels Díes estaba emplazado el huerto del que cosechaba la comunidad legumbres y verduras.
La plazoleta, que existe en la actualidad, frente a la iglesia, estaba adornada con árboles y bancos; había una avenía sombreada por cipreses y naranjos, naranjos que fueron plantados cien años antes de que el párroco Monzó estableciera el primer huerto. A esta plazoleta la llamaban los religiosos “el compás”. Había un largo banco a ambos de la avenida que corría hasta la entrada sombreada por los naranjos. Había también una balsa y varias palmeras que deslindaban el fuertecito del adjunto camino de la Montaña y un Via-Crucis con sus correspondientes estaciones de piedra.
[prosigue en la pág 3 del libro conventual en el apartado de crónica]Este convento era casa de estudios y en él había Lector Maestro y 36 religiosos. En el año 1721 se estableció en el mismo una cátedra de teología.
Los retablos de su iglesia fueron costeados la mayor parte por los Nogueras de la población, siendo dignos de visitarse los laterales del presbiterio por las filigranas que encierran en sus altos relieves. En dicha iglesia se guardaba el cuerpo de Fr. Nicolás Matoses, gran siervo de Dios y de admirable penitencia, de cuyas virtudes y milagros se hizo información el año 1649.
En paz y tranquilidad moraban los buenos religiosos ocupados en sus estudios y atendiendo a los carcagentinos en sus ministerios espirituales de confesonario y predicación, como también en la instrucción de la juventud en sus aulas, cuando les sorprendió la terrible revolución del año 34 del siglo XIX que dio lugar a la general exclaustración de todos los religiosos de nuestra amada Patria. Y aquí conviene hacer lago de historia, dando una ojeada retrospectiva, para averiguar cómo se fue fraguando y preparando tan terrible hecatombe en nuestra siempre católica nación española.
Cualquiera que haya estudiado algo nuestra historia contemporánea habrá caído en la cuenta de cómo a partir de la Revolución Francesa, ocurrida en el último tercio del siglo XVIII, que tantos estragos ocasionó a nuestra nación vecina, la masonería y el liberalismo tomaron carta de naturaleza y fueron penetrando en nuestra Patria de una manera alarmante, lo cual ocasionó la pérdida de la mayor parte de nuestras colonias de América; la traidora ocupación de España por Napoleón, lo cual resultó muy caro, pues al darse cuenta los españoles, se levantaron contra el invasor y después de seis años de lucha titánica, lograron victoriosos su independencia. Bien es verdad que D. Fernando VII tan amado de los españoles al volver de su destierro de Francia, desde Valencia abolió la Constitución tan liberal de Cádiz; pero antes de morir en el año 33 ya habían logrado los malditos liberales hacer que la aprobara. Al morir este monarca, nos dejó en el trono a su desgraciada esposa D. María Cristina y esto dio motivo a que estallara la guerra Carlista que duró siete años.[Pág 4]
Apenas hubo muerto D. Fernando el año 33 se presentó en Madrid la terrible epidemia del cólera y los masones aprovecharon aquella coincidencia y propalaron la calumniosa y falsa noticia de que los frailes habían envenenado las aguas potables, y lograron con ello sublevar al pueblo que, ebrio de furor contra los religiosos, asaltó el convento de San Francisco el Grande, de de San Gil el Real y otros, los saquearon y degollaron a sus moradores. ¡Qué vergüenza! Pecado de sangre lo llama Menéndez y Pelayo, que aún pesa sobre nuestra amada patria del cual sufrimos sus fatales consecuencias. Aconteció esto durante el reinado de Dª Mª Cristina de Borbón siendo presidente del Ministerio Martínez de la Rosa, año 1834. Sucedió a este desgraciado ministro, como presidente, el conde de Toreno que expulsó a los jesuitas y cerró muchos conventos, y a éste sucedió el ministro de triste memoria Mendizábal, que para acallar a los masones y liberales que alborotaban al pueblo, les prometió prosperidad, riquezas y mucha libertad. Para ello, vendió los bienes de la Iglesia por nada, por lo que quisieran dar. A Mendizábal reemplazó José Mª Calatrava, diputado que fue de las Cortes de Cádiz, y luego otros tres que fueron acentuando la nota anticlerical, suprimiendo conventos, confiscando la dotación de los obispos, y prohibiéndoles dar Órdenes, so pena de destierro. Convocó Calatrava Cortes para formar una Constitución, y en los debates que hubo, se dijeron muchas herejías al hablar del Papa y de la Iglesia, sin embargo, establece esta constitución la obligación que tiene el Estado de mantener el culto y los Ministros de la Iglesia Católica que profesan los españoles.
Dice la historia que tanto anticleralismo ofendió los sentimientos cristianos de la mayor parte de los españoles y, debido a ello, se formó un partido de ideas más moderadas presidido por el Conde de Ofelia que triunfó en las elecciones.
Lo cierto es que en esta fecha quedaron los conventos abandonados y sus moradores dispersos; pero, poco a poco fueron los pobres religiosos reanimándose y la manera que les era posible iban reintegrándose a sus casas e iglesias para dedicarse al ejercicio del culto y trabajar en beneficio de los fieles en el púlpito y en el confesonario, y concretándonos ya de una manera especial a nuestro convento e iglesia de San Francisco, nos consta que algunos hijos de Carcagente de los exclaustrados abrieron la iglesia, cuidaron el culto, reanimaron la Tercera Orden, cuidando ya desde entonces de celebrar solemnemente el Quinario como preparación a la fiesta del Seráfico Patriarca San Francisco.
[Pag. 5]
Haremos mención de algunos de ellos, aunque sean pocos, pues carecemos de libros que nos faciliten sus nombres y sólo contamos con la tradición y buena voluntad de los buenos carcagentinos que, viviendo cercanos a la referida iglesia, trataron con algunos de ellos, o al menos tienen noticias por referencia de sus antepasados.
¿Qué hijo de Carcagente no conoció, o al menos, no ha oído hablar del P. Dionisio Fabregat, conocido más bien por el Padre Letor? Dicen que era muy sencillo y candoroso; que vestía con algo de extravagancia, con su sombrero de copa y paletón de dómine. Sus sermones dicen que eran familiares y adornados de dichos jocosos, que alegraban a los oyentes. ¿Y sus advertencias a los fieles? Aún se celebran con hilaridad las maneras de advertir a las señoras que no hicieran ruido al sentarse y levantarse de las sillas. Solía decir que si rec, rec, aixina es fa. A vore quina fará més roido. Y cuando salían a la colecta en el platet, cuando oía el golpecito que hacía el marroquet, decía con mucha gracia, si total un dineret, y el Pare Letor que fasa bones festes en sant Francés. El público celebraba con hilaridad esas extravagancias, sin escandalizarse, pues conocían muy a fondo su sencillez. Murió el buen Padre Letor el año 1892 dejando a la posteridad un buen recuerdo muy grato. Dios le tenga en su gloria. También actuaron en la referida iglesia los padres Cortés y el P. Pascual y otros padres hijos de Carcagente. Repito: siento mucho no encontrar consignados sus nombres.
Quedó pues esta iglesia sujeta a la mitra y en ella se estableció una coadjutoría filial de la parroquia que regentaron varios sacerdotes y cuidaron del culto y del Tercera Orden, mas el pueblo de Carcagente, franciscano por antonomasia, no estaba satisfecho al ver ya tantos conventos abiertos y habitados por religiosos franciscanos, comenzase a trabajar y buscar por todos los medios posibles, la manera de poder conseguir el que la Orden franciscana volviese a su antigua morada de la ciudad de Carcagente. Y aquí hay que consignar de qué medios se sirvió la Divina Providencia para que resultara una realidad lo que tanto deseaba.
[ Pág 6.]
Como se realizó la fundación y vuelta de los religiosos de San Francisco a la ciudad de Carcagente.
En primer lugar quiero que conste el nombre del Sr. Melchor Picot, por considerarlo como el elegido por Dios para llevar a cabo la realización de la obra que fue siempre el anhelo del referido Sr. Melchor y el sueño dorado de los superiores de la Seráfica Provincia de Valencia, la fundación de Carcagente.Este buen Sr. Melchor era nuestro hermano de cartilla y en su casa se hospedaban los religiosos que venían a predicar el Quinario preparatorio para la celebración de la fiesta de nuestro Santo Patriarca. ¡Había que ver con qué solicitud los cuidaba y obsequiaba! Y su buena esposa Mª Antonia era para los frailes una verdadera madre. Todo le parecía poco cuando se trataba de obsequiar a sus amados huéspedes.
Solía este nuestro insigne bienhechor visitar con frecuencia nuestro histórico convento de Sancti Spiritus del Monte, sobre todo cuando sabía que había visita de los Superiores Generales de la Orden, y esto siempre lo hacía con el mismo fin, por ver si podía alcanzar de ellos la gracia tan anhelada, su sueño dorado, la fundación de Carcagente. Su fe era inquebrantable y su esperanza sin límites.
Una vez, para probarle, me tomé la libertad de reconvenirle y le dije: pero usted, D. Melchor, ¿no se desengaña nunca? Contestación categórica y enérgica al canto: No, P. Bernardo, no. Ustedes vendrán a Carcagente ¡No faltaba más! Y no pudiendo verlo realizado en vida, al tiempo de morir, ¿sabéis lo que hizo? Dejarnos en testamento un campo muy próximo a la población para allí realizar la fundación, que sin duda se hubiera realizado su ardiente deseo. Pero aconteció el año 1912 la muerte de otro insigne bienhechor, D. Agustín García Oquendo, que nos legó su casa solariega y algunas rentas para que nosotros los franciscanos nos encargásemos de la educación de los jóvenes de Carcagente.
[Pág 7.]
Tomó por su cuenta la realización de este proyecto el activo e incansable P. Francisco Ferrer que en breve tiempo modificó la casa convirtiéndola en lo que hoy llamamos Colegio de San Antonio de Papua, quedando abierta al público el año 1923.
En el año 1926, debido al ardoroso celo de nuestro amado P. Ferrer, se celebró con inusitada pompa el VII centenario de la muerte de nuestro seráfico P. San Francisco. Ofició dichas fiestas de pontifical el Ilmo. Sr. Obispo de Segorbe, P. Luís Amigó. Hubo una misa de campaña en el Paseo. Asistieron las autoridades de Valencia. El regimiento de Otumba. Se organizó una artística cabalgata con hermosísimas carrozas, y como coronación de las fiestas tuvo lugar la solemnísima procesión a la que asistieron todas las autoridades y pueblo en masa. Loado sea Dios por todo ello.
En esta misma fecha, año 1926, estaba también terminado el precioso salón de actos del colegio en el que se han venido celebrando muchas veladas literarias y musicales para recreación de los colegiales y familias de los mismos, como también dramitas morales para entretener a la juventud y apartarla de centros inmorales y peligrosos.En este colegio se estableció una escuela de primera enseñanza graduada, y también se daban lecciones de algunas asignaturas de estudios mayores, idiomas y contabilidad.
En su capilla, a pesar de reunir malas condiciones, por estar junto a la vía pública, se celebraban con bastante esplendor las funciones principales del culto católico. El mes de María, el mes del Sagrado Corazón de Jesús, el mes del Rosario y el mes de N. P. S. Francisco, el mes de las benditas almas del purgatorio. Además se hacían los siete domingos de San José, los 13 martes de San Antonio. Y finalmente, la tiernísima devoción de las benditas jornaditas, como preparación al Nacimiento del Niño Jesús.
Se instaló el cepillo del Pan de San Antonio para los pobres que, gracias al celo e interés que en ello tomó nuestro buen hermano lego Fr. Maseo Company, portero del Colegio que murió en Moncada, su pueblo natal, vísperas de la liberación, se remediaba la necesidad de innumerables pobres que acudían todos los martes a oír la Santa Misa y recoger los panecillos. El día de la fiesta de San Antonio se les obsequiaba con un bollo de chocolate, una peseta y alguna cosita más. Todas las semanas se invertían alrededor de 125 ptas para comprar el pan que se necesitaba. Esperamos confiados poder establecer cuanto antes sea posible esta caritativa costumbre tan propia del espíritu franciscano que debe reinar en nuestros conventos.
[ pág. 8.]
La ciudad de Carcagente muy complacida y agradecida al mismo tiempo por la labor desarrollada por los incansables profesores del colegio, pero ¿por qué no decirlo? Si faltaba algo para llenar las aspiraciones de su corazón formado según el espíritu franciscano. Querían ver a sus amados frailes en posesión de su amada iglesia de san Francisco, y por fin sonó la hora tan deseada por todos, en la que el Exmo. Sr. Arzobispo de Valencia Dr. D. Prudencio Melo Alcalde, graciosamente entregó las llaves para que en dicha iglesia trabajásemos y le ayudásemos en la santificación de los carcagentinos, en especial de los que viven alrededor del convento de San Francisco y calle de san Antonio y adyacentes a ella.
Tuvo lugar esta toma de posesión, creo que fue o el último domingo de febrero de 1931 o el primero de marzo por la tarde con muchísima solemnidad. Acudió la Rvda. Comunidad y Venerable Orden Tercera a la parroquia llevando en andas la imagen del seráfico Padre nuestro san Francisco. Se organizó la procesión presidido por el Rvdo. Sr. Cura D. Salvador Faus y todo el clero, la comunidad y autoridades todas. Acudió el pueblo en masa lleno de emoción, y al llegar a la iglesia, subió inmediatamente al púlpito el Rvdo. Sr. Cura y dio lectura del documento que acreditaba la voluntad del Prelado, lo que se recibió por el numeroso concurso con grandísima alegría y aplausos. Luego subió al púlpito el P. Guardián, P. Benjamín Reig, vilmente asesinado el año 1936 por los malvados comunistas rojos (QGH) que, emocionado, dirigió al público una arenga muy sentida dando las gracias a todos y ofreciéndose el y la comunidad al servicio de la franciscana ciudad de Carcagente. Se cantó un solemne Te Deum en acción de gracias y los gozos del Seráfico P. San Francisco y con ello se dio por terminado la función dándose muchos vítores y aplaudiendo con verdadero entusiasmo.
[ pag. 9]
¡Qué poco duró aquella alegría! Dos meses después, con motivo de haberse implantado la república, tuvimos que abandonar nuestra morada y cerrar la iglesia de san Francisco. Recibimos la orden de parte del Sr. Alcalde de retirarnos a casas de nuestra confianza por tres o cuatro días, tomamos la precaución de retirar los enseres de la casa e iglesia y capilla, a lo que nos ayudaron algunos buenos carcagentinos, abriéndonos generosos sus casas para depositar las imágenes y demás cosas en ellas(*), y cooperando valerosamente a realizar esta obra de manera que, con entera paz, se realizó el traslado de todos los objetos entregando las llaves al Sr. Alcalde que prometió apoyarnos y dio palabra de que, pasados unos días, volveríamos a nuestra morada. Promesa que no fue cumplida, pues nos costó mucho trabajo arrancarle las llaves que nos devolvió pasados seis meses, y para ello, tuvieron que mediar muchas personas influyentes. Con gran sentimiento de los hijos de Carcagente tuvimos que salir y refugiarnos en casa de nuestro parientes hasta primeros de noviembre del 1931 que volvimos a reintegrarnos al convento, donde moramos con relativa tranquilidad, hasta el día 13 de mayo del 1936, día tristemente memorable, en el que nos incendiaron la casa y capilla y volvimos a retirarnos a otros conventos o a nuestras casas, hasta que, gracias sean dadas a Dios y al valeroso caudillo Franco, vino la liberación y la paz, después de casi cuatro años de la más espantosa anarquía en que se convirtieron los más horribles crímenes y sacrilegios.
Debo hacer constar aquí, para satisfacción de la ciudad de Carcagente, que, gracias sean dadas a Dios, fuimos respetados en nuestras personas, nadie nos atropelló ni maltrató, y pacíficamente nos despedimos, con gran sentimiento de los buenos carcagentinos que nos albergaron caritativamente en sus casas y nos facilitaron lo necesario para el viaje. Dios se lo premiará todo en el cielo.
Mucho tuvo que sufrir Carcagente durante la dominación roja, pues se cuentan por muchos centenares las víctimas que hubo de ambos sexos: lo más piadoso y honrado de la ciudad, que tenemos en el cielo empuñando la palma del martirio. Nos unimos al justo sentimiento de sus familias, y a los caídos les pedimos que rueguen al Señor por nosotros para que nos conceda la dicha de acompañarles a la gloria.(*) Nos asegura una persona, que no quiere digamos su nombre, que su madre era muy católica y su padre, republicano. Y fray Maseo Company, el año 1931, al ver la persecución a la iglesia que se avecinaba, fue llevando las imágenes de la iglesia a casa de esas personas, esperando que la fama de republicano del padre no levantara sospechas de que se guardaban allí. También entregó las escrituras del colegio que luego facilitaron la recuperación del edificio tras la guerra civil.
