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Fiesta de la Candelaria

1 febrero de 2012. Por motivos de organización se tuvo que celebrar esta fiesta un día antes. Creo que fue porque el Hno Juan Carlos se tenía que ocupar mañana de celebrarla en algún otro colegio. Además hoy es un día en que viene aquí el Hno José Manuel Sanchis a dar clases (vive en Valencia y viene al colegio los miércoles y los viernes).

La celebramos en el patio que nos da más espacio. Es cierto que comenzaba a enfriarse un poco el día, pero nada que ver con lo que nos están anunciando para los días próximos, con temperaturas y vientos siberianos.

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Dos niños representando a José y a María, trajeron en brazos al Niño Jesús y lo depositaron sobre una mesa para que presidiera toda la celebración. En la misma mesa había una bandeja con las candelas que luego se repartirían. Y un acetre (ese bote que tiene agua bendita) y un hisopo (el utensilio que se utiliza para mojar con agua bendita, sea de metal o unas ramitas), que todo tiene su nombre y tiene que recordarse alguna vez. En una mesita más retirada a la derecha estaban preparados unos cirios encendidos que luego trajeron a la mesa cada pareja que presentaban una oración.

Una alumna nos dirigió unas palabras de presentación. Esta fiesta se celebraba entre los judíos a los 40 días del nacimiento de un niño (contad y veréis que estamos a 40 días de Navidad, fecha del cumpleaños del Niño Jesús). Los judíos lo hacían para agradecer a Dios que, en aquella plaga de Egipto que mató a los primogénitos de los egipcios no muriesen los niños mayores de los judíos. Y rescataban al hijo entregando un animal, un novillo o un cordero. Bueno, los pobres con dos tórtolas o dos palomas cumplían.

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Y el Hno José Manuel proclamó el evangelio en que se nos cuenta todo esto. Y luego el Hno Juan Carlos, con todos los problemas de los micros que usan muchos y tocan todos, nos explicó que Cristo es la luz que nos ilumina. Lo decía ese anciano que sale en el evangelio: Ya me puedo morir porque ya he visto al Salvador, luz para alumbrar a las naciones.

Jesús es la luz que nos permite "ver" por dónde vamos, lo que tenemos que hacer, lo que está bien y lo que está mal. Que siempre hay un Adán, con su Eva si es preciso, que quiere probar la fruta del árbol del "bien y del mal" y decirnos lo que es bueno o no lo es. Y los políticos son muy adanes. Y los periodistas. Y la televisión. Y los pedagogos... Todos quieren apagar esa luz que es Cristo y alumbrarnos a su modo.

Y luego muchos grupos de dos alumnos se acercaban al micro renqueante y uno de ellos le dirigía al Señor una petición al tiempo que el otro, que había tomado uno de los cirios encendidos lo depositaba junto a la imagen del Niño Jesús, como diciéndole: aquí te dejo la petición, mira qué puedes hacer.

Tras los alumnos se acercaron también los profesores y los padres de alumnos. Y siempre con su petición y un recadito al Niño, para que no se olvide...

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Todos los textos que se leyeron en esta celebración han sido incorporados como pie de las fotos de la celebración que figuran en esta web.

Cuando salimos se nos dio la pequeña vela, la candelita. Para que la encendamos un día que estemos en casa haciendo oración. O un día que preparamos un examen difícil, para que veamos las cosas a la luz que es Cristo. O nos reunamos en casa alrededor de la mesa toda la familia y queremos que sea Jesús quien presida. Ya sé, es muy pequeña y se va a gastar en seguida. Con tanta luz que necesitamos...

Jornada mundial de la Vida Consagrada

Centremos ahora nuestra mirada en los religiosos y religiosas, aprovechando la festividad de la Presentación de Jesús en el Templo, fecha en que tiene lugar la Jornada Mundial de la Vida Consagrada cuyo lema de este año es: “Ven y Sígueme” (Mc 10,21).

La vida religiosa en todas sus formas tiene estrecha relación con la Palabra de Dios, detrás de una monja, fraile, religiosa, religioso, consagrado está un dicho o hecho de Jesús que cautivó al fundador de esa Orden y dio como consecuencia el nacimiento de una nueva familia de consagrados para el bien de la edificación de la Iglesia y de su misión evangelizadora en el mundo.

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La presencia de los religiosos entre los hombres representa la geografía de la oración, del apostolado, de la caridad. Todo ello vivido según los consejos evangélicos en fraternidad cristiana, sometidos a sus propios superiores y en comunión con los sucesores de los apóstoles. La Iglesia no puede prescindir de este gran tesoro de fidelidad a Dios y de servicio a los más necesitados. El pueblo cristiano actual ha de despertar de su adormecimiento y tomar mayor conciencia de cooperación en el resurgimiento vocacional para extender el Reino de Dios y su Justicia (cf. Mt 6,33).

Entrar hoy en “religión”, como se decía antiguamente, es remar contracorriente. Es para gente muy centrada en lo esencial de la fe, que no desea someterse al pensamiento único, que no se conforma con el hedonismo placentero dominante, que tienen muy claro que los pobres no son artículos de modas ideológicas, que han descubierto a la Iglesia como el mayor espacio de libertad personal y comunitario, que se han enamorado apasionadamente de la forma de vivir el Evangelio de un fundador, en nuestro caso, de San Francisco de Asís.

Ser religioso o religiosa es optar por una forma de vida que no se cotiza, que no tiene aplausos, en la que no hay seguridades. Sin embargo, es la manera más bella de vivir la vida “escondida en Cristo” (Col 3,3), de ser “sal y luz del mundo” (Mt 5,13-16), de encarnar el espíritu de las Bienaventuranzas. Hay que alejar esa idea de que los curas, frailes y monjas son “especies en vía de extinción”. Dios no abandona a su Iglesia y cuando parece agotarse las aguas del pozo eclesial de Europa, surgen abundantes vocaciones en países de otros continentes.

Cuando un carisma se apaga, brotan otras formas de vida consagrada. Aún entre nosotros, a pesar del problema demográfico en occidente y de la crisis de fe, hay algunos jóvenes que con la gracia de Dios rompen con los esquemas establecidos y entran en una orden, congregación o instituto secular. Todavía tenemos madres y padres cristianos que se alegran cuando una hija o hijo se van a un convento o a misiones. ¡No está tan seco el hontanar de nuestras comunidades cristianas! Podemos estar tan obsesionados por el número y la suplencia en los diversos servicios y no dar gracias al Señor por ese gran testimonio de fidelidad que hoy representan tantos y tantas religiosos que mueren sin haber “mirado atrás” (Lc 9,62).

Ahí tenemos, el gran ejemplo de humildad y anonadamiento que en estos momentos supone aceptar la realidad dolorosa de cerrar casas y reestructurar las provincias. ¡Dios también está hablando en ese empobrecimiento institucional!

Y por último, los testimonios del servicio a los pobres, ancianos, enfermos, niños, y jóvenes, cuando el otoño de la existencia toca a retirada, ellos y ellas están allí hasta que llegue la “hermana muerte”, que en no pocos casos tienen el nombre de martirio.

En fin, son nuevos tiempos con grandes desafíos. No tenemos fórmulas mágicas, no debemos caer en pesimismo contagioso, ni alentar espejismos triunfalistas. Sólo la fe en Dios nos hace ver que sigue habiendo “mas trigo que cizaña”, más santidad que pecado en la Iglesia.

[Zenit, ¿Qué sería de nosotros sin la vida consagrada?]

Arròs en fesols i naps

Per l'horta, tocant migdia,
plens d'infantil alegria,
ditxosos y satisfets,
tornaven a l'alqueria
dos pobres fematerets.

L'un i l'altre, a l'escoltar
les dotze, que en so de queixa
els cridaven a la llar,
tingueren una mateixa
idea: la de dinar.

Lo més menut, que li guanya
a l'altre que l'acompanya
en vivor, li diguè així:
—"Si fores el Rei d'Espanya,
¿què dinaries tu avui?"

Alçant lo front ple d'arraps,
i soltant la llengua prompta,
li contestà: —"¿Pués, no ho saps?
¡Quina pregunta més tonta!...
Arrós en fesols i naps".

"¿I tu?" —afegí lo major.
Lo menut llançà un suspir,
i torcan-se la suor,
li replicà: —"¿Què he de dir,
si tu has dit ja lo millor?"

Teodor Llorente.